Bengals 7 – Bears 30

La temporada 2017 acabó ya para nosotros la jornada pasada. Este partido no sé si valdrá de algo como valoración sobre la aportación de los menos habituales de cara al futuro, pero desde luego, nadie pareció mostrar el más mínimo interés. Un equipo totalmente apático, y no me vale como excusa los numerosos lesionados, secuela del encuentro contra Steelers. Repetidos y aumentados, volvimos a enseñar los conocidos fallos y carencias que nos han llevado esta temporada a ser una sombra del equipo que fuimos, del que somos por la calidad que tiene esta plantilla, y del que seremos porque cada vez se oscurece más el panorama.

 

Dalton tuvo probablemente el peor partido del año, y mira que los ha tenido malos. Obcecado con pasar a Green, da igual que estuviese desmarcado o no, da igual que siguiera la ruta marcada o fuese a su bola, consiguió por fin ser interceptado después de varias semanas de sorprendente fortuna en este sentido. No veía más opciones que el 18, aunque Kroft o cualquier otro receptor estuviesen desmarcados. Da la impresión de que, perdida ya la temporada, sólo quisiera agradar a su WR estrella aumentando sus estadísticas personales. Ni se molestó en correr hacia adelante, ni en ajustar sus pases profundos en una bomba lamentablemente corta a Malone, ni los pases atrasados a LaFell que casi cuestan otra intercepción Su rostro era la viva imagen de “que termine esto, por favor, y empecemos ya de cero con otro régimen”. Cuidado con lo que se desea, porque puede ser uno de los que terminen en el disparadero como llegue otro entrenador de fuera.

 

Le va a salvar que, de momento, no hay otra alternativa. Lo poco que hizo McCarron sólo fue confirmar que es una versión pobre del mismo Dalton. No obstante, creo que lo mejor que podemos hacer de aquí al final es tomarnos estos 3 partidos como prueba y hacerle jugar de manera habitual en las segundas partes, ya sea para ver lo que tenemos, o para exponerlo como escaparate por si conseguimos embaucar a algún incauto. Y si lo hace muy mal, sentarle claro, no vayamos a perder lo poco que podamos conseguir.

 

Otro con apatía extrema fue Green, como demuestra el fumble que sufrió por tan penosa falta de actitud. No sé si habrá decepcionado a su QB, a su equipo o a su entrenador. A mí me ha decepcionado. Está claro que con Dalton no vamos a ganar ninguna Súper Bowl, pero me pregunto si lo haremos con este pusilánime de las situaciones delicadas (sí, aún no he olvidado el drop contra Pittsburgh). Está tan encumbrado (y con razón, por su calidad) con ser, no sólo el mejor sino el único receptor de la plantilla, que no le vendría mal una cura de humildad. Pero ya sabemos que no será Ross quien se la vaya a dar.

 

Otro daño colateral del calamitoso estado de la ofensiva es el escaso número de jugadas que realizamos, lo que desemboca en que apenas vemos juego de otros componentes del ataque. 1 pase a Kroft, 1 a Erickson, 1 a Malone. Poco podemos valorar así. El año pasado, al menos, Core recibió una cantidad decente de balones. Los únicos “afortunados” fueron LaFell, quien cada vez se está pareciendo más a la lapa Tate que no va a haber forma de quitárnoslo de encima (tiene contrato para 2018, así que ya sabéis) y Boyd, que cada semana que pasa desperdicia oportunidades para siquiera inquietar a los titulares (¡qué decepción personal!).

 

Por su parte, Ogbuehi consiguió liderar la NFL en sacks concedidos por un LT, con 8 en total. Enhorabuena. Ahora que digan que no hace falta reforzar la posición, que hay que confiar en su progresión, y todas las demás mierdas a las que acostumbra nuestra directiva. El fallo cometido al draftearle fue grande (no pasa nada, todo el mundo se equivoca), pero insistir en el error hasta el punto de permitir la marcha de Whitworth fue una cagada de proporciones bíblicas, que en el futuro será recordada como el hecho que puso punto final a esta prometedora promoción.

 

Pero no quiero cebarme con la ofensiva, porque la defensa también tuvo lo suyo, haciendo parecer un QB de Hall of Fame a un novato como Trubisky cuya trayectoria hasta el momento estaba siendo bastante anodina. Nos encajaron 482 yardas (más del doble que las nuestras), y esto está siendo una constante (recordemos que incluso en la victoria contra los Browns, ellos consiguieron más yardas que nosotros). Es cierto que había muchas bajas, pero los placajes fallados no fue una excepción, es algo habitual. Que por nuestra zona intermedia puedan pasear a su libre antojo TEs y slot-WRs como Pedro por su casa es también habitual. Que Minter sea una nulidad, y aun así no pierda la titularidad, dice bien poco de él, pero menos aún de los entrenadores. La escasa progresión de Billings o Evans también cae en el saco de responsabilidades de Guenther, al igual que permitir que nuestra única alternativa en el SS sea un jugador tan limitado como Fejedelem, o el alarmante bajón de forma de Iloka.

 

Del pésimo partido del domingo sólo salvaría los equipos especiales: el esfuerzo de Erickson por ir siempre hacia adelante con mayor o menor acierto, la fiabilidad de Huber y Bullock, o la seguridad de la cobertura ante el peligro de Cohen. Normal que hasta el público haya abandonado al equipo. Lo que todavía no me explico es por qué todavía no lo hemos hecho nosotros.

 

Redactor en Bengals.es
Redactor en Spanish Bowl
Ex-Redactor de la AFC Norte de la NFL en el Diario AS
Colaborador de “La Perrera Brown”.
Integrante del foro de los Cincinnati Bengals en NFLHispano.com

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