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Análisis 2019 y previsiones draft 2020: Wide-Receivers

Ciertamente, estuve dudando mucho acerca de hacer o no la aproximación al draft para esta posición. En mi opinión, estamos suficientemente servidos en la misma, al menos para 2020. Sin embargo, la cantidad de rumores aparecidos que apuntan a la elección de un widereceiver en rondas altas, nos instan a tener que hacer una revisión más detenida.

Resumen 2019

Sin duda alguna, lo mejor que nos dejó 2019 en el apartado de wide-receivers fueron las espectaculares recepciones de Auden Tate (foto de Sam Greene para Cincinnati.com)

 

La contratación de Taylor hacía presagiar una decidida apuesta ofensiva, donde nuestros receptores iban a tener un gran protagonismo. El personal 11 (es decir, 1 RB y 1 TE, por tanto, 3 WR) sería nuestra formación base, y había por tanto mucho interés, sobre todo, por comprobar si Ross podría rendir como se esperaba de una primera ronda. Pero no adelantemos acontecimientos.

En primer lugar se mantuvo a Bicknell como entrenador de posición. Una decisión acertada, porque en mi opinión me parece un excelente técnico. En cuanto a personal, sin duda lo más destacado fue la renovación de Boyd, que a todos nos llenó de orgullo y satisfacción. Entendimos que el club hacía justicia a un receptor que siempre había dado la cara, y su contrato de 4 años a razón de unos 11 millones anuales tampoco parecía desproporcionado, asegurando su continuidad en los que deberían ser sus mejores años.

En el draft se pasaba por alto esta posición por primera vez en 12 años, lo que indicaba que la franquicia se sentía cómoda con los jugadores que componían la unidad. Hubo, eso sí un par de cambios. Los decepcionantes Malone y Core se fueron a Nueva York (Jets y Giants respectivamente, donde resultaron igual de irrelevantes que aquí) y llegaron vía undrafted Willis y Morgan. Tan bien lo hicieron en pretemporada, que incluso Willis debutó como titular los dos primeros partidos. Pero de nuevo, me estoy precipitando.

La primera jornada de trainingcamp no pudo resultar más dramática. Obligados por la tontería de la NFL de conmemorar el centésimo aniversario, nos hicieron entrenar sobre un campo infame, donde Green se dejó el tobillo en las primeras acciones. Al principio, se dijo que se perdería el training-camp, o como mucho un par de encuentros. Esos dos partidos se convirtieron en 4, y después anunciaron que volvería tras el bye en la 10ª jornada. Rumores de recaída, oscurantismo en cuanto a su recuperación y sobre todo, un equipo sin esperanzas ya de nada, convirtieron en innecesario su regreso. No tenía sentido forzarle, y mientras tanto podríamos ver más al resto de receptores. Pero volvamos a retroceder.

Si había expectativas sobre Ross, estas se dispararon en los dos primeros encuentros, en los que se convirtió en el receptor con más yardas de toda la NFL (270 y 3 TDs). Estos números quizá fueron más bien producto de la cantidad de veces que hicimos lanzar a Dalton (93 pases, sólo por detrás de Murray con 94), pero parecía que por fin Ross empezaba a carburar. Sin embargo, la alegría no duró mucho. Tras dos partidos más flojos, se volvió a lesionar. Regresó para los últimos 4 encuentros, pero ya había perdido su chispa.

Por tanto, el peso del ataque aéreo volvió a recaer en Boyd, quien de nuevo supo sobrellevarlo. Una nueva campaña de más de 1000 yardas, aumentando su cantidad de recepciones a 90, la mayor de su carrera. Pero sin duda, el protagonismo recayó en Tate. El receptor de 7ª ronda, confirmó en su 2º año como profesional que no le viene grande el papel. Fue sin duda quien más nos hizo levantarnos de los asientos con sus acrobáticas atrapadas. Espectaculares y peligrosas. En Oakland tuvo que abandonar en campo en camilla, y en Cleveland se torció la rodilla, lo que puso fin a su temporada.

Por lo demás, como decía, Willis empezó muy fuerte, pero se fue diluyendo hasta acabar sumido en la irrelevancia. Otro tanto ocurrió con Morgan. A comienzos de Septiembre, sabiendo que no contaríamos con Green, fichamos al “faraón” Cooper, quien también resultó invisible y le cortamos 15 días después. No obstante, sería injusto no destacar a Erickson. El cumplidor retornador y receptor de slot logró 43 recepciones (2º del equipo) y 529 yardas (3º del equipo).

 

Previsiones para la agencia libre

A.J. Green volverá en 2020 tras aplicarle la etiqueta de jugador franquicia, pero si renovará o no por más temporadas sigue envuelto en una espesa nebulosa (foto: www.stripehype.com)

 

Todo lo anterior me lleva a pensar que con Green como receptor “Z” (flanker, normalmente algo retrasado respecto a la línea), Boyd como “Y” (en el slot, centrado, justo al final de la OL) y Ross como “X” (splitend, abierto en el exterior pero sobre la línea), estamos bien servidos, contando con Tate cubriendo la espalda de Green, Erickson la de Boyd, y alguien entre los undrafted Willis, Morgan, Irvin o Lodge para Ross.

Sin embargo, la contratación en Marzo de Mike Thomas, procedente de Rams (por tanto, bien conocido por Taylor) hace pensar que puede no estar cerrada la unidad. El contrato es solo por un año pero sería el 5ª mejor pagado de la posición. Obviamente no es el Mike Thomas que a todos se nos viene a la mente al ver ese nombre, pero es un jugador muy valioso como gunner en equipos especiales (recordemos la pérdida de Fejedelem).

No obstante, el acontecimiento más importante producido durante la agencia libre en esta unidad fue la asignación de la etiqueta de jugador franquicia sobre Green. Este movimiento, aunque esperado, nos mantuvo con el alma en vilo, ya que solo se confirmó apenas una hora antes del cierre del plazo. Queda aún en el aire si la intención es que cobre estos 18 millones este año y después dejarle libre, o si se pretende ampliar su vinculación con Cincinnati hasta el final de su carrera (recordemos sus 31 años y reiteradas lesiones). De momento, el jugador ya ha anunciado que mientras no haya un acuerdo prolongado no acudirá a las sesiones de entrenamiento de primavera ni al trainingcamp. No lo veo mal. A estas alturas poco tiene que aprender, y si se evita alguna lesión tonta, mejor.

Por lo demás, la continuidad de Bicknell entrenando la unidad, permite ser optimistas sobre un buen año para esta posición sin necesidad de más refuerzos.

 

DRAFT

Teniendo en cuenta lo anterior, no debemos pasar por alto un hecho relevante: salvo Boyd, todos los demás widereceivers terminan contrato este año. El club tiene hasta el 4 de Mayo para decidir si aplica sobre Ross la cláusula para ligarle a la entidad durante un quinto año. Con su escaso rendimiento e historial de lesiones, parece complicado que estén dispuestos a abonarle casi 16 millones en 2021. Tate será agente libre restringido, por lo que no debería ser dificil retenerle otra temporada, y sobre los undrafted tendremos derechos exclusivos, por lo que tampoco se irán a ninguna parte.

Así que, a expensas de lo que pasará con Green, Ross y Erickson, no resultaría descartable buscar este año ya los posibles sustitutos e ir con 7 WRs al roster. No olvidemos (seguro que los entrenadores no lo han hecho) todo lo que sufrimos el año pasado en esta posición como consecuencia de las lesiones. De momento, el OC Callahan ya lo ha dejado caer en algunas entrevistas; y aunque este periodo predraft es muy propenso a las cortinas de humo, es posible que haya algo de cierto en los rumores que apuntan hacia la posibilidad de escoger un WR en ronda alta.

NOTA: Buena parte de la información está extraída de la fenomenal guía de routerunning que si aún no la tenéis, no sé realmente a qué estáis esperando.

 

Denzel Mims #5 (Baylor)

Como natural de Daingerfield (Texas), Mims es un auténtico “peiligro” en el campo.

 

Pocos jugadores han visto subir más su stock en el proceso predraft que Mims. Tras una gran Senior Bowl, su combine fue brutal (3º en las 40 yardas y 4º en salto longitudinal). Tampoco deberían sorprender sus cualidades atléticas habiendo siendo campeón estatal de los 200 metros en el instituto. Pero sus números como widereceiver en college hablan bien claro de su productividad. Titular desde su segundo año, en los últimos tres ha conseguido 2901 yardas y unos apabullantes 28 touchdowns.

Lo primero que destacaría de Mims (no confundir con M&Ms) es su tamaño. No es que sea prototípico, es lo siguiente. Enorme, alto, con largos brazos. Capaz de abusar de cualquier CB que se le ponga por delante. Absolutamente imparable en la endzone. Dotado además con una increíble capacidad atlética que le permite ganar la batalla ya sea por velocidad en carrera en largo, o por su aceleración en corto. Este físico privilegiado no sólo lo utiliza en su propio beneficio, sino que es muy eficaz bloqueando para sus compañeros.

La siguiente cualidad sobresaliente son sus manos. Atrapa absolutamente todo. Además de poseer unas manos magnéticas, tiene tal control de su cuerpo, radio de atrapada y flexibilidad, que es capaz de adaptarse a cualquier pase desviado de su QB (aunque esto en realidad para nosotros sería irrelevante, ya que todos los pases de nuestro chico maravilla Burrow serán perfectos). Recordemos que tan importante es asegurar el balón ahí arriba, como concentrarse para pisar dentro del terreno con los pies.

Quizá su principal defecto sea el adecuado seguimiento de las rutas. Su árbol de rutas en Baylor fue muy limitado y ha evidenciado cierta torpeza en sus movimientos laterales. Le falta algo de explosividad al inicio de la jugada. Tampoco es una gran amenaza corriendo con el balón controlado entre el tráfico por su escasa elusividad. No le vendría mal ganar músculo en su tren superior para no verse entorpecido por la presión del CB en la zona permitida de contacto.

Lo que no cabe duda es que es un jugador competitivo, que se quedaba después del entrenamiento para practicar los balones contestados, e incluso pidió ser cambiado a CB cuando tenía poco protagonismo como WR. Atesora un buen juego de pies para ganar la posición gracias a su pasado como jugador de baloncesto. Puede tener utilidad en equipos especiales para saltar frente al pateador. Tiene todavía recorrido por mejorar, pero de momento es un “Tate” más rápido y capaz de conseguir separación, y con el tiempo, el sustituto de Green que no ha sido Ross.

Lo bueno: Dada la imposibilidad de analizar en persona a los candidatos, es vital cualquier conocimiento previo. Bicknell le conoce de su etapa en Baylor, y su buena mano como entrenador propició el despegue de Mims para ser el arma de destrucción masiva que es ahora.

Lo malo: No me gustan los receptores de Baylor. Es algo personal, lo reconozco. En la conferencia BIG12 se juega mucho al pase y los Bears son buena muestra de ello. De ahí que en muchas ocasiones sus estadísticas estén sobrevaloradas y luego no sean capaces de trasladar esa productividad a la NFL.

Proyección: Tanto ha subido su cotización que es incluso posible que no llegue a nuestro pick de 2ª ronda. Desde luego, al de tercera no lo va a hacer. Así que, si los técnicos están convencidos de que es el jugador que necesitamos y está disponible, no creo que se piensen ni siquiera un tradedown.

 

Van Jefferson #12 (Florida)

Si estamos contentos con Boyd, en esta página comparan a Jefferson con él. Tampoco estaría mal una ofensiva donde poder intercambiar continuamente sus posiciones para despistar a la defensa (foto: Usa Today)

 

Pese a los razonamientos anteriores sobre la urgencia de widereceiver, en mi opinión, hay otras áreas de mayor necesidad. Por esta razón, invertir en esta posición un pick de 2º día me parece un lujo que no nos podemos permitir. Espero que se arregle con Green un acuerdo para dos o tres temporadas más; y si Ross termina de despuntar, nada nos impide intentar renovarle en 2021 o a las malas, ponerle la etiqueta de franquicia. En todo caso, en 2021 también habrá agencia libre y (esperemos) draft para añadir efectivos a la unidad. Quizá lo más sensato fuese tratar de pescar en rondas bajas algún posible chollo (tenemos la suerte de que ésta es una clase muy profunda), o al menos, un relevo para Erickson.

Vanchii Lashawn Jefferson Jr. tiene dos poderosas razones para ser incluido en esta sección. La primera de ellas es ser uno de los receptores más infravalorados de esta promoción. Y la segunda, es la tener un nombre molón. Hijo de Shawn Jefferson, receptor en Chargers, Patriots, Falcons y Lions en los 90’s y después 20 años como entrenador en varios equipos de la NFL, domina todos los aspectos técnicos de la posición. Sus rutas son perfectas. Sus cortes, precisos. Su movimiento de pies, impecable. Sabe localizar perfectamente el balón en el aire y lo ataca con agresividad. Dejando aparte el desarrollo físico, está preparado para jugar desde el primer día.

Pero quizá su virtud más sobresaliente sea la seguridad de sus manos. No tiene nada que envidiar a nadie de la clase en este apartado. A la solidez de sus recepciones suma un amplio rango de atrapada (no es muy alto, pero tiene los brazos largos), una fantástica habilidad para flexionar su cuerpo y adaptarse al pase, y sobre todo, un gran valentía para asegurarlos aunque sea entre el tráfico. Para no tener una altura destacada, su concentración y determinación le hace llevarse más balones divididos de lo que podría parecer.

No obstante, su principal defecto es la falta de atleticismo. En una NFL cada vez más física, es un inconveniente que le va a hacer bajar posiciones. Le falta cuerpo para enfrentarse a cornerbacks fuertes, y velocidad para derrotarles en largo. Por eso mismo, tampoco es una gran amenaza tras la recepción. La técnica se puede aprender, pero con 24 años ya, poca condición atlética podrá mejorar.

Por otra parte, su producción en un buen programa como el de los Gators, o anteriormente en Ole Miss, ha sido realmente escasa. Es cierto que ha provocado 11 faltas desde 2018, pero en los partidos contra las defensas de la conferencia SEC, apenas ha conseguido 4 recepciones de más de 20 yardas. Además, una operación en el pie le hizo perderse la combine, lo que en un año donde el análisis de los jugadores ha sido limitado como consecuencia del virus, puede generar dudas acerca de su contratación.

Lo bueno: Pese a no tener un físico privilegiado, no se achica en los bloqueos. Su actitud competitiva y liderazgo es un valor a tener muy en cuenta. Es muy importante que, aunque su actividad sea limitada, siempre esté dispuesto a darlo todo. Su inteligencia le permite desmarcarse rápidamente, lo que supone un plus cuando el quarterback está apurado por la presión (o una mala OL como la nuestra) y debe soltar pronto el oval.

Lo malo: Está claro que como mucho, sólo podrá aspirar a ser WR3 ó 4 de complemento. Sus condiciones físicas le limitan a quedar como slotWR. No va a estirar el campo, no es una amenaza en la redzone, tengo dudas sobre su valor en equipos especiales, pero creo que es un chico que puede mover las cadenas generando primeros downs.

Proyección: En función de cómo valoren los técnicos hasta qué punto sus cualidades técnicas compensan sus deficiencias físicas dependerá en qué ronda caerá. No le favorece salir al draft en una promoción tan extensa como ésta, lo que para muchos equipos será una bendición al poder escogerle en una ronda más baja de lo que su calidad merecería. Yo diría 4ª ronda.

 

Antonio Gandy-Golden #11 (Liberty)

Un jugador que combine en su apellido la grandeza de un personaje universal como Gandhi y la riqueza de lo dorado, debe estar en nuestro equipo (foto Rod Aydelotte/Waco Tribune Herald, via AP)

 

Viendo la profundidad de la promoción, y coincidiendo en que la necesidad de widereceiver no sería urgente para este año, podría ser buen momento para apostar por un proyecto de futuro en alguna ronda de las del último día. Este podría ser el caso de Gandy-Golden, un jugador procedente de la pequeña universidad de Liberty, y que ha sido el auténtico amo de su conferencia (eso sí, de FCS, la “hermana pobre” de la 1ª división), pero con una producción de casi 2500 yardas y 20 touchdowns) en los dos últimos años donde ya participó a nivel FBS (la “hermana rica” de la 1ª división).

Su absoluto dominio durante la etapa universitaria ha sido incontestable. Lo hizo por su tamaño (los CBs sencillamente no podían con él), pero también por su velocidad y competitividad. Cuando controla el balón es muy difícil tumbarle. Planta muy bien su cuerpo para asegurar el pase y dejar al CB sin posibilidades de cortarlo. Se mueve extraordinariamente fluido en espacios reducidos. Sabe adaptarse a cualquier lanzamiento con una agilidad y flexibilidad inaudita. Sus manos son de las mejores de la promoción (tiene recepciones a una mano que muchos WR de la NFL serían incapaces de lograr). Salvando las distancias, en cierto modo es un A.J. Green en potencia.

Como consecuencia de provenir de una competición donde jugaba tan sobrado, no ha sido realmente expuesto a desafíos que le obligasen a desarrollar todo su talento. Por tanto, debe ser más contundente para liberarse de la presión que sufrirá en la NFL. Tiene que incrementar su árbol de rutas y mejorar el recorrido de las mismas. Le falta un poco de explosividad al inicio de la jugada. El nivel al que se va a enfrentar en la NFL le obligará a aprender a ganar separación por técnica y habilidad sin confiar tanto en su poderío físico.

Todo lo citado con anterioridad puede (y debe) ser pulido cuando llegue a la NFL. No está para ser titular inmediato, a menos que sea en situaciones concretas de zona roja o tercer down. Pero lo cierto es que nos lo podemos permitir, porque para esta campaña ya estamos bien cubiertos. Si con QBs no mediocres, sino realmente malos, han conseguido esas cifras, imaginad qué números puede alcanzar recibiendo pases de Burrow. Además, es un chico que pone muchas ganas en todas sus acciones, y que se ganó el respeto de sus compañeros al ser nombrado capitán.

Lo bueno: Su nombre de pila es Antonio. Nada malo puede salir de ahí. Este hecho debería ser más que suficiente para no necesitar ver nada más. Además, tener un apellido compuesto siempre aporta elegancia y distinción. El 11 de abril es su 22º cumpleaños. Desde “La Jungla Hispana” le deseamos que los cumpla feliz a este Aries como un servidor.

Lo malo: Mientras no se pruebe al máximo nivel, no sabremos si sus deficiencias técnicas son innatas o simplemente no desarrolladas todavía. Debe aceptar que está muy verde para la NFL y adaptar su mentalidad para comprender que ya no es el puto amo, trabajando con humildad y sin desfallecer en gimnasio, sala de video y campo de entrenamiento para tener un futuro en la NFL.

Proyección: AGG es el típico ejemplo de “boom” o “bust”. Tiene un potencial infinito, pero las dudas sobre si podrá mantener su superioridad en los profesionales, y si será capaz de pulir rutas y añadir velocidad a su juego, puede atemorizar a managers generales conservadores. Yo creo que puede tener un gran valor en quinta ronda.

 

Otros nombres de interés

Después de elegir a Burrow, podría tener todo el sentido completar la apuesta por convertirnos en los “Cincinnati Tigers” con su receptor favorito, Justin Jefferson (foto de Kevin C. Cox/Getty Images)

 

Justin Jefferson #2 (LSU)

Tras deslumbrar en la combine, está fuera de nuestra órbita. Sin embargo, ¡qué demonios, y si cae! Existe un fuerte vínculo entre Jets (su apodo) y Burrow. Ambos eran los primeros en llegar a los entrenamientos en LSU. Su productividad juntos fue brutal. Aunque en principio su ubicación ideal pueda ser el slot, tiene tamaño y aptitudes para alinearse donde quiera. Es una centella explosiva. Sus manos son magnéticas, con gran radio de recepción y competitividad para hacerse con el oval o bloquear para sus compañeros. Titular inmediato, con potencial para convertirse en un jugador de impacto en poco tiempo en la liga.

 

Jalen Reagor #1 (TCU)

Este receptor, cuyo nombre parece salido de “Juego de Tronos”, no tuvo una buena combine. Llegó más pesado para ganar fuerza pero perdió demasiado en velocidad. Esto le ha hecho salir definitivamente de las quinielas para primera ronda. En «rigor», es básicamente un receptor de slot, pequeño pero potente y con gran aceleración. Versátil como retornador. Ha cometido muchos drops por falta de concentración. Sería un “reach” con nuestro pick#33, pero podría resultar un objetivo a considerar si hacemos un tradedown en 2ª ronda.

 

Donovan Peoples-Jones #9 (Michigan)

Muchas “gentes” alrededor de la NFL opinan que es un crack que no ha brillado como debería. El deficiente juego de los QBs de Michigan le ha perjudicado, y piensan que tendrá mejor carrera en los profesionales que en college. Buena combinación de tamaño, velocidad, manos y capacidad de adaptación a los pases. Juega con inteligencia y agresividad en la recepción. Peligroso con el oval en su poder. Debe ganar fuerza para no verse superado por la presión del CB en el exterior. Parece destinado al slot. Versatilidad como retornador. Le veo saliendo en 3ª ronda.

 

Chase Claypool #83 (Notre Dame)

Un tipo muy grande, pero sorprendentemente veloz y atlético. El canadiense dejó boquiabierto a todo el mundo en la combine por su velocidad y saltos de longitud y altura. Podría cubrir a la vez la necesidad de WR y de TE receptor (es de Notre Dame, como Eifert). Buen control del cuerpo y manos seguras. Amenaza en la redzone y productivo en equipos especiales. Físico en la recepción, aunque debe vigilar no cometer falta. Si nos ponemos tiquismiquis, podría mejorar sus rutas, movimientos laterales y elusividad tras la recepción, pero sería un chollo encontrarlo en 4ª ronda.

 

Kalija Lipscomb #16 (Vanderbilt)

Ya entramos en jugadores de final de draft o que se quedan fuera de él. Lipscomb es un receptor con razonable tamaño y atleticismo para jugar en cualquier posición. Buenas manos y rutas, carece de físico para imponerse en balones divididos o ayudar en bloqueos. Mejor capacitado para recepciones en corto que en largo. Para colmo, es calvo (como no se “peine los labios”…), lo que para mi le convierte en indrafteable. Sólo pensaría en él como undrafted para el Practice Squad.

 

P.D.: finalmente, se ha quedado fuera de este análisis Trishton Jackson, de Syracuse. Espero que esto no le haya dejado tristón.

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