Era habitual que con la llegada del draft, tres seguidoras de los Bengals, Natalie, Jennifer y Kate viajarían como a la ciudad indicada, aunque en esta ocasión no les entusiasmara el destino, Pittsburgh.Como cada año se vestían con la camiseta del jugador de los Bengals, con el dorsal que elegían en el draft. Siempre se preguntaban, qué camiseta se comprarían para el año en el que eligieran en el 32, pero nunca llegaba ese día. El 32 estaba maldito y siempre pensaban que se tenía que hacer algo.
En esa ocasión el pick debía ser el número 10, y lo tenían todo planificado para ir con la camiseta de nuestro mítico punter Kevin Huber. Pero tras el traspaso de Lawrence, el primer pick sería el 41, así que se compraron la camiseta de los 80 del Safety Solomon Wilcots.
Al aterrizar en Pittsburgh, a Natalie se le removió el corazón, pensaba en todo lo vivido en esa maldita ciudad. En la maleta, llevaba la camiseta de Ben Roethlisberger que tras su divorcio le robó a Robert, su ex marido, antes de marcharse de esa ciudad, rumbo a su Cincinnati natal. Su objetivo lo tenía claro desde hacía meses, quemarla delante del escenario del draft. El hijo de ambos para no tomar partido se había hecho de los Browns. Otro motivo más de discusión entre ambos.
– Lo ves, por tú culpa, nuestro hijo nunca podrá ahorrar dinero, cada año a comprar una camiseta de otro QB. – eran frases que se repetían el uno al otro.
Pero tras el traspaso por Joe Flacco intentó llevarlo a su terreno comprándole la camiseta del viejo sabroso de los Bengals, algo que no funcionó.En su día el amor entre Natalie y Robert duró hasta las escaramuzas entre Burfict y Antonio Brown. A partir de ahí, la convivencia fue imposible en esa casa.Volviendo al presente, las chicas llegaron al hotel en el que se instalarían esos 3 días. Pero mientras hacían cola para ser atendidas, Jennifer vio llegar a Clay, su ex, con la flamante nueva camiseta de los Ravens de Trey Hendrickson. Nada más verla se puso a reír y le dijo.
– Mira que camiseta llevo Jennifer. Ah, que te gusta, hahaha. -se reía con su risa maléfica.
– ¡La he visto imbécil! Y no me cabrees que me voy a quitar la camiseta para que disfrutes de los tatuajes que tengo en los brazos.
– Vaya, pensaba que estarías de mejor humor pero ya veo que no. -dijo mientras ambos recordaban su etapa juntos.
Jennifer y Clay habían vivido juntos un tiempo. Al principio la cosa iba más o menos bien. Pero los inviernos son largos en las casas de seguidores de rivales divisionales. En una época oscura para el equipo de Jennifer, a ella sólo le quedaban las alegrías ante los rivales divisionales. Por eso celebró por todo lo alto, nunca mejor dicho, saltando en el sofá ese TD de Tyler Boyd en el último momento del partido que dejó fuera a los Ravens de los playoff para meter a los Bills en la post temporada. El cabreo de Clay fue enorme, tanto con su equipo como con su pareja. Además a ella le gustó urgir en la herida. Durante meses estuvo poniendo en la TV la jugada del TD cuando Clay llegaba a casa. Por si no fuera poco, ella se tatuó en el brazo izquierdo la imagen de Tyler Boyd entrando en la end zone. Por eso tuvieron que ir a terapia durante un tiempo para calmar la situación. Acordaron que la sangre no llegaría al río Ohio.
Pero llegó un día que fue a prueba de bombas. Durante un Wild Card, Tyler Huntley cometió un fumble y Sam Hubbard recuperó el balón y cruzó el campo entero. Jennifer empezó a saltar encima del sofá mientras que Clay se iba sulfurando yarda a yarda, hasta que Sam entró en la end zone. No terminaron de ver el partido, por qué Clay lanzó con todas sus fuerzas el mando de la TV contra la pantalla y la rompió. Al día siguiente, Clay cogió un vuelo rumbo a Baltimore, mientras que Jennifer se fue a tatuar la imagen de Sam Hubbard con la máscara de oxígeno en el brazo derecho.
A pocas horas para el draft de 2026, las 3 amigas decidieron salir a tomar unas copas mientras esperaban que fuera la hora para ir a abuchear a Roger Godell y que empezara el espectáculo. Llevaban semanas debatiendo sobre cuál debía ser el pick, pero también sobre cuál sería, que no es lo mismo. En algunos momentos temiéndose lo peor, en otras llegaba la ilusión. El draft era lo más parecido a la Navidad para los niños, pero este año los Reyes habían llegado antes.
Empezaron bebiendo unas cervezas, mientras debatían los peores picks posibles que hubiera podido hacer su equipo en primera, o incluso aún podían hacer en segunda.
– Si eligen a Faulk le pido una cita a un Steeler otra vez. – dijo Natalie.
– Cuidado que la última vez que hiciste esta apuesta te quemaste. – dijo Kate.
– Pues mira que tú, que tuviste que salir con tú compañero de Cleveland por elegir a Billy Price. -respondió con mofa Natalie.
– Si es que era claro que el único C bueno era Ragnow. Quien podía pensar en semejante locura. -replicó Kate poniéndose una mano en la cabeza.
– Ahora no serán capaces de ir a por Howell no? – dijo Jennifer.- Calla, calla, que eso ya sería el colmo.
El debate se hacía más intenso y los nervios de todos los seguidores de la NFL iba en aumento. Pero con la tranquilidad que da no poder cagarla en primera ronda, empezaron a bailar como Sexy Dexy al ritmo de la música que sonaba en el bar.Llegaba la hora del draft y las 3 seguidoras de los Bengals se dirigieron cerca del escenario. Entonces Natalie sacó un bote de gasolina y la echó en un cubo para meter la camiseta de Big Ben. Entonces se abrieron como 3 ríos de gente, por el del centro llegó caminando Ben Roethlisberger, que se miró a Natalie de arriba abajo y le cogió la camiseta con su nombre, sacó un rotulador y la firmó. Después siguió andando para acercarse a algún lugar donde seguir el draft con mejor detenimiento.
Por su parte, Natalie no fue capaz de reaccionar. Le acababan de firmar la camiseta que estaba decidida a quemar, mientras seguía pensando, si el ex QB de los Steelers en realidad se había fijado en sus pechos o en su camiseta de los Bengals.
-Venga quémala ya. -Le dijo Kate.
-Me muero de ganas, pero si algo hemos aprendido de los Brown es en no derrochar el dinero y hoy es mi día de suerte. Es una oportunidad de mercado como el fichaje de Sexy Dexy y hay que aprovecharlo.
Encendió el cubo para llamar la atención, levantó la camiseta de los Steelers y dijo.
– ¿Quien da más de 500 pavos por una camiseta de Roethlisberger con su firma?
Un grupo de borrachos empezó a subir el precio, a ver quién la tenía más larga, aquello parecía X. Así que sin saber como, las 3 seguidoras de los Bengals se alejaron del jaleo, contemplando el Bizum que acababan de recibir. El dinero estaba garantizado. Aún sin salir de su asombro el público empezó a abuchear, Roger Godell se había subido al escenario. Empezaba el draft, aunque a ellas ya les había tocado la lotería. Se cogieron de las manos, sus ojos brillaban de ilusión, miraban hacia la luz del escenario se dijeron.
– Viva Sexy Dexy.
