Bengals 24 – Colts 23

El pasado domingo se decidía qué equipo era, con permiso de los Browns que están a otra historia, el peor equipo de la AFC. Y quizá debamos convenir que el resultado no hace justicia, porque ¿quién es peor: el que aun perdiendo pone todo lo que tiene en el campo, tratando de maximizar sus escasas fortalezas buscando los defectos del contrario; o aquel que teniendo una plantilla más talentosa es incapaz de explotar sus virtudes, confiándolo todo a la inspiración puntual de sus estrellas? Nosotros fuimos ese segundo equipo. No digo que no mereciéramos ganar, porque ahí está el resultado, pero la imagen que dimos fue, a mi modo de ver, más penosa que la del equipo que salió derrotado con la cabeza bien alta.

 

Fue, desde luego, un partido raro. Un Yin y un Yang continuo. No había buena acción sin su correspondiente cagada a renglón seguido. Y viceversa. La unidad de línea en equipos especiales bloquea un punt, y después se deja desviar un field-goal. Erickson hace un extraordinario retorno y en el siguiente comete un fumble. Mixon realiza la jugada del partido pero empaña su actuación perdiendo el balón. Dalton, impreciso cada vez que le llegaba la presión, mete una mandarina de 25 yardas con el defensa en los morros a Malone para TD. Y Dunlap, invisible toda la primera mitad, consigue el pick#6 que nos termina dando el partido. El típico carrusel de emociones que tanto nos caracteriza. El acostumbrado carrusel de irregularidad por el que nunca llegaremos a nada.

 

Lo que resulta evidente es que si tenemos jugadores capaces de producir grandes jugadas, y éstas no se producen más a menudo, el problema no está en ellos, sino en los entrenadores. El domingo tuvimos un nuevo ejemplo de cómo un equipo mermado de calidad es capaz de ponernos en enormes dificultades por tener mejores entrenadores. En ataque, Pagano entendió enseguida nuestra debilidad en la marca al TE, y nos machacó con Doyle (14 pases hacia él, 12 recepciones completadas para 121 yardas y 1 TD) sin que en ningún momento Guenther pusiera solución a la sangría. Y de no haberse visto obligado a renunciar a la carrera tras habernos puesto por delante cerca del final, nos hubiera seguido taladrando por el centro con un Gore que se llevaba a todos por delante (5,1 yardas de media por carrera).

 

En defensa, ya nos tienen tomada la matrícula. Presión a saco para sacar las vergüenzas de nuestra patética línea ofensiva y que Dalton se preocupe más de su integridad que de buscar al mejor receptor, y marcaje intenso sobre Green para que no reciba el oval (sólo 3 recepciones de 8 lanzamientos hacia él). De parar el juego terrestre ya nos bastamos nosotros solos. Si exceptuamos la carrera de Erickson y la de Dalton en una jugada rota, nos hubiésemos quedado en unas bochornosas 34 yardas sumando las de los 3 RBs. Ridículo, horrible, inaceptable… me quedo sin adjetivos.

 

Aunque lo único rescatable del partido fuese un resultado que nos permite seguir, en cierta manera, en la carrera por el wildcard, es necesario un análisis un poco más en profundidad para intentar encontrar algo positivo, por complicado que sea.

Redactor en Bengals.es
Redactor en Spanish Bowl
Ex-Redactor de la AFC Norte de la NFL en el Diario AS
Colaborador de “La Perrera Brown”.
Integrante del foro de los Cincinnati Bengals en NFLHispano.com

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