¡Se fue!

Ahora sí. Ya podemos descorchar el cava. Destapar ese whisky añejo del que esperábamos una ocasión espacial para abrir. Gritar por el balcón que por fin nos hemos desprendido de la garrapata inmunda. Bueno, esto último no, que parece excesivo. En todo caso, desbordar nuestra felicidad porque Lewis ya no es el entrenador de los Bengals. Bebamos hasta emborracharnos, y esperemos que la resaca posterior no nos haga lamentar su marcha.

 

Dentro de la extensa diversidad de opiniones que cada uno tiene como aficionado, diría que no me equivoco al citar dos que son comunes a todos. Una de ellas, la gratitud a Lewis por sacar al equipo del pozo infecto por el que se arrastró durante los noventa. La otra, el hartazgo por lo dilatado de su estancia como entrenador en jefe. Nadie pone en cuestión ni su mérito en la década de los 2000s, ni su fracaso en la de los 2010s.

 

A lo largo de su trayectoria ha demostrado tener buen ojo para descubrir talento. Por dos veces ha conseguido construir un conjunto capaz de ganar la división. En su primera etapa, hizo un excelente trabajo con los Johnson’s (Rudi, Chad, Jeremi, etc.), Palmer, Houshmandzadeh, Henry, O’Neal, Justin Smith,… hasta que ese equipo se le fue de las manos: el cirio con Ochocinco, la renuncia de Judas-Palmer, el circo montado con T.O., las salidas de tono de Joseph y Houshmandzadeh cuando abandonaron el club (aunque aquí, gran parte de la culpa habría que adjudicarla al propietario).

 

Sin embargo, lo que realmente marcó este ciclo fueron los continuos encontronazos con la ley que no se supieron atajar: Henry, Tank Johnson, Thurman, Benson, etc. El estigma de “jugador conflictivo = para los Bengals” aún no nos lo hemos podido quitar. Lewis nunca supo imponerse a un vestuario rebelde, al igual que tampoco era capaz de generar respeto al equipo arbitral, que siempre ha pitado muy fácil contra nosotros.

 

En vez de ser despedido tras caer inesperadamente en casa contra Jets en wildcard, y hundirse en un 4-12 al año siguiente, el propietario le renovó y otorgó más poder. Aquí comienza su segunda etapa, en la que también hay que reconocerle el mérito de meter durante cinco temporadas consecutivas al equipo en playoffs, a pesar de un QB muy de andar por casa como Dalton. Los Green, Whitworth, Atkins, Dunlap, etc., levantaron nuevamente la franquicia… para volver a caer víctima de los mismos errores. La falta de disciplina dilapidó lo que era por fin una victoria segura contra Steelers en aquel lluvioso y fatídico wildcard. Burfict y Pacman Jones nunca estuvieron bajo control.

 

Desde entonces, estos últimos 3 años (si no más) realmente han sobrado. El equipo ha ido de más a menos. Los buenos coordinadores, sobre quienes descansaba el peso táctico del equipo, uno a uno, se fueron marchando, como decía la canción. De los Gruden, Zimmer, e incluso Jackson, pasamos a los Guenther, Zampese, Austin… Entrenadores mediocres que dejaron el equipo mediocre que tenemos ahora.

 

De Lewis, como mente defensiva que era, no esperábamos nada en ataque; pero tampoco en defensa dejó huella. En todos los partidos importantes (y en los que no, también) hemos sido superados tácticamente por los entrenadores rivales. Si no al principio, tras el descanso. La planificación, pésima; la capacidad de reacción, nula. La gestión de tiempos muertos, challenges, cuartos downs… patética. Su falta de carácter, incapaz de transmitir emoción, y que provocaba que en muchos ocasiones los jugadores, bien se contagiasen de su indolencia, o bien se tomasen la justicia por su mano, absolutamente enervante. La política de formación de jugadores, incomprensiblemente dominada por una injusta jerarquía que favorecía veteranos acabados sobre jóvenes ansiosos por demostrar su valía. La autocrítica, inexistente (su marcha supone el fin del vomitivo “debemos ejecutar mejor”).

 

Ciertamente, las lesiones han causado mucha mella en este equipo durante todo su periplo (Palmer, Pollack, Perry, Henry, Dalton, Eifert, etc.). La ineptitud del cuerpo médico también merecería un capítulo aparte. Sin embargo, existe la certeza de no haber preparado técnicamente de forma adecuada a los suplentes. Todos los equipos tienen lesionados, pero da la impresión que a nosotros nos afecta más. También queda la sensación de no haber sabido sacar todo el partido a jugadores que tras una etapa intrascendente con nosotros han despuntado en otros equipos: Brooks, Mathis, Burkhead, Hunt…

 

Obviamente, cuando uno está nada menos que 16 años al frente de un club, debe haber luces, como el de ser el entrenador con mayor número de victorias; pero sería hipócrita no señalar las numerosas sombras. Ha habido grandes aciertos en el draft (Whitworth, Atkins, Iloka, Marvin Jones, Hall, Huber…), pero también sonados fiascos (Ogbuehi, Fisher, Rivers, Still, Simpson, Maualuga…) como en todos los clubes. Buenos fichajes (Nelson, Leonard, Dhani Jones, Newman…) y otros no tanto (Coles, Bryant, Hawk, Minter…).

 

En todo caso, hay que reconocerle el mérito al tener que construir un equipo en inferioridad de condiciones económicas con respecto a otras franquicias, dado que el propietario se limita a invertir el mínimo obligatorio. En este sentido, podemos afirmar que Lewis ha sido un buen head-coach… de Marzo a Agosto, perdiendo fuelle a medida que avanzaba el torneo, y resultando calamitoso al finalizar el mismo. En líneas generales, el talento que fue capaz de reunir antes de comenzar la liga siempre fue superior al resultado final que terminó dando. O al menos, ésta ha sido la impresión generalizada entre los aficionados. Por esta razón, muchos creemos que sería un buen General Manager.

 

Así termina un periodo histórico en nuestro club: la era Marvin Lewis. Una época donde si bien no ha habido las brillantes luces pasadas de alguna Super Bowl (o al menos, una triste victoria en playoffs), tampoco se ha hecho demasiado el ridículo, que viniendo de donde veníamos, no era poca cosa.

 

Se abre ante nosotros un tiempo tan ilusionante como desconocido. Una situación deseada, pero por los precedentes, inesperada (personalmente, no me lo esperaba, no porque no mereciese el despido, sino porque otras veces le habían mantenido con peores sensaciones). Dicen que ha sido un acuerdo entre ambas partes (de hecho parece ser que fue el propio Brown quien convenció a Lewis de renovar el año pasado porque él ya quería irse). De una forma u otra, bienvenido sea el cambio… y esperemos acertar en el recambio, para que nunca le echemos de menos.

 

Redactor en Bengals.es
Redactor en Spanish Bowl
Ex-Redactor de la AFC Norte de la NFL en el Diario AS
Colaborador de “La Perrera Brown”.
Integrante del foro de los Cincinnati Bengals en NFLHispano.com

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