Todavía de resaca tras los festejos por las renovaciones de Higgins y Chase, volvemos a poner el foco en el ataque. ¿Pero cómo? ¿No habíamos quedado que el ataque era maravilloso y súper productivo? ¿Qué el único problema era una defensa compuesta por jugadores de saldo, responsable de arruinar un ataque capaz de anotar 60 puntos por partido porque encajaría 61? Si alguien piensa así (y por desgracia son muchos) le falta mucho futbol americano por ver. Los partidos los gana y los pierde un equipo, no una unidad concreta.
Si la defensa es más floja (como es nuestro caso), al ataque corresponde prolongar todo lo posible los drives, evitando que los defensas estén mucho más tiempo en el campo. Si el kicker muestra irregularidad (como es nuestro caso), al ataque corresponde tratar de acercar todo lo posible el field-goal a los palos. Si el partido tiene un marcador ajustado (como así ha sido la mayoría de los casos), al ataque corresponde anotar de 7 en 7, en vez de hacerlo de 3 en 3. El hecho de que el ataque sea mejor que la defensa (como es nuestro caso) no le exime de responsabilidades.
Por esta razón, la obligación de cualquier equipo es mejorar en todas sus áreas. Y esto incluye también el ataque, por productivo que haya sido. Los Bengals fueron el 6º equipo más anotador en 2024 (27,8 puntos de media), pero el 27º en anotaciones de touchdown de carrera. Fuimos el tercer equipo con menos yardas terrestres, consecuencia también de ser los segundos con menos intentos de carrera. Está claro que la ofensiva es de todo menos balanceada. Entiendo que con estrellas como Burrow y los receptores, sea el aéreo la base de nuestro juego, pero no deberíamos dejar de lado el terrestre, porque nos puede salvar la vida en muchas ocasiones (en especial, la del propio Burrow al no exponerle tanto).
En este articulo intentaremos analizar si no corremos más porque no somos productivos o porque no lo intentamos lo suficiente (aunque ambas cuestiones están relacionadas). Si es un problema de personal o de planteamiento. O ambos. De si la responsabilidad es de los corredores, de la línea ofensiva, o de los entrenadores. O de una directiva que invierte nada y menos en esta unidad. El primer paso para solucionar un problema es asumir que se tiene, y no tengo claro que la franquicia lo vea así.
Análisis 2024 – Runningbacks.

Tras haber conseguido una rebaja en su sueldo para 2023, a la directiva no debieron parecerle suficiente las 1034 yardas de Mixon y decidieron cortarle. Sin embargo, cuando ya estaba saliendo por la puerta, llegó una propuesta in-extremis de los Texans y cerramos un traspaso a los tejanos a cambio de una 7ª ronda (con la que drafteamos a Anthony, el safety del que hablamos en el artículo anterior). Tras 7 años con nosotros, y siendo un referente en el vestuario y para los aficionados, parecía que su etapa como bengalí ya no remontaría, y lo mejor era que club y jugador tomasen caminos distintos.
El tiempo dio la razón al jugador y se la quitó a la directiva, pero también los técnicos quedaron retratados. Con 3 partidos menos porque se lesionó, volvió a superar la barrera de las mil yardas (1016) y fue un pilar con los de Houston en playoffs. Tal es así que hace poco fue renovado por 3 años más y 27 millones. Está claro que él no era el problema.
Al mismo tiempo que “cortábamos” a Mixon, contratábamos a Zach Moss. El ex de Colts y Bills, venía de hacer una buena temporada (la mejor de su carrera, con 794 yardas y 5 TDs). Parecía que en su 5ª temporada en la NFL estaba a punto de explotar. Pero lo que explotó fue su cuello. Como ya le había pasado anteriormente (rodilla en la universidad, tobillo y pie en 2020, brazo en 2023, …) una lesión le dejaba fuera de combate en la jornada 9. Hasta entonces, su impacto en el juego apenas había sido relevante (242 yardas, con un promedio de 3,3 por carrera). Quizá algo mejor como receptor, aprovechando la atención despertada por nuestros wide-receivers, pero sin duda, insuficiente para las expectativas pretendidas después de que el propio Burrow hubiera declarado en pretemporada que debíamos mejorar el ataque terrestre.
Con la salida de Mixon, y la llegada de un corredor de las características de Moss (más próximo quizá a Perine, a quien tanto echamos de menos en 2023), todo apuntaba a un “backfield-by-committee” compartiendo carreras con Chase Brown, un runningback con un estilo de juego más dinámico. Nada de eso. Tras 3 jornadas relegado a unas míseras 14 carreras (en total), empezó realmente a cobrar cierto protagonismo a partir de la 4ª jornada. Como su rendimiento superaba claramente al de Moss, a partir de ahí se convirtió en el runningback principal y, tras la comentada lesión de Moss, en el único.
Lo cierto es que la irrupción de Brown fue una de las escasa alegrías que nos llevamos los aficionados bengalíes la pasada temporada. Acabó el año con 990 yardas y 7 TDs por tierra, además de 360 yardas y 4 TDs por aire. La sensación general fue que de haberle utilizado más al inicio de la campaña, sus números (y quizá también los resultados del equipo) hubieran sido todavía mucho mejores. Más incisivo entre tackles, y explosivo cuando encontraba hueco por fuera, se le veía una ambición desconocida desde los primeros tiempos de Mixon. Ver que es posible correr sin comerse los culos de sus compañeros de línea también supuso un alivio para la vista.
Quizá las características de Brown, más adaptadas al estereotipo de nuestra línea ofensiva, o la pasión que le echaba a cada carrera, hicieron que por primera vez en varias temporadas volviésemos a tener un juego terrestre del que sentirnos orgullosos. A pesar de los entrenadores. Ordenar 652 pases por solo 380 carreras me parece una gran desproporción. Hacer pasar a Burrow casi 40 veces de media por partido es un disparate. Por muy bueno que sea. Puedo entender que, si no avanzamos con la carrera, sea absurdo insistir en algo que no funciona. Esto vale para un día puntual que, bien porque nosotros no estemos inspirados, o la defensa contraria sea muy buena, haya que recurrir más al pase. Pero no debe convertirse en una constante. Hay que ser capaces de poder correr con más o menos regularidad en cualquier condición.
2024 se llevó por delante (ya era hora) a Pollack, entrenador de línea ofensiva y responsable del juego de carrera. Su sustituto, Scott Peters, ya no tendrá esta responsabilidad de coordinar el juego terrestre, sino que será labor de Montgomery, el entrenador de línea defensiva. Puede ser un cambio significativo ver esta faceta del juego desde otra perspectiva. Por su parte, el pasado de Peters en Patriots y Browns nos habla de equipos donde la carrera ha tenido un papel importante. La necesaria renovación en los puestos interiores de esta unidad debería ir encaminada no solo en la obligatoria protección a Burrow, sino en ser capaz de ayudar un poco más a nuestros corredores.
También el año pasado nos dejó una ofensiva donde por fin empezamos a ver todo el potencial de Burrow y Chase. En mi opinión, el aprendiz Pitcher superó al maestro Callahan. En este su segundo año como responsable del ataque bengalí le tocará dar un impulso a la asignatura que le quedó pendiente: el juego de carrera. Es también su responsabilidad incorporar más jugadas por tierra en el playbook y en el game-plan de los partidos. Todos los equipos, lógicamente, nos van a estar esperando por el aire (safeties profundos, secundaria poblada) lo que deberíamos utilizar para que nuestros corredores aprovechen todo el espacio que se liberará en las primeras yardas.
A nivel de personal, en los últimos días antes del cierre del mercado de traspasos, nos trajimos a Herbert, de los Bears, y por eso ahora no tenemos 7ª ronda. A todos nos pareció en aquel momento un movimiento de cara a la galería para ver que hacíamos algo. Ni Herbert aportó nada destacable (fue titular el último partido en Pittsburgh por la lesión de Brown), ni con su llegada se propició un reparto de carreras. Seguimos siendo un equipo con un runningback principal, y el segundo apenas si toca el balón 3 ó 4 veces.
Y si el segundo runningback es irrelevante, imaginad el tercero. Trayveon Williams no tocó ni un balón en ataque. Ni uno. Se limitó a los retornos de kickoff, pero tampoco estuvo mucho ahí, únicamente 3 partidos entre las jornadas 2 y la 4. Y ya no os digo nada del cuarto. Kendall Milton, undrafted fichado y cortado por Eagles, estuvo en el practice squad todo el año, excepto dos partidos que le activaron por lesión de los que tenía por delante.
En resumen, un nuevo año decepcionante de no haber sido por Brown. Su irrupción nos hace albergar esperanzas para 2025, pero hay que acompañarle mejor, tanto desde la pizarra como por la línea. También hay que progresar en la función de proteger a Burrow cuando los halfbacks se quedan en protección. Otra misión que fue cubierta por jugadores de circunstancias fue la de fullback. Al principio se le encomendó la tarea al tight-end All. El novato no lo hizo nada mal hasta que se lesionó. Entonces le tocó el turno a Hubbard, que como ha sido una constante en su carrera, dio todo lo que tenía. En su último partido como profesional, ante los Titans, anotó un touchdown de recepción saliendo desde esa posición, con la desgracia de lesionarse la rodilla en esa jugada y poniendo así punto final a la temporada.
Agencia Libre

Ya habéis visto la foto. La “perineta” está de regreso. Uno de los mejores RB2 de los últimos años vuelve al lugar del que nunca debimos haberle dejado ir. En todos los equipos por los que ha pasado, Perine ha sido un jugador muy valioso, que ha rentabilizado cada segundo que ha estado sobre el campo. Por su capacidad como receptor y como bloqueador en protección, es de los mejores runningbacks de tercer down. Incluso cuando le ha tocado intervenir como RB1, con más protagonismo puro como corredor, es un jugador cuyo rendimiento ha estado siempre a la altura (4,5 yardas por carrera en sus últimos 5 años).
Con su fichaje, aparte de contentar a la afición, se refuerza una posición bastante corta de efectivos. Este año teníamos dos corredores que terminaban contrato. Khalil Herbert cruzó las apenas 120 millas que separan Cincinnati de Indianápolis y en 2025 jugará para el nuevo equipo de Anarumo. Pocas veces una inversión de 7ª ronda ha sido tan mal gestionada. Trayveon Williams sigue sin equipo, y no tiene pinta de que su situación vaya a cambiar en breve. No echaremos de menos a ninguno de los dos.
Con Perine de nuevo a bordo, habría que pensar qué hacer con Moss. Sigue con contrato para este 2025, y como decía arriba, no vamos sobrados de efectivos en la posición. Sin embargo, con Brown de claro RB1, y Perine de RB2 (con un sueldo de 1,8 millones), los casi 5 millones que debería cobrar Moss me parecen prescindibles. Tampoco es que sea una locura mantenerle en la plantilla, pero dejando solamente 1,5 millones en dinero muerto, esos casi 3,5 de ahorro se podrían emplear para reforzar otra posición del equipo. Puedo entender que su corte no se produzca de forma inmediata como medida de protección ante posibles lesiones en el training-camp, pero no vería sentido a mantenerle como RB3, cuando esta función también lo puede realizar un jugador más “barato”.
Como, por ejemplo, Milton, un chico grande, potente y decidido entre tackles, cuyo estilo físico podría ser una gran ayuda en jugadas de pocas yardas, que se nos vienen atragantando últimamente. Creo que Justin Hill, el entrenador de la unidad, debería abrir la mente y repartir más el juego entre el diferente abanico de perfiles de jugador que hay en el roster. Milton además puede contribuir en los equipos de cobertura de retornos, como ya hacía en Georgia. Es bastante probable que los mejores “fichajes” los tengamos ya en casa y no seamos capaces de verlos.
Por todo lo expuesto arriba, creo que la agencia libre en cuanto a esta posición estaría cerrada. Pero no así el draft. Como decía, la opción de un novato siempre será más económica que la de Moss. Tampoco debemos olvidar que Perine cumplirá 30 años cuando arranque la competición, y no podemos pretender exprimirle mucho más. Si bien no para primer ni segundo día, porque hay otras necesidades más urgentes, creo que no deberíamos volvernos de Green Bay sin añadir un elemento más a la cuadra de corredores.
Draft
Devin Neal #4 (Kansas)
Neal es un chico que ya desde la jornada 4 de su año freshman en la universidad se ganó la titularidad y no la perdería durante sus cuatro años en college. No sólo eso, sino que ha ido progresando temporada a temporada hasta convertirse en el líder corredor de toda la historia de los Jayhawks (record de yardas y touchdowns de carrera, y partidos de más de 100 yardas). Desde los 5 años en que su madre le introdujo en este deporte, el football ha sido su pasión. Nacido en una localidad del estado de Kansas, toda la vida ha sido seguidor de los Jayhawks, incluso rechazando ofertas más interesantes deportivamente. Esto nos muestra a un chico con una profunda fidelidad, que dará todo por los suyos.
Carismático capitán del equipo, ha sido el motor de la ofensiva de Kansas. Neal es un extraordinario atleta que cuando arranca como un cohete es muy difícil seguirle la estela. No es que sea excesivamente rápido (quizá éste sea su mayor defecto), pero tiene un gran instinto para encontrar los huecos y una enorme potencia que dificulta placarle aunque hagan contacto con él. Es precisamente esta explosividad su mayor virtud, con 115 carreras para más de 10 yardas. Es una máquina de primeros downs.
Paciente sin llegar a desesperar, tiene una gran visión de juego y enorme fluidez para cambiar de dirección. Buen movimiento de pies para moverse lateralmente con agilidad. Buena constitución física y balance corporal para castigar las defensas rivales sin verse penalizado por lesiones (40 titularidades consecutivas durante los últimos 3 años de carrera). Muy seguro con el balón (tan solo 4 fumbles en 760 carreras). Es un corredor que va con todo en situaciones de pocas yardas o goal-line.
No tiene las mejores manos de la promoción para las recepciones, pero es ésta una faceta del juego donde ha ido mejorando año a año. Le cuesta localizar el balón en aire, lo que puede ser un problema incluso en pase cortos de jugadas de screen. Como protector del quarterback en acciones de pase es cumplidor, pero no espectacular. Es otra área de mejora que de momento recortaría sus opciones de jugar terceros downs. Su juego es un poco inconstante a lo largo del partido, quizá porque se reserva gasolina para aguantar hasta el final, por lo que sería más productivo compartiendo backfield.
En definitiva, Neal es un corredor sólido y fiable. Comprometido y experimentado, pero con capacidad de aprendizaje. Que sabe hacerse pequeño en espacios reducidos, y grande en campo abierto. Con defectos que pulir (recepciones, protección, elusividad para evitar el contacto o absorber el golpe del linebacker) pero con la determinación de poder ser algún día un “feature-back” mientras comienza su carrera en un rol secundario.
Lo bueno: Destaca por su carácter siempre positivo y chistoso. Su propia madre le considera como el “flautista de Hamelin” por su liderazgo y confianza en sí mismo. Si no sobre en el campo, seguro que al menos podremos divertirnos con él en redes sociales o en las grabaciones del vestuario post-partido.
Lo malo: Llega a la NFL con muchos partidos (49) en sus piernas. Es muy probable que tanto desgaste le pase factura en algún momento.
Proyección: Todo lo que hemos visto de él ha sido contra rivales que no son precisamente de primera fila. Es una incógnita cómo se adaptaría su juego al máximo nivel, por lo que a pesar de sus virtudes, no creo que nadie le elija hasta la 4ª ronda.
Kyle Monangai #5 (Rutgers)

Monangai no ha sido capitán de los Scarlet Knights los dos últimos años por casualidad. Su actitud, ética de trabajo, carácter y liderazgo le han llevado a ser un referente para sus compañeros. La energía que transmite es contagiosa. Se ha ganado el cariño y el aprecio incluso de sus compañeros de línea ofensiva, y eso que no es fácil bloquear para él. No es el jugador más disciplinado a la hora de correr por el hueco que le abren. Si su visión considera que la jugada tiene más posibilidades de éxito por otro camino, hará caso a su instinto.
No obstante, lo que nadie puede negar es el rendimiento obtenido por su iniciativa, y buena parte de ahí viene su prestigio en el vestuario. Fue el corredor líder en yardas de la conferencia Big Ten en 2023 y 2º en 2024. Es el segundo corredor de Rutgers con mayor número de yardas terrestres, y el primero desde Ray Rice (2007) en ser elegido para el equipo All America. Su productividad está más que garantizada. También el espectáculo, aunque sea por sus bailecitos en el vestuario.
Es un jugador con una constitución compacta, pero muy ligero de pies. Eléctrico y ágil, pero capaz de convertir su aceleración en potencia. Su cambio de ritmo deja clavado al rival, pero aunque se vea atrapado, no deja de mover los pies para arrancar pulgadas extra gracias al buen balance con el que corre. Absorbe el golpe y cae siempre hacia adelante. Su bajo centro de gravedad le permite ejecutar cortes laterales para deshacerse de los linebackers. Tiene un gran football-IQ para leer continuamente el campo y atacar la zona más descuidada de la defensa.
Sin embargo, es un tanto pequeño para llevar mucho peso del ataque terrestre. Por esta razón, no creo que tenga mucho éxito en jugadas de pocas yardas. Su falta de tamaño (y de técnica para mantener los bloqueos) le va a impedir ser de mucha ayuda para neutralizar blitzes. Tampoco destaca especialmente como receptor (solo 38 recepciones en su carrera). No es excesivamente rápido, y le faltaría una velocidad extra para dejar atrás a los defensores cuando rompe la barrera.
Pero el gran valor de Monangai es su seguridad con el balón. En 707 toques de balón no ha concedido ni un solo fumble. Sería un buen complemento para Brown (o reemplazo si se lesiona) si los técnicos decidieran alguna vez alternar a los corredores. Además, su experiencia en equipos especiales le permitiría activarle para los partidos.
Lo bueno: Nos entrevistamos con él en la combine y ambas partes salieron muy satisfechas del encuentro. Sería un runningback de primeros downs que permitiría reemplazar a Moss a mucho mejor coste.
Lo malo: El pasado 15 de marzo cumplió 23 años. No digo que sea malo cumplir años, y menos con unas edades tan jóvenes, pero llega a la NFL tras mucho castigo en college después de ser titular en 35 oportunidades durante sus 52 partidos universitarios disputados.
Proyección: Dentro de la incertidumbre general que rodea la posición, donde salvo Jeanty nadie tiene claro dónde podría salir, creo que Monangai podría estar disponible en 5ª ronda. Ojo, no significa que sea mal jugador, sino que hay una extensa clase media en la promoción.
Corey Kiner #21 (Cincinnati)

En nuestra incansable búsqueda del nuevo “Cincinnati Kid”, aquí tenemos a un chico de la localidad, nombrado Mr. Football de Ohio en 2020. Podemos decir muchas cosas de él, pero lo principal es que es más del “Skyline Chili” que del “Gold Star”. Si no sabéis de qué hablo, leed nuestras guías o visitad Cincinnati (foto: Cincinnati Athletics)
Kiner es un corredor pequeño de tamaño, pero grande de corazón. Corre con un estilo feroz, y muestra de ello son los 80 placajes fallados en 2024 (4º mejor a nivel nacional). Por su constitución compacta y su empuje, es muy difícil tumbarlo al primer impacto. Ya sea por su capacidad para eludir el placaje, o su capacidad para rebotar y seguir adelante, es un corredor que gana más yardas de lo que la jugada permitiría a priori. No es muy atlético, pero corre muy bajo, y eso le convierte en un toro que arrasa a quien se le ponga por delante. Una auténtica pesadilla para los placadores, exige mucho al defensor, porque se lo puede quitar de encima con su poderoso stiff-arm.
Tiene muy buen juego de pies, y lo que pudiera perder por su falta de velocidad lo gana con su decisión. Es explosivo y acelera en cuanto ve el más mínimo hueco por el que progresar. Buena visión de juego y velocidad para procesar las jugadas. Se desenvuelve bien entre el tráfico. En protección de pase su actitud es la misma. Lucha con fuerza por cada pulgada sin importarle ser más pequeño que el rusher. En el juego de pase no se ha prodigado mucho, pero posee muy buenas manos (ningún drop en 2024) y aceleración tras atrapar el oval.
Su falta de velocidad le condiciona para conseguir big-plays. Su físico también se queda algo escaso para jugadas de pocas yardas donde tenga mover una pila de rivales. Confía más en su potencia que en desequilibrar con bruscos cambios de dirección. Necesitaría trabajar más las situaciones de pase, tanto en técnica de bloqueo como ampliando el árbol de rutas. Tampoco tiene mucha experiencia en equipos especiales. A pesar de que por su estilo recibe muchos golpes, debe aprender a proteger mejor el balón. No ha sufrido lesiones de consideración, salvo un par de partidos en 2022.
Kiner es un chico muy educado y con los pies en la tierra. Enfocado en lo que hace y con determinación para llevarlo a cabo. Un regalo para los entrenadores. Estuvo un año en LSU antes de pedir el traslado a Cincinnati, donde estuvo los últimos 3. A pesar de no haber funcionado, guarda un buen recuerdo de su etapa “Tiger”, aunque no coincidió ni con Burrow ni con Chase. En el regreso a su tierra influyó mucho su carácter familiar. Su afición al football le viene de ver partidos con su padre, quien, a su vez, fue jugador de beisbol.
Su futuro en la NFL parece más destinado a compartir backfield, aunque posee la experiencia de un veterano, con una destacada productividad (2562 yardas, 8º en la historia de los Bearcats, y 13 partidos de más de 100 yardas). Sin embargo, por su incuestionable ética de trabajo, puede llegar donde se proponga.
Lo bueno: Nos entrevistamos con él en la combine (espero que la entrevista causara mejor impresión que sus habilidades atléticas, donde no estuvo muy destacado). Es muy amigo de Joe Mixon, quien le acompañó en su graduación del instituto, información que le hará ganarse muchas simpatías en nuestra comunidad.
Lo malo: Uno de sus runningbacks favoritos es Jaylen Warren, de los Steelers. Puedo entender que quiera parecerse a un corredor de similares características, pero al enemigo, ni agua.
Proyección: Demasiadas limitaciones lo ponen incluso en la frontera entre ser drafteable o no, pero no haría daño un chico de sus características en 6ª ronda.
Otros nombres de interés
Cameron Skattebo #4 (Arizona State)
Y digo yo, ya puestos a draftear un runningback, o añadir un nuevo skill-player al grupo, ¿por qué no jugarnos un triple? El de los Sun Devils, de orígenes suecos, es uno de los corredores más completos e intrigantes de la promoción. Con más de 1500 yardas terrestres y 500 aéreas en 2024, quedó 5º en la votación al trofeo Heisman. Posee una excepcional visión de juego y corre con un gran balance, lo que le permite arañar hasta la última pulgada. Exitoso en jugadas de pocas yardas (78% de efectividad en tercera y corto). Se toma el placaje como algo personal y castiga al defensor con un poderoso stiff-arm con numerosos placajes rotos (de niño le llamaban Houdini por su habilidad para escaparse del sillón del coche). Excelente movilidad lateral para dejar clavado al placador con sus cortes. Tiene una energía que contagia a sus compañeros. Algo inconsistente en protección al quarterback y no tiene velocidad de elite. Debe aprender a proteger mejor el balón (10 fumbles). Su estilo tan físico puede llevarle a sufrir lesiones. Aunque provenga de una competición menor, le veo saliendo alrededor de la 3ª ronda.
Bhayshul Tuten #33 (Virgina Tech)
Actualmente tenemos en plantilla a Brown, Perine y Moss, por tanto, en realidad, a quien deberíamos reemplazar es a Trayveon Williams, cuya utilidad se limitaba a equipos especiales. En este sentido, uno de los jugadores más excitantes es el Hokie por su productividad en retornos de kickoff (2 touchdowns en 2023). Es un excelente atleta, que hizo el mejor tiempo en las 40 yardas de la combine entre los runnigbacks (4,32 segundos). Facilidad para cambiar de velocidad (no tanta para moverse lateralmente). Constitución compacta que le permite absorbe impactos de los defensores. Problemas con la seguridad del balón (drops y fumbles). Pone interés, pero le falta técnica en protección de pase. Se lesionó el tobillo al finalizar la campaña 2024. Desde que empezó en college en North Carolina A&T ha ido mejorando año a año, por lo que tiene margen para progresar mientras empieza en equipos especiales. Es un jugador del que enamorarse, y no solo porque su cumpleaños sea el 14 de febrero. Diría que puede salir sobre la 5ª ronda.
Tahj Brooks #28 (Texas Tech)
El Red Raider no solamente ha producido a nivel estelar sobre el campo, sino que fuera de él ha ganado prestigiosas condecoraciones académicas. En 2024 encadenó 11 partidos consecutivos de más de 100 yardas, una cifra solo igualada por Jeanty, el mejor de la promoción. No es el más atlético de los que se presentan este año, pero la intuición, la ferocidad y el carácter competitivo no se pueden medir con metros ni cronómetros. Potente y violento corredor, con capacidad para romper placajes (96 en 2023 y 58 en 2024). Siempre suma más de lo que la jugada da de sí (pocas acciones con yardas negativas). Físico bulldozer Norte-Sur para ganar las yardas difíciles. Mucha experiencia (quizá demasiada) en sus piernas. No aporta demasiado en el juego de pase como receptor (aunque sólo tuvo 2 drops) ni como protector identificando blitzes (aunque le pone voluntad). Algunos problemas de fumbles (4 en los últimos 2 años). Ante algunos rumores de que Moss no llegaría a tiempo de empezar la liga, nunca viene mal un jugador de rotación en rondas bajas, como podría ser nuestra 6ª. Este chico, hijo de un entrenador de football de chavales, lleva jugando desde los 5 años, y lo que le falta de talento lo suple con entusiasmo.
(foto de portada: Kansas Athletics)

Redactor en Bengals.es
Redactor en Spanish Bowl
Ex-Redactor de la AFC Norte de la NFL en el Diario AS
Colaborador de «La Perrera Brown».
Integrante del foro de los Cincinnati Bengals en NFLHispano.com
