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Análisis 2025 y previsión draft 2026: Defensive-Tackles

Seguimos con los análisis y, aunque normalmente me gusta ir alternando entre defensa y ataque para no hacerme (más) aburrido, el desastre de 2024 me obliga a centrarme en el apartado defensivo como prioritario. No hay grupo de esta unidad que no necesite un lavado de cara, refuerzos de calidad, profundidad de banquillo, o todo a la vez. La semana pasada vimos el exterior de la línea defensiva, ahora deberíamos centrarnos en el centro (valga la redundancia). Los jugadores interiores de la trinchera defensiva. Los gordos por antonomasia.

No, no me he equivocado de año. He optado por repetir el enunciado de la temporada pasada porque sigue siendo tristemente válido. Como podéis comprobar, los problemas defensivos, y más concretamente en la línea, son recurrentes. Si había una mínima presión interior en 2024, ésta desapareció totalmente en 2025. ¿Se sacrificó ésta para mejorar la defensa contra la carrera? Pues siendo últimos de la liga, con 2500 yardas terrestres encajadas, la respuesta es no.

Tan triste como la ineficaz plantilla actual son las escasas perspectivas de mejora. No parece que los jugadores actuales sean capaces de revertir la situación, ni la agencia libre ofrece alternativas ilusionantes. Tampoco plantearía la posibilidad de pasar al interior a Murphy o Stewart, salvo situaciones puntuales, porque no andamos sobrados de defensive-ends, como vimos en el artículo anterior. Tocará volver a cruzar los dedos para que el draft intente paliar el dramático estado actual, con todo lo que esto supone de riesgo de equivocación y falta de inmediatez en la respuesta. Vamos al tajo.

Análisis 2025 – Defensive Tackles

Tras la negligencia de 2024 donde fuimos sin un Nose-Tackle puro, una de las primeras acciones de la agencia libre de 2025 fue fichar a T. J. Slaton. Aunque sus números individuales no fueron malos, seguimos envueltos en la bruma y no se mejoró el rendimiento global (foto: Lauren Leigh Bacho/Getty Images)

El despido de Anarumo como coordinador defensivo llevó aparejado también la marcha del entrenador de línea defensiva. El nuevo entrenador de la unidad, Jerry Montgomery, llegaba con buenas credenciales de Patriots, y se ficharon también a varios asistentes con experiencia en línea defensiva. Parecía que incluso podríamos evolucionar a una formación de 3-4, pero al final mantuvimos los esquemas que teníamos.

Uno de los mayores fiascos, el DT Rankins, prácticamente inédito en 2024 por una grave enfermedad, fue cortado. Por cierto, volvió a Texans con una destacada actuación. Se intentó mejorar el personal con el fichaje del NT Slaton y la renovación del DT B.J. Hill, el único jugador de la unidad que brilló en 2024.

En el draft, por falta de ambición, pasamos de escoger a jugadores que nos podrían ilusionar, como Nolen. Tocaba confiar en el progreso de los jóvenes Jenkins y Jackson. Sí, yo también me he reído mientras lo escribía. Al final, el único refuerzo novato fue el undrafted Cross, un NT corto de tamaño, pero que venía de Notre Dame como Golden. Gregory, otro DT undrafted, fue cortado para incluirle en el equipo de prácticas, pero se lo llevaron antes los Patriots.

Algo vería Montgomery durante la pretemporada que no le gustó, que fichamos al veterano NT Pennel (34 años), mientras que McKinley Jackson se quedaba sin vestir de corto los domingos. El ex de Chiefs retornaría un par de meses después a su Kansas City querida tras pedir ser cortado.

A nivel individual, Slaton logró los mejores números de su carrera: 52 placajes y 3 sacks, mejorando los de cualquier año del recordado Reader. Por su parte, Hill, sano todo el año, también mejoró ligeramente sus estadísticas de 2024. Mientras, Jenkins y Jackson, que deberían haber dado un paso adelante, lo dieron hacia atrás. Absolutamente irrelevantes, y lo que es peor, dejando pésimas sensaciones para 2026.

Con estos limitados titulares, y tan pobres relevos, no resulta extraño que los rivales consiguieran un promedio de 5,2 yardas por carrera (2ª peor marca de la liga). Sobre todo, porque dejaban vendidos a unos linebackers rookies bastante mediocres (ya hablaremos de ellos en su momento). Sin apenas presión al QB, ni contundencia contra la carrera, es fácil imaginar el desastroso desenlace defensivo que nos trajo la nefasta temporada 2025.

Para 2026, tenemos bajo contrato a Slaton, mientras que Hill, Jenkins y Jackson lo tienen hasta 2027. Conocemos lo bastante a nuestra franquicia para tener claro que, aunque sean necesarios, no se van a producir cortes. Otra cosa sería buscarles un traspaso, si algún equipo pudiera estar interesado. Lo que creo que todos tenemos claro es que necesitamos revulsivos para la unidad.

Agencia Libre

A pesar de que tendría 31 años cuando comience la campaña 2026, Kenny Clark es un jugador que ha disputado al menos 16 partidos en cada una de las últimas 5 temporadas, en las que ha sido 2 veces Pro Bowler (foto: dallascowboys.com).

La agencia libre se presenta particularmente exigua de talento, y en especial en la posición de defensive-tackle, donde sólo aparecen jugadores mediocres o excesivamente mayores. Por esta razón, sospecho que la estrategia de la estrategia de la directiva será sentarse a esperar a que el salary-cap provoque víctimas en otros equipos a quienes poder echar el lazo.

Sin embargo, creo que no nos conviene una actitud pasiva nuevamente. Si no hay nada en la agencia libre, es el momento de ser agresivos y buscar un traspaso. En especial, de jugadores que, en su último año de contrato, podrían incluso renegociarlo si recalan aquí para hacer menos duro el golpe económico. Dentro de esta categoría podría estar Kenny Clark, un jugador al que Jerry Montgomery, nuestro entrenador de línea, tuvo en los Packers durante 8 años. Es posible que los Cowboys terminen cortándolo porque están asfixiados con el tope salarial, pero con un traspaso por una ronda media (u otro jugador “barato”, como Jenkins), podría ser nuestro sin necesidad de esperar a que salga al mercado.

Otras opciones podrían pasar por Jeffrey Simmons, pero el de los Titans es tan valioso para su equipo que pedirían mucho a cambio. Otra opción podría ser Dexter Lawrence (29 años en 2026) cuyo declive en 2025, y la necesidad de reconstrucción en Giants, podría facilitar su salida.

Otras opciones en la agencia libre podrían ser Franklin-Myers, pero sospecho que económicamente se saldría de los planes. Christian Wilkins es un riesgo (lesión, conducta,…), pero quien no arriesga no gana. Aunque quizá, la opción más razonable sería la de Logan Hall, un jugador todavía joven (26 años), a quien le beneficiaría un cambio de aires y, con un contrato bien estructurado a varios años, no debería salir excesivamente caro.

Draft

Peter Woods #11 (Clemson)

Si, tocando madera, nos cayera Woods (valga la redundancia), conseguiríamos de golpe solucionar el grave problema que tenemos de presión interior desde que nos dejó Geno Atkins (foto: Isaiah Vazquez / Getty Images)

En nuestro esquema de línea defensiva de 4 jugadores, debemos diferenciar en las posiciones interiores entre 1T (nose tackle) y 3T (defensive-tackle). Mientras que para la primera opción tenemos a Slaton (y es una posición que no suele estar todos los downs en el campo), para la de 3T necesitamos un jugador que genere presión o, al menos, reclame el bloqueo de dos jugadores de línea ofensiva rival, para liberar a los rushers exteriores. Es para esta misión, donde Hill no termina de ser dominante, y menos Jenkins, cuyas cualidades son otras, donde principalmente necesitamos reforzarnos.

En este sentido, Woods es, de largo, el jugador más dotado de este draft. Su explosividad y capacidad atlética están por encima de las de cualquier compañero de promoción. Combina una potencia y agilidad inigualables, que le convierten en el DT3T perfecto. Sus manos son poderosas y, combinadas con unos pies ligeros, puede desembarazarse rápidamente de su oponente y, por su visión de juego, alcanzar al portador del balón por detrás de la línea de scrimmage. Pero, además, también tiene el suficiente rango como para salir en su persecución si es necesario.

Tiene un instinto especial para identificar la jugada. Juega bajo, lo que le permite ser firme en el bloqueo, o desplazar al liniero ofensivo según considere. La defensa contra la carrera es su fuerte por su violento estilo de juego. En el pass-rush, consigue superar por técnica y habilidad a su oponente. Es un jugador muy activo, que juega con pasión desde el minuto 1 al 60. Aunque con nosotros sería un jugador interior, en college también ha sido utilizado en el exterior, e incluso tiene experiencia en ataque como fullback, destrozando a los linebackers rivales.

Uno de sus mayores defectos contra el pase es que, pese a penetrar consistentemente en el backfield, se le escapan muchos sacks (sólo hizo 5 en toda su carrera). Además, tiene un porcentaje de placajes fallados superior a lo habitual (16,7% en 2024) por pasarse de frenada. Sus brazos son un poco cortos, y hay dudas de que pueda sostener dobles bloqueos. No controla todavía mucha variedad de movimientos de pass-rush.

Estamos ante un jugador que puede marcar diferencias en la NFL. Un trabajador nato, con un alto coeficiente intelectual y un carácter apacible. Hijo de un pastor religioso, creció cantando gospel en la iglesia, montando a caballo en la finca de sus abuelos, y abriendo las puertas a trompadas cuando era niño, para desesperación de su madre.

Lo bueno: Sólo tendrá 21 años cuando empiece la competición, por lo que, a pesar de que su nivel ya es muy alto, todavía tiene margen de mejora.

Lo malo: Escasa productividad en su etapa colegial. Tras la mala experiencia con Stewart, no es un detalle menor.

Proyección: Es un jugador top, que va a salir en los primeros picks de 1ª ronda. Tanto, que es muy probable que no nos llegue a nuestra elección en el 10º puesto.

Christen Miller #52 (Georgia)

Miller va a tener una exitosa carrera en la NFL. Pero si no fuera así, se podría dedicar a la música, ya que es un enamorado del country, siendo compositor y cantante bajo el seudónimo «Percy», con canciones producidas en su dormitorio (foto: Jeffrey Vest/Icon Sportswire via Getty Images)

 Si queremos dar un salto de calidad en la línea defensiva, no podemos pretender hacerlo con picks de mitad del draft. Si en primera ronda optamos por otra posición, no más allá de segunda deberíamos ir por un defensive-tackle… o dejarlo para otro año, porque para suplentes ya tenemos los actuales.

De hecho, es incluso bastante probable que Christen Emmanuel Miller ni siquiera llegue a nuestro pick#41. En un caso así, donde, en mi opinión, el siguiente jugador válido para nuestros intereses estaría a años luz, podría estar justificado dar picks (o jugadores) para subir. No es el monstruo en el pass-rush que necesitaríamos (no hay nadie así en este draft), pero su capacidad para frenar la carrera le pondría mucho tiempo en el campo, para poder mejorar desde ahí la habilidad para presionar al QB.

De él destacaría la capacidad atlética para su tamaño. Se mueve con una agilidad sorprendente para alguien de su peso y volumen. Su mayor virtud es la fuerza bruta, pero su explosividad y movilidad suele pillar con la guardia baja a los linieros ofensivos. Es un jugador que se ha alineado en todas las posiciones de la línea, desde la 1T a la 5T, aunque en nuestro esquema lo haría en la 3T.

Juega muy bajo, y con una violenta ejecución de manos. Tiene un gran balance y control de su cuerpo. Puede sostener dobles bloqueos, y cerrar el paso a la carrera es siempre su prioridad. Nunca deja de pelear, y tiene la habilidad necesaria para no quedar atrapado entre el tráfico, y quitarse a su bloqueador para perseguir al portador del balón, aunque no vaya por su gap. Tiene una increíble flexibilidad en caderas y tobillos para ejecutar twists o stunts, por lo que también es peligroso en jugadas de pase.

Debería confiar más en su potente bull-rush y no fiarlo todo a su movilidad lateral. Tendría que ser más agresivo, porque tiene potencial para ello. Tiene que aprender a identificar mejor las jugadas y ser más paciente. Está un poco verde en sus movimientos de pass-rush, pero aún es joven. Debe refinar su técnica. El año pasado se incrementó su ratio de placajes fallados, lo que es un área a mejorar. Se tuvo que operar el hombro tras la temporada 2024.

El hecho de tener uno de los mejores grados contra la carrera de todo el draft (90,2) no debería eclipsar su capacidad para penetrar en el backfield. Es un jugador de la vieja escuela: duro, sólido, incansable… que con un buen tutelaje (algo en lo que desgraciadamente no destacamos), se puede convertir en un auténtico dolor de muelas para el rival, tanto para la carrera como para el pase, permaneciendo los tres downs en el campo.

Lo bueno: Posee una mentalidad ganadora, con dos títulos de instituto, y el campeonato universitario en su primer año en los Bulldogs.

Lo malo: Pese a sus cuatros años de carrera universitaria, y siendo titular en los dos últimos, sólo acumula 5 sacks. Es muy poco para el caos que suele generar en las OL rivales.

Proyección: De momento se proyecta para finales de primera ronda, pero ya sabemos que el proceso pre-draft es traicionero, y podría caer al principio de segunda ronda, o más allá. Pero no mucho más allá.

Skyler Gill-Howard #0 (Texas Tech)

Su pasado como luchador de lucha libre (dos veces finalista del estado de Wisconsin) le ha proporcionado disciplina y un excelente control de su cuerpo, lo que ha sabido trasladar a sus cualidades como defensive tackle (foto: 247 Sports)

He estado pensando si en rondas bajas no sería más interesante reclutar a un nosetackle, dado que parece ser que Montgomery ha perdido la fe en McKinnley Jackson. Sin embargo, pienso que, en caso de jugar a la lotería, mejor que nos toque con un boleto de DT3T. Para suplente en el NT, bien puede valer tanto Jackson o, si no se desarrolla adecuadamente, cualquier otro jugador random a quien fichemos en el último momento, como Pennel el año pasado.

De Gill-Howard destacaría, sobre todo, su nombre. Skyler suena molón, y su apellido, compuesto por los de su madre y su padre biológicos (en este orden), ya sabéis que siempre suma en nuestra clasificación. Pero también hay que señalar que ha destacado en los Red Raiders, quienes han cuajado una gran campaña en el apartado defensivo. Y sobre todo, que su principal cualidad es atravesar la muralla rival. Aunque sólo fuera como especialista puntual en jugadas de pase, sería una interesante adición.

La trayectoria deportiva de nuestro protagonista no ha sido fácil. Comenzó en la desconocida Upper Iowa University de Division II, donde comenzó como linebacker hasta destacar al final como defensive tackle después de subir de peso. Esto le valió para dar el salto a Northern Illinois donde, tras un primer año en blanco como redshirt, empezó a encontrar minutos de juego hasta acabar como capitán de los Huskies en 2024. Al año siguiente se transfirió a Texas Tech, donde una lesión de tobillo truncó su titularidad y sólo jugó 6 partidos.

A pesar de su limitado tiempo de juego en 2025, su presencia se hizo notar: 9 placajes (2,5 para pérdida de yardas), 6 QB-hits, y una intercepción retornada 55 yardas para touchdown que le permitió ganar el galardón de Big 12 Defensive Player of the Week. Sumó un sack a los 6 que traía de NIU. Antes de lesionarse, Pro Football Focus le tenía como el 4º mejor DT de la nación.

Gill-Howard es explosivo en el arranque de la jugada. Su buen balance le permite adueñarse rápidamente de la situación, y su alto football-IQ identificar rápidamente la acción. Su capacidad para penetrar en el backfield y generar caos es de nivel NFL. Sus manos son muy activas y sus pies, rápidos, con una gran habilidad para desembarazarse de los bloqueos. Es muy competitivo, con un motor incombustible, para perseguir a quien sea, aunque no se trate de su responsabilidad.

Como principal argumento en contra podemos encontrar que su tamaño es un tanto pequeño para los estándares de la posición. Esta falta limita obviamente su capacidad de bull-rush. Su experiencia ante rivales de primer nivel se limita a los 6 partidos disputados en Texas Tech. Su técnica de placaje es francamente mejorable, y ante corredores más rápidos y potentes como los que enfrentaría en la NFL, puede ser un problema de placajes fallados.

En definitiva, estamos ante un chico que ha sido capaz de sobreponerse a la adversidad, superándose año a año. No va a absorber dobles bloqueos, pero puede romper la barrera defensiva por el centro para obligar a huir al QB de forma continuada. Quizá no sea un jugador a tiempo completo, sino un especialista contra el pase hasta que gane más físico, con la ventaja adicional de tener experiencia en equipos especiales.

Lo bueno: Su padre se llama Geraldo. Es lo más parecido que he podido encontrar para agradar a nuestro camarada Gerar, impenitente reclamador de defensives tackles. Vive con su padre y su madrastra, quienes tienen 9 hijos más menores que él, por lo que ha desarrollado capacidades de liderazgo y para desenvolverse en espacios reducidos.

Lo malo: Su historial de lesiones y la falta de competencia al más alto nivel puede hacer que los equipos se lo piensen dos veces antes de draftearle.

Proyección: Diría que alrededor de 5ª ó 6ª ronda, por lo que podría estar en nuestro pick#187.

Otros nombres de interés

Si algo caracteriza a los Bengals es que suelen escoger precisamente al jugador que no queremos los aficionados. Este año, en esta posición, el jugador que más miedo nos da es Banks, así que ojito no vaya a ser el elegido (foto: Clutch Points)

Caleb Banks #88 (Florida)

Tras pasar dos irrelevantes temporadas en Louisville, fue a Florida, donde no sólo se convirtió en titular indiscutible, sino que volvió para un último año en 2025 a pesar de tener buenas perspectivas para el draft de ese año. Destaca de él su físico descomunal. Es un gigante al que es imposible mover. Si se queda alineado en uno contra uno, su explosividad le convierte en imparable. Sin embargo, conforme avanza el partido y se empieza a cansar, juega demasiado alto, y no tiene repertorio de movimientos para ejecutar un plan “B”. Su rendimiento ha sido muy irregular, con partidos muy buenos y otros intrascendente. Su buena actuación en la Senior Bowl le sitúa para salir elegido en primera ronda, a pesar de sobrevolar el riesgo de ser un “boom or bust” si no consigue trasladar su poderío físico al nivel técnico adecuado.

Lee Hunter #2 (Texas Tech)

Hemos tenido que esperar hasta aquí para hablar de un jugador con tamaño prototípico. “RefrigeradorHunter es un jugador muy compacto y con un impresionante ancho de brazos, que sabe usar (y en ocasiones, abusar, lo que tampoco es bueno) de su físico. Esta fortaleza le habilita para ser un muro en jugadas de carrera, incluso desde la posición de 1T, pero al ser tan unidimensional en el pass-rush, probablemente volviera al banquillo en las de pase. Buen control de su cuerpo y movilidad lateral. Lento para perseguir QBs o RBs. Llegará a la NFL con 24 años y una hija de 6. Saldrá en el draft entre el final de la primera ronda y principio de la segunda. En mi opinión, no es el perfil que necesitamos, pero con nuestra directiva (Slaton es agente libre en 2027), nunca se sabe.

Dontay Corleone #2 (Cincinnati)

Nacido y formado en Cincinnati, su apodo no podía ser otro que “el padrino”. Demostrando su lealtad, rechazó ofertas de otras universidades por permanecer en la Queen City junto a su familia. Sólo por esto deberíamos hacerle una oferta que no pudiera rechazar. Respetado por compañeros y rivales, estamos ante un nose-tackle de manual, con una extraordinaria capacidad para frenar la carrera por fuerza bruta, y de “limpiar” el camino para que los linebackers puedan penetrar desde atrás para finalizar la jugada. Vendría para sustituir a Jackson (no es nada personal, solo negocios). Es capaz de absorber dobles (y hasta triples) bloqueos, porque sabe que, aunque hay tener cerca a los amigos, hay que tener más cerca aún a los enemigos. Con los nose-tackles es complicado determinar cuándo podrían salir, pero calculo que entre 2ª y 3ª ronda.

Domonique “Big Citrus” Orange #95 (Iowa State)

Siguiendo con la temática del Padrino, ya sabéis que cuando aparece una naranja, alguien muere. Algo así deben sentir los centers y guards que se le enfrentan porque acaban destrozados. Sus poderosos trenes inferior y superior le llevan a conseguir placajes incluso con el liniero ofensivo colgado del cuello. Tiene un carácter competitivo y entusiasta. Buena movilidad lateral y capacidad para perseguir al portador del oval. Sus brazos cortos le generan problemas para desembarazarse de los bloqueos. Tiene que refinar más su técnica. Su inconsistente producción sugiere que tardará un tiempo hasta ser efectivo en la NFL A pesar de tener apellido de fruta, siente predilección por la comida basura, así que debe cuidar no irse de peso. Sospecho que saldrá en la 3ª ronda.

David Gusta #60 (Kentucky)

De David Gusta, gusta (valga la redundancia) sobre todo su capacidad para el pass-rush (tenía el 4º mejor pass-rush grade entre los defensive-tackles del país para Pro Football Focus en 2024 cuando aún militaba en Washington State). Su apodo “bone” se debe a que, tras los entrenamientos, sus compañeros suelen necesitar asistencia médica. Se mueve muy bien a pesar de su tamaño. Puede absorber dobles bloqueos para frenar la carrera, y utilizar sus poderosas manos y explosividad contra el pase. Sus estadísticas de sacks no son espectaculares, pero genera presión de forma consistente. Amplia experiencia colegial como titular (36 de 44 partidos disputados). Como amante de la comida asiática picante, seguro que disfrutaría de nuestro Cincinnati Chili. Colecciona figuritas japonesas de anime, e intentó aprender sin éxito a tocar el piano (Burrow le podría enseñar). Se espera que salga a final de la 6ª ronda o en la 7ª.

(foto de portada: Clemson Sports News)

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