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Análisis 2025 y previsión draft 2026: Quarterbacks

Sospecho que tras leer el título os estaréis preguntando: ¿qué necesidad hay de analizar, o de buscar refuerzos, en la que es la posición mejor cubierta de la plantilla? Sin duda, es razonable cuestionárselo, pero hay una serie de datos objetivos que no podemos obviar. Burrow es un super clase, eso no lo duda nadie. Va a ser nuestro director de juego durante muchos años y, esperemos, a lo largo de toda su carrera deportiva. Sin embargo, de las 6 temporadas que lleva en la NFL, únicamente ha completado la mitad. No diría que es un jugador propenso a las lesiones, pero su estilo de juego tan arriesgado, prolongando las jugadas y aceptando más golpes de los necesarios, le ha llevado a perderse demasiados partidos. Y todos sabemos que una «season ending injury» de Burrow, es también una «season ending» para los Bengals.

Por tanto, mantener la integridad de nuestro quarterback es básico. Y esto pasa por mejorar aspectos del juego externos a él, como una línea ofensiva más competente, o un mayor equilibrio con el juego de carrera que le exponga menos, así como que Brad Kragthorpe, el entrenador de quarterbacks, sea capaz de convencer a Burrow de que es mejor un pase incompleto en segundo down, que una lesión que le aparte de los terrenos de juego. Pero como nuestro quarterback hace lo que quiere (su derecho se ha ganado a hacerlo), y los accidentes son inevitables, es necesario preparar un plan «B» en el caso de no poder contar con Joe Shiesty. Para esto necesitamos un QB2 con la talla suficiente como para conducir el fórmula 1 que (se supone) es nuestra ofensiva, pero también tener en la recámara una opción de futuro para no depender todos los años de tener que acudir al mercado en búsqueda de un suplente veterano solvente.

Análisis 2025 – Quarterbacks

Rodilla (2020), apendicitis (2022), pantorrilla y muñeca (2023) y pie (2025). La pregunta no es si se lesionará Burrow, sino dónde (foto: Carolyn Kaster/AP Photo)

Acabamos 2024 con la enorme decepción de quedar fuera de playoffs. Y lo más sangrante de todo es que Burrow acabó la temporada sano, y con unos números brutales: 460 pases completados de 652 intentados, para 4918 yardas y 43 touchdowns. Todas esas marcas fueron líderes de la liga. Se convirtió en el tercer quarterback de la historia con al menos 4500 yardas de pase, 40 touchdowns, y menos de 10 intercepciones, uniéndose a Brady y Rodgers. El merecido galardón al «comeback player» nos hacía recordar que, a poco que mejorásemos la defensa, y no se nos lesionara, 2025 sería el año de la remontada.

Pues bien, no ocurrió ni una cosa ni la otra. Nuestra defensa, penúltima en 2024, todavía descendió un escalón más. Obligado de nuevo a hacer milagros, Burrow se lesionó en la 2ª jornada, haciendo saltar todas las alarmas. Esta vez fue el dedo gordo del pie, una lesión más molesta de lo que parece tratándose de un quarterback, porque afecta a su mecánica de lanzamiento. Sólo requeriría tiempo de recuperación, un tiempo del que carecíamos porque la temporada se nos escapaba como arena entre los dedos.

No teníamos más remedio que volver a confiar en Browning, pero esta vez la lotería no tocó. Tras una línea ofensiva todavía en construcción, y una defensa horrorosa incapaz de darle un mínimo de opciones, ni Jacob Christopher Browning ni su entusiasta esposa fueron capaces de repetir su buen rendimiento de 2023. Tras nombrarle titular en una inesperada victoria ante Jaguars, 3 fiascos sucesivos ante Vikings, Broncos y Lions, con 8 intercepciones por solo 4 touchdowns, Zac Taylor se vio obligado a reconocer que necesitaba otro quarterback. Pero esta vez, la tan a menudo denostada (y con razón) oficina técnica de nuestra franquicia, tuvo un acierto pleno al conseguir de los Browns a Joe Flacco, a cambio de un sweep de picks de 5ª y 6 ª ronda.

Flacco debutó como titular ante Packers apenas 5 días después de cerrarse el traspaso, mientras se estudiaba el libro de jugadas en el viaje entre Cleveland y Cincinnati. Ese día volvimos a perder, pero su juego en la segunda mitad nos hizo preguntarnos qué hubiera pasado si los entrenadores no hubiesen estado tan comedidos con él en la primera parte. La jornada siguiente, en el duelo de abuelos entre él y Rodgers, nos impusimos contra pronóstico a los Steelers. Y también nos hubiésemos impuesto a Jets y Bears en las siguientes semanas de no ser por la imperdonable debacle defensiva. Sus dos últimos partidos, en Pittsburgh y ante Patriots, se saldaron con nuevas derrotas, pero aunque sus actuaciones no fueron tan destacadas, poca culpa en la derrota se le podría achacar.

A pesar del desolador balance de 1-5 con él a los mandos, su presencia dotó al ataque, si bien no de la explosividad de Burrow, sí de una sobriedad que no habíamos visto hasta el momento. Más equilibrio pase-carrera. Una línea ofensiva que, teniendo más localizado al QB, le podría proteger mejor. Un brazo potente y todavía preciso. Control del tempo de partido. E incluso, alguna sorpresiva arrancada con sus piernas que nos levantó de nuestros asientos. Sin embargo, la lección más importante que debió haber aprendido Burrow desde la banda fue a no arriesgar innecesariamente. 13 touchdowns por solo 4 intercepciones, y varios pases al topo cuando la jugada no salía según lo planeado, debería hacer reflexionar a Burrow sobre si su estilo de juego es realmente lo mejor para el equipo.

Mientras tanto, Burrow aceleraba los plazos para su recuperación. En tiempo casi record para esa dolencia, reaparecía en Thanksgiving en Baltimore, y su vuelta sirvió como revulsivo para imponernos en Baltimore. Sin embargo, con la temporada ya prácticamente perdida (4-8), necesitábamos un milagro, que lamentablemente no se produjo. De hecho, a lo que asistimos fue a una inesperada «depresión» de nuestro quarterback quien, tras un pésimo partido ante Ravens en casa, dio la impresión en sus declaraciones que había perdido la ilusión por jugar.

Sin posibilidades ya de playoffs por tercer año consecutivo, lo único que tocaba era rehacer la moral de nuestro quarterback (algunos comentarios legítimos indicaban que jugábamos mejor con Flacco), y para eso debieron servir las inútiles victorias ante Dolphins y Cardinals, que solamente nos alejaron de los primeros puestos del draft. En definitiva, en la campaña 2025 no sólo perdimos una nueva oportunidad de tocar la gloria (ya no nos quedan muchas más balas), sino que por el camino perdimos a un quarterback suplente (Browning), nos generamos la necesidad de un mejor QB2 (Flacco), y por poco rompemos el espíritu de quien debe ser nuestro guía (Burrow). Hay mucho trabajo que hacer para 2026 en esta posición, y no solamente en el apartado deportivo, sino también en los despachos, el draft y, sobre todo, en el aspecto anímico. A estas alturas, nadie puede poner la mano en el fuego sobre lo que pasaría de producirse un nuevo fiasco.

Agencia libre

Joseph Vincent Flacco nos mostró lo que puede ser nuestro ataque guiado por una mente veterana: efectividad sin necesidad de heroicidades. Volver a contar con él como ejemplo para Burrow, y dar tranquilidad en caso de lesión de éste, se convirtió en una inesperada necesidad para la agencia libre (foto: Ian Johnson / Getty Images)

Tras el fracaso de Browning en sus 3 partidos como titular, estaba claro que le dejaríamos marchar pese a tener el estatus de agente libre restringido, que nos hubiera permitido igualar cualquier oferta que le hicieran. Ahora en Tampa Bay, esperemos que tenga el merecido reconocimiento por parte de la afición cuando nos visiten los Buccaneers, porque la realidad es que el chico hizo todo lo que pudo. La pena es que no fuera suficiente.

El objetivo de la directiva era volver a contar con Flacco. El propio jugador se había mostrado encantado con la entidad y deseoso de reencontrarse con sus nuevos compañeros, en especial con Chase, a quien dedicó palabras de elogio. Sin embargo, como es lógico, priorizaba la posibilidad de encontrar un equipo donde poder competir por la titularidad. Una vez se esfumó esa opción, aceptó la oferta que le hicimos de 1 temporada por 6 millones. Un contrato por cierto que solo cuenta 3,3 millones contra el salary cap este año y 2,7 el que viene (void year), para ganar cierta flexibilidad (mínima) que no sé muy bien dónde pretenden invertirla.

Entre que se fue el uno y regresó el otro, fichamos a Joshua Javon Johnson, un trotamundos que en Mayo cumplirá 40 años, que ya ha pasado por 14 equipos de la NFL (y dos más en ligas satélites), y que ya ha vestido la camiseta atigrada en dos oportunidades, en 2013 y 2015. Ni entonces lanzó ni un solo pase, ni se espera que lo haga ahora. Seguramente será cortado antes de empezar la competición. Un contrato de 1,5 millones (afortunadamente solo 200.000$ garantizados), que quizá hubiésemos podido invertir mejor en otra posición.

Johnson en 2013

Así las cosas, tenemos a un quarterback estelar, en su prime de edad, pero de quien es complicado asegurar su integridad física y mental, y un suplente de 41 años, a quien se le acaba su historia como jugador profesional. Para no tener que estar fichando cada año un nuevo reserva de medio pelo entre los veteranos de la NFL, quizá deberíamos empezar a buscar un joven a quien ir formando a la sombra de Burrow (y de Flacco este mismo año), que diese cierta estabilidad a la posición de suplente en años venideros.

Draft

Taylen Green #10 (Arkansas)

Quizá, más que una copia de marca blanca de Burrow, deberíamos buscar un tipo de quarterback que suponga una alternativa diferente, con quien poder sorprender en jugadas puntuales por sus capacidades atléticas, como Green (foto: NWA Democrat-Gazette/Hank Layton)

Como indico en el pie de foto, si nuestros entrenadores tuviesen un mínimo de arrojo e inventiva, y quisieran dotar a nuestra ofensiva de una nueva dimensión, no deberían dejar de insistir a Tobin para que draftease al quarterback de los Razorbacks. No hay otro quarterback en esta promoción con mayores capacidades atléticas, como demostró en la combine, siendo el más rápido y el que saltó más alto y más lejos de todo el grupo. Tiene además una planta impresionante, con 1,98 metros de altura, y una explosividad de elite.

Green pasó sus 3 primeros años en Boise State, y los dos últimos en Arkansas. Con 46 titularidades en conjunto, no va falto de experiencia. Es el prototipo de quarterback «doble amenaza». Tiene un brazo potente para ejecutar cualquier lanzamiento, pero también la habilidad con sus piernas para generar peligro por tierra. Pero lo que más destacaría de él, es que es un jugador sin miedo. Confiado en su fortaleza física, no teme salir del pocket, y mantiene siempre fija la vista campo abajo, listo para lanzar en movimiento si se presenta la ocasión. Tampoco se asusta de hacer el pase en ventanas muy estrechas. Y si es interceptado, resetea enseguida y lo vuelve a intentar si ve la oportunidad.

Es por lo tanto un jugador muy explosivo, cuya potencia física hace complicado contenerle. Además, es un jugador muy duro, y aunque por su estilo de juego recibe muchos golpes, no ha sufrido lesiones de importancia. 35 touchdowns de carrera y 59 de pase en su periplo universitario demuestran que es un jugador altamente productivo. Es también un jugador que extiende las jugadas, consciente de que podrá ganar tiempo con sus pies en caso de necesidad, pasando por todas las progresiones hasta encontrar al compañero mejor colocado. Capitán del equipo en 2025, enviamos al entrenador asistente de QBs, Jordan Salkin, al Pro Day de Arkansas, así que podemos decir que ha despertado cierto interés.

Su principal problema es su inconsistencia como pasador. Muchas veces arriesga demasiado en los pases, y aunque en su cabeza sonara espectacular, después, la ejecución no es tan eficiente. Excesivas intercepciones a lo largo de su carrera, muchas veces, por meter «demasiado aire» en los lanzamientos. No engaña a los defensive-backs con sus ojos, y tiene problemas al identificar las defensas. Cuando está bajo presión tiende a irse hacia atrás, en vez de subir en el pocket, lo que puede suponer muchas yardas de pérdida en caso de ser placado. Debe mejorar la técnica de lanzamiento, sobre todo a la hora de plantar los pies en el suelo. Quizá esto sea la causa de su pobre porcentaje de pases completos (menos del 62%).

En definitiva, es el típico jugador «boom or bust«. Si los entrenadores consiguen corregir sus deficiencias puede convertirse en un quarterback extremadamente peligroso; pero si no es capaz de revertir sus instintos, no descartaría que finalmente le transformen en un especialista puntual, como tight-end o receptor.

Lo bueno: Es un auténtico atleta. En el instituto participaba también en atletismo (salto de longitud y triple salto), con record en esta primera modalidad. Además, su entorno también está relacionado con el deporte. Su hermana Nyah jugó al baloncesto en Louisville y Duke, y su prometida, Analisse Batista, es componente del equipo femenino de atletismo de Arkansas.

Lo malo: Como jugador, Green está verde, valga la redundancia. Tiene todas las herramientas físicas y atléticas para ser un quarterback diferencial, pero todavía le falta dominar la parte mental del juego. Mejorar la técnica y precisión en los pases, y tomar las decisiones adecuadas en cada momento. Creo que hacerle titular antes de tiempo sería contraproducente para su carrera. Quien le draftee, necesitará tomárselo con paciencia, aunque pueda empezar interviniendo en jugadas de engaño de carrera.

Proyección: En una clase un tanto floja de quarterbacks, es muy posible que un jugador como Green despierte interés. Por esta razón, a pesar de sus obvias limitaciones, veo muy probable que algún equipo se la juegue con él en 4ª ronda.

Cole Payton #9 (North Dakota State)

Siguiendo la tradición de North Dakota State, Payton se deja crecer su bigote en los playoffs para parecer más duro. Esperemos que con nosotros mantenga tan curiosa estética capilar (foto: ProFootballForum)

Otro quarterback cuya presencia podría rendir grandes beneficios por vía terrestre es Payton. De hecho, en sus tres primeros años en los Bisons, su participación se redujo prácticamente a situaciones donde aprovechar las ventajas de sus impresionantes capacidades atléticas como corredor. Sin embargo, en el último año se destapó como un fantástico pasador: 2719 yardas y 16 touchdowns por solo 4 intercepciones. Pero sin olvidar su faceta como corredor: 777 yardas y 13 touchdowns. Todo esto le valió para llevar a su universidad a un record de 12-1.

Podemos considerar que el nivel competitivo en la FCS (la segunda división, vamos) es menor, y que en estas circunstancias, alguien de la corpulencia y potencia de Payton está en clara ventaja, pero hay que tener un talento innato para lograr esas marcas, y cuando se reunió con otros quarterbacks de programas teóricamente más potentes en la Senior Bowl, no desentonó en absoluto. Termina su periplo colegial de 5 años con 3190 yardas y 21 touchdowns por vía aérea, y 1919 yardas y ¡31 touchdowns! por vía terrestre.

Payton tiene un tamaño prototípico, bien proporcionado, que le hace prácticamente imparable en QB-sneaks tras el center, y posee una explosividad atlética superior que le permite eludir la presión y romper placajes en carrera. Pero es inteligente, y sabe que con esta dinámica de juego tan física, chocando contra linebackers, no tendrá un futuro largo en la NFL (ya se perdió medio 2024 por una lesión de hombro), por lo que ha perfeccionado mucho sus lanzamientos. De esta promoción, es quien mejor combina la movilidad (incluso lanzando en estas circunstancias, sin dejar de mirar campo abajo) con el pase profundo.

Sin embargo, dado su reducido tiempo de juego como pasador, tiene que mejorar el emplazamiento de sus lanzamientos. A veces se pasa en los largos, y en los cortos e intermedios, el balón se le queda atrás a los receptores, lo que dificulta que ganen yardas tras la recepción. Quizá, con una mejor mecánica de lanzamiento, podría ser más preciso pasando en ventanas estrechas. No tiene mucha experiencia contra defensa zonales, por lo que los safeties le pueden poner en apuros. Además, ha sufrido varios fumbles cuando ejercía como corredor.

Como conclusión, estamos ante un quarterback que es realmente una amenaza dual, por sus piernas y por su brazo. Tiene sus limitaciones (no está para jugar ya de forma continuada), pero estando en el campo, la defensa rival no sabrá si sobrecargar el box para que no corra, o protegerse atrás para que no les sorprenda en profundo. Una especie de Tayson Hill, pero mejor pasador, si nuestros técnicos tuvieran la imaginación, y las agallas, para diseñar jugadas no convencionales.

Lo bueno: Ha obtenido galardones académicos durante toda su carrera estudiantil, por lo que está más que preparado para asimilar cualquier playbook, por complicado que sea. Mucho más el nuestro, con lo sencillo que parece.

Lo malo: Es zurdo (como Boomer Esiason). Eso hace que todo vaya al revés: la protección de la línea, las rutas de los receptores, etc. Se puede hacer un plan de juego en base a esta eventualidad, pero es más complicado cambiarlo de jugada a jugada.

Proyección: Entre que sólo ha jugado un año de titular, y que proviene de una segunda división universitaria que hace poner en cuarentena sus números, no creo que Payton salga elegido antes de la 6ª ronda, donde tenemos dos picks.

Athan Kaliakmanis #16 (Rutgers)

Los padres de Athan (Alex y Colleen) tienen una pizzería en la localidad de Antioch (Illinois), donde fusionan sabores locales (la pizza es religión en Illinois) con influencias mediterráneas, lo que sin duda nos hace sentirle más cercano (foto: Vincent Carchietta / Imagn Images)

Tenemos tantas necesidades en el equipo, que pensar en gastar un pick en un quarterback podría parecer absurdo. Sin embargo, lo que también tiene tintes de ingenuidad sería pensar que en rondas bajas fuésemos a encontrar algún jugador diferencial. Aquí ya nos podemos contentar con hacernos con algún elemento de equipos especiales, o proyecto de suplente. Por lo tanto, creo que no se pierde demasiado si se invierte en estas rondas en un jugador que en el futuro pueda quitarnos un quebradero de cabeza en la agencia libre en la búsqueda de un QB2.

Como sin duda el lector avisado habrá podido advertir, Kaliakmanis tiene orígenes griegos. Y presume de ello con su brazo tatuado con la palabra «οικογένεια» (familia en griego). De hecho, se le conoce como el «rifle griego», lo que sin duda nos hace evocar al recordado «rifle rojo» (Dalton, para los despistados). Kaliakmanis no tiene el brazo más poderoso, ni una capacidad atlética espectacular, pero lo bueno es que lo sabe, y no va a arriesgar más de lo necesario. No te va a levantar del asiento con una acción espectacular, pero no te va a hacer perder el partido por su imprudencia. Un «game manager» en el más estricto sentido de la expresión. Un jugador con el que quien corre más peligro sobre el campo, es el topo.

Pero esto no quita que tenga sus virtudes. Para empezar, un tamaño prototípico para la posición: 1,90 metros de altura y 96 kilos de peso. No es el quarterback más rápido, pero con 459 yardas de carrera y 10 touchdowns por esta vía, demuestra saber utilizar sus piernas. En su último año, ha conseguido 3124 yardas de pase (62,2% de pases completos), con 20 touchdowns por solo 7 intercepciones. Es el típico pocket passer, con gran inteligencia y capacidad de liderazgo.

Pese a la frialdad que pueda transmitir su juego, es un jugador con sangre caliente. Estuvo sus dos primeros años en Minnesota, de donde salió de mala manera, recalando en Rutgers, y el en primer partido que se enfrentó a ellos, cuajó su mejor actuación. Siempre ha sido un jugador muy sólido, pero año a año ha ido mejorando su calidad en la competida conferencia Big Ten. Con solo 22 años, ha sido titular en 42 de los 48 partidos que ha disputado, por lo que tiene una sobrada experiencia.

Si no está en la parte alta de los quarterbacks de su promoción se debe a sus obvias limitaciones. No tiene tanta precisión en sus lanzamientos como para hacerle pasar demasiado, ni la movilidad suficiente para escapar de la presión y ganar tiempo en el pocket, o fuera de él. También es cierto que sus equipos no han tenido campañas espectaculares, lo que le ha apartado de posibles focos mediáticos.

En todo caso, lo cierto es que es sorprendente que, siendo un jugador fuera de la órbita de los mejor valorados de la promoción, tenga visitas programadas con Raiders (como suplente de Mendoza, imaginamos), Commanders, Broncos y con nosotros, que aparte de concertar un encuentro «top-30», también nos reunimos con él en el Pro Day de Rutgers. El interés por nuestra parte es más que evidente.

Lo bueno: Su nombre proviene del patriarca Athanasius de Alejandría, un polémico teólogo del siglo IV, considerado como uno de los padres de la iglesia ortodoxa. Os preguntaréis qué tiene esto que ver con el football americano, y la realidad es que nada, pero un poco de cultura nunca viene mal, zoquetes.

Lo malo: No nos volvamos locos, es un jugador que no va a pasar de suplente. Es más un Flacco-2 que un Burrow-2. Aún es un proyecto en formación. Un diamante en bruto, del que todavía no sabemos si saldrá más diamante, o más bruto.

Proyección: A pesar de que su nombre está sonando últimamente, dudo mucho que alguien lo elija antes de la 7ª ronda. Ahí también tenemos dos picks.

Otros nombres de interés

Allar es otro «Ohio kid», pero éste del norte del estado, en Medina. Salió del instituto como el quarterback mejor valorado del país por 247sports y On3, lo que atestigua su calidad (foto: Barry Reeger / AP Photo)

Drew Allar #15 (Penn State)

Drew Patrick Allar tuvo un último año de instituto tan espectacular (4444 yardas y 48 touchdowns) que le valío ser nombrado «Ohio’s Mr. Football«. Debutó como freshman en los Nittany Lions, y a partir del segundo año se hizo con la titularidad. En 2024, nombrado capitán del equipo, a pesar de tener buenas perspectivas para el draft decidió volver para un último año universitario. Sin embrago, en 2025, nuevamente como capitán, se rompió el tobillo izquierdo en octubre y se perdió el resto de la temporada, lo que sin duda tendrá su impacto en el draft. Es un QB con un tamaño prototípico, inteligente, con gran anticipación en los pases, bajo ratio de intercepciones y que cuando tiene que correr, lo hace con determinación. Sin embargo, no se le da bien improvisar, y su efectividad en pases cortos es mejorable. Tiene que mejorar el emplazamiento de pies para ser más preciso en los pases. Aunque le queda un amplio camino por recorrer, sobre todo tras perderse el año pasado, es de los pocos quarterbacks con cierto potencial para ser algún día titular pasada la tercera ronda.

Sawyer Robertson #13 (Baylor)

De entre todas las cualidades del QB de los Bears sin duda la principal es la de ser un amante de Star Wars. También destacaría que le gustan los comics de superhéroes y odia las películas de terror. Le encanta la comida mexicana, lo que también es un punto a favor. En el terreno de juego destacaría que es un QB templado, que no entra en pánico, y con un rápido release, lo que le haría encajar muy bien en una ofensiva West Coast Offense como la nuestra. Tiene un poderoso tren inferior, como dejó patente en la combine, para salir en scramble. Su brazo es potente, quizá el que más de toda la promoción, aunque no demasiado preciso, sobre todo en los pases exteriores. A menudo, sus receptores tienen que corregir su ruta para llegar al balón. Muy irregular de un partido a otro. Es primo de Stidham, QB suplente de los Broncos. Su situación ideal sería caer en un equipo con un titular ya establecido y pasar un par de años aprendiendo en la suplencia. Por esta razón, creo que no saldrá hasta 4ª o 5ª ronda.

Diego Pavia #2 (Vanderbilt)

En febrero de 1525, un ejército español de apenas 6300 hombres, no sólo resistió al sitio de Pavía por tropas francesas compuestas por más 40000 soldados, sino que al avistar la llegada de refuerzos, salieron a combatir a campo abierto, derrotando a los gabachos y capturando al rey Francisco I. «Jodía Pavía» afirman fuentes apócrifas que exclamó el rey franchute al verse apresado. No habría mejor forma de conmemorar tan señalada victoria hispana que draftear a este QB de origen mexicano, todo un símbolo de superación. Tras abandonar el high-school sin recibir ninguna beca, se enroló en el Instituto Militar de Nuevo México, donde pasó dos años antes de ser reclutado por la universidad de New Mexico State. Allí estuvo otros dos años hasta que se transfirió a Vanderbilt. Con los Commodores, tuvo un 2025 espectacular, quedando segundo en el trofeo Heisman, sólo por detrás de Fernando Mendoza. Gran visión de juego, buenos fundamentos (6 años de titular en diversas divisiones), remarcable capacidad atlética, y sobre todo una competitividad y personalidad descomunales. ¿El problema? Es un tapón. Más pequeño quizá que su ídolo Jonny Manziel. Será difícil que traslade su éxito universitario a la NFL, y por eso calculo que saldrá sobre la 6ª ronda.

Joey Aguilar #6 (Tennessee)

Joey en realidad se llama José. Dado que es una lotería acertar qué quarterback podría draftear nuestro equipo (si es que lo hace) en rondas bajas, me vais a permitir que me centre en jugadores de origen hispano. En este caso, el padre de Aguilar es mexicano, y la madre de Puerto Rico. Y también en jugadores con historial de superación. Como Pavía, salió del instituto sin beca, y se enroló en un JUCO: el City College de San Francisco durante dos años. De ahí a Diablo Valley (otros dos años), antes de saltar a Appalachian State (dos años más) y finalmente el año pasado en Tennessee. Con 25 tacos cuando empiece la liga, lleva más mili que el palo de la bandera. Pero nunca le ha faltado la fe (y la va a necesitar), para no abandonar el football en 2020 y meterse a bombero. Lleva tatuado en las costillas la cita de la biblia Proverbios 3:5-6. Como jugador es un quarterback con alto football-IQ para diseccionar las defensas, y corpulento para absorber golpes. Un pocket passer consistente y productivo. No es muy atlético, y sus pases profundos tan bombeados son un regalo para los safeties. Sospecho que saldrá en la 7ª ronda.

Joe Fagnano #2 (Connecticut)

Si nuestro QB1 es Joe Burrow, y nuestro QB2 Joe Flacco, por coherencia, nuestro QB3 debería ser otro Joe. Fagnano pasó 4 años en la universidad de Maine, en la FCS (la segunda división universitaria) y luego otros 3 en Connecticut. En total, 51 partidos con 45 titularidades. Pero también 26 años cuando llegue a la NFL, por lo que su margen de mejora es reducido. Tiene el tamaño adecuado, y como game-manager desde el pocket, su ratio de touchdowns/intercepciones es espectacular. Sigue bien todas las progresiones de sus distintos objetivos, y es bastante preciso en el pase corto e intermedio. Sin embargo, tiende a sentir la presión demasiado pronto, y el pase largo no es lo suyo. No destaca por sus cualidades atléticas, pero varios drives ganadores en su haber demuestran su sangre fría en situaciones importantes. En definitiva, un quarterback serio, sin más pretensiones que ser un adecuado suplente. Calculo que, de ser drafteado, lo hará en la 7ª ronda.

(foto de portada: Andy Altenburger/Icon Sportswire via Getty Images)

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