Seguimos con los análisis de 2024 y, ¡oh, sorpresa! volvemos a incidir en la defensa. Una unidad cuyo catastrófico rendimiento la temporada pasada se llevó por delante al coordinador defensivo Anarumo, una decisión no enteramente compartida por la base social de los aficionados, pero evidenciaba que algún cambio radical había que realizar. Le acompañó en la salida del club Marion Hobby, entrenador de una línea defensiva que también estuvo muy discutida en 2023. Para la próxima campaña llega Jerry Montgomery desde Nueva Inglaterra, un entrenador que, estoy convencido, va a traer muchos cambios a este grupo, tanto por necesidad como por filosofía. Empecemos por los jugadores exteriores.
Análisis 2024 – Defensive ends

2024 debía ser el año de la explosión de Myles Murphy, flamante primera ronda del draft de 2023. Spoiler: no lo fue. Pasó del 28% de snaps en 2023 al 31% en 2024. Y eso que la lesión de Hubbard hacia el final de la temporada le abrió la puerta a una mayor participación. Tampoco ayudó que se perdiera el primer mes de competición tras un esguince de rodilla al final de la pretemporada. Acabó el año con la escalofriante cifra de 0 sacks conseguidos. Ya sabemos que los números no lo son todo, pero el problema es que la sensación fue todavía peor.
Podemos buscarle todas las excusas que queramos: que juega en el mismo sitio que Hendrickson y por eso no pudo desarrollar sus cualidades, que se le utilizó más cayendo en cobertura, que la lesión de rodilla limitó su progresión, que fue gracias a su presión por un lado que Hendrickson consiguió tantos sacks por el otro… Pero la realidad, innegable, es que conforme avanzó la competición, Ossai disputó más minutos que él. La razón esgrimida por Anarumo es que Ossai era mejor contra la carrera, lo cual tampoco dice mucho en favor de Murphy en este apartado del juego. Sin impacto en el pass–rush, y superado contra la carrera por un defensive-end cuya especialidad precisamente no es ésta, el futuro de Murphy se oscurece bastante. Desde luego, actualmente sería una locura pensar en él como titular en 2025. Ojalá me coma mis palabras.
Pero no adelantemos acontecimientos. Estábamos analizando el año 2024, que empezó, como casi todos, con Hendrickson solicitando una mejora de sueldo o un traspaso (también ha empezado así 2025, por cierto). Tras ser noticia durante un tiempo en los medios (en offseason cualquier tontería es relevante), se incorporó a los entrenamientos dando por buena la extensión firmada el año anterior, y concienciándose para tener un 2024 más espectacular sobre el que tener mejor base para renegociar el contrato (como así resultó). La temporada de Hendrickson, líder de la NFL con 17,5 sacks, fue merecedora de haberse llevado el galardón al mejor jugador defensivo del año, pero como en el caso de sus compañeros de ataque, el triste balance de la franquicia le dejó sin opciones (en este punto me pregunto qué demonios tendrá que ver el resultado de un equipo con el rendimiento individual de un jugador, con más mérito si cabe, cuando el resto de los compañeros son unos inútiles).
Seguimos con el otro titular, Hubbard. Según reveló el propio jugador, estuvo a punto de perderse completamente la competición de 2024 por complicaciones derivadas de su operación de rodilla sufrida la temporada anterior. Estas molestias le llevaron a producir su peor campaña: solamente jugó el 46% de snaps, para apenas 41 placajes y 2 sacks. A su favor, que consiguió la primera intercepción de su carrera, y además, doblando participación en ataque como improvisado fullback, consiguió un touchdown de recepción (con tan mala suerte que se lesionó el brazo en esa jugada y ahí acabó su temporada). La realidad es que su año fue tan malo como apuntan los números, y en más de una ocasión pedimos que se redujera aún más su participación en defensa. Cumpliendo 30 años este verano y con numerosas lesiones sobre su cuerpo, resulta más una cuestión de fe (o de cariño) pensar en que pueda remontar.
Bien por el bajo rendimiento general de la unidad, o bien por el estímulo de estar en año de contrato, el caso es que Ossai tuvo su mejor temporada, mostrando detalles del buen jugador que se esperaba que fuera cuando le drafteamos en 3ª ronda de 2021. También contribuyó el hecho de permanecer sano durante toda la temporada por primera vez en su carrera. Aún así, siguió como jugador de relevo hasta la lesión de Hubbard, cuando logró sus primeras titularidades en la NFL. Participó en el 51% de snaps, logrando 46 placajes, 5 sacks y 15 QB-hits. Su juego, si bien no espectacular, ha servido para hacerse notar y, si no con nosotros, lograr un buen contrato en otro club.
Con los 4 primeros puestos del depth chart ocupados, no tenía mucho sentido reforzarse en agencia libre, así que no lo hicimos. Tampoco en el draft, hasta que a finales de 6ª ronda elegimos a Cedric Johnson. Su misión era dar profundidad y aportar en equipos especiales. Las lesiones de Murphy y Sample le permitieron entrar en el roster principal, y ya no lo abandonó en todo el año, aunque solo estuvo activo en 9 partidos. Nada que destacar, salvo un sack a Nix en minutos de la basura. Es posible que, con una nueva filosofía defensiva, pueda tener más opciones en 2025. Pero deberá ganarse una plaza en el equipo durante el training-camp porque seguro que le traerán competencia.
Una de las razones que argumentábamos para la presencia de Johnson fue la lesión en agosto de Cam Sample (el “Sample bueno” para muchos). Su rotura del tendón de Aquiles le va a perjudicar esta agencia libre, porque acaba contrato. Aunque oficialmente un defensive-end, con nosotros ha desempeñado una labor mixta por el interior. No debería despertar excesivo interés en el mercado, así que podría regresar para esta función híbrida desde el banquillo. Desde 2020, cada año hemos drafteado al menos un defensive-end, y de todos, salvo Ossai (y solo el año pasado), éste es el único que ha demostrado cierta regularidad. Los Kareem, Hubert, Gunter, … ya no están con nosotros (ni se les echa en falta).
El último jugador de la unidad es Isaiah Thomas, un fichajede ida y vuelta. 7ª ronda de 2022 por los Browns, le fichamos a finales de agosto para nuestro equipo de prácticas cuando le cortaron. De ahí le ficharon los Lions en octubre y, un par de meses después, cortado por Detroit, le volvimos a contratar. No ha debutado con nosotros, pero está claro que hay interés en el chico. También parece haberlo con Raymond Johnson, quien lleva 3 años en nuestro equipo de prácticas, aunque sólo sea como aguadores (con todo el respeto para tan digna profesión).
Agencia Libre

Cronológicamente, el primer paso sería decidir qué hacer con los jugadores que terminan contrato: Joseph Ossai y Cam Sample. Del primero ya hemos comentado su importante papel en la defensa el año pasado. Si bien creo que nadie piensa en él como titular, es de los poquitos jugadores que, saliendo del banquillo, no hace el ridículo. La de edge es una posición cotizada, así que no hablamos de una renovación barata; pero tampoco es un jugador tan destacado como para tener equipos haciendo fila para contratarle. Creo que, dentro de unas pretensiones económicas razonables, se debería intentar renovarle. En contra, su agente es Mulugheta. Igualmente, si termina yéndose porque decidimos invertir ese dinero en otras posiciones, tampoco debería generar ningún drama. El otro caso es más sencillo. Sample no ha destacado especialmente desde que fue drafteado en 2021. Es cierto que ha servido como relevo de utilidad en un papel híbrido DT-DE, pero como mucho le renovaría por el mínimo, sin garantía de plaza final en el roster.
Otro tema, más escamoso desde el punto de vista sentimental, sería qué hacer con Hubbard. Su salario de 11 millones para 2024 excede su aportación actual, y en 2025, ya con 30 años, no apunta a que vaya a mejorar. Se le podría firmar una extensión para reducir el impacto de ese sueldo en base a todo lo que nos ha dado y el cariño que tiene la afición al “Cincinnati Kid”, pero esto es un negocio, y su corte liberaría 9 millones muy necesarios en otras áreas. En cualquier caso, no creemos que se produzca salvo que ya encontrásemos algún sustituto, bien sea en la agencia libre o vía draft.
Existe un debate abierto sobre Higgins y Hendrickson, en el sentido de que para atar al uno deberíamos dejar ir al otro. Aunque ya nos explicó nuestro compañero Daniel que éste es un falso debate, ya que hay espacio salarial para ambos, conocemos de tantos años a la directiva que resulta inevitable pensar en que nos vendan este relato, e incluso nos pidan que estemos agradecidos por haber retenido al menos a uno de ellos. En tal caso, ¿cuál sería vuestra opinión? La mía es que, sin Higgins, la ofensiva pierde muchos enteros, mientras que la defensa es penosa incluso con Hendrickson. Perdiendo a Higgins apenas sacaríamos una tercera ronda compensatoria, mientras que con Hendrickson podríamos sacar una mayor tajada en un traspaso.
No obstante, no debemos olvidar que Hendrickson sigue todavía bajo contrato por la extensión que firmó en 2023. Es decir, el club no tiene ninguna obligación de mejorar su contrato, y que el jugador decida si prefiere cobrar los 16 millones que le corresponden o quedarse en su casa. Aunque claramente es un salario muy por debajo de su valor, mi impresión es que finalmente ambas partes se pondrán de acuerdo en una merecida mejora. No sólo se trata de mantener a uno de nuestros baluartes (y para quien no tenemos sustituto, esta es la verdad), sino de enviar un mensaje a la plantilla en el sentido de que el esfuerzo obtiene recompensa.
Pero como somos los Bengals, siempre hay que ponerse en el peor de los casos. Imaginemos que perdemos, de una tacada, a Ossai, Hendrickson y Hubbard. Quedarnos únicamente con Murphy produce pavor. No habría picks suficientes en el draft para taponar tamaña vía de agua, por lo que tendremos que buscarlos en el mercado. Obviamente, de cuáles sean nuestras pérdidas reales dependerá el nivel de jugador que debemos fichar: si un titular, si dar profundidad, … Ah, y antes de seguir leyendo, olvidaos de fantasías como traspasar por Garrett o Crosby para evitar haceros daño.
Un jugador que últimamente está despertando mucho interés es Dayo Odeyingbo. Me cuesta creer que Anarumo vaya a desprenderse de él, pero con Paye en la opción de 5º año, y Latu recién drafteado, no hay mucho espacio para él en el edge de los Colts. Sin embargo, hay varios equipos detrás de él, y no nos saldría por menos de 16 millones anuales. A menor escala, otro joven interesante sería Patrick Jones. Con los edges de Vikings asignados a Van Ginkel y Turner, es improbable que renueve en Minnesota.
Otras opciones, más económicas, para dar profundidad a la posición, podrían ser Wise, que, aunque tenga 30 años, conoce el sistema de Montgomery en los Patriots. O también Hoecht, de Rams, quien, aunque nació en Canadá, creció en Dayton, a una hora de Cincinnati (“Cincinnati Kid 2.0”).
Draft
Nic Scourton #11 (Texas A&M)

Nictiedric J. Scourton nació en Timpson, Texas, pero tras salir de su padre de la cárcel, se mudaron a College Station. Después, sus padres se separaron, y tras convivir un par de años con su padre, se fue con su madre a Bryan. Por entonces, su apellido era Caraway, el de ella. Allí hizo amistad con otro jugador de football cuyos padres, el director de la escuela donde estudiaba y su esposa, le adoptaron porque su madre pasaba tantas horas trabajando que no podía atenderle. Ya en la universidad de Purdue (antes de pedir el traspaso a Texas A&M), rehízo su relación con su padre biológico y se cambió el apellido a Scourton.

Pero dejemos a un lado la crónica rosa y hablemos de football. Concretamente, de esta bestia, cuyo físico recuerda a un frigorífico. Es alto y grande, pero compacto. Tiene una imparable potencia para llevarse por delante a quien le pongan enfrente. Por su corpulencia, ha sido ampliamente utilizado por el interior en formaciones de 3 linieros defensivos, pero sospecho que en la NFL no tendrá tanta superioridad y su posición ideal sería la de defensive-end en un frontal de 4 jugadores.
Es un jugador que vive continuamente en el backfield rival. En su etapa en Purdue llegó a acumular una estadística de 1,4 placajes para pérdida de yardas por partido, segundo en su conferencia. Aparte de su poderosa presencia, y capacidad de su tren inferior para no ceder en el cuerpo a cuerpo, dispone de varias herramientas para superar a su par. No sólo hablamos de bull-rush, sino de spin-moves, rips, etc. Tiene unas manos letales bien coordinadas con su juego de pies. Su centro de gravedad bajo le permite rebotar entre el tráfico sin perder de vista su objetivo.
Una de sus mayores virtudes es la explosividad en el arranque de la jugada, gracias a la cual se anticipa al liniero ofensivo, que queda inmediatamente atrapado en sus garras. Si hace esto con los tackles, imaginad el destrozo contra cualquier insensato tight-end que se le oponga. Por si no fuera suficiente, es un chico que nunca se para. Si no gana la ventaja en el inicio, sigue peleando incansablemente hasta encontrar otra solución. Y esto se aplica a todo el partido, ya que es de los jugadores que hacen jugadas clave en los momentos decisivos.
Quizá no sea el pass-rusher más refinado de la promoción, pero su contundencia sellando su lado a los corredores, y su capacidad para romper la protección y acosar al quarterback le convierten en un defensive-end al que se puede dejar en el campo los tres downs. Incluso en el cuarto por su experiencia en equipos especiales. Recordemos que al nuevo entrenador de línea defensiva le gustan los frontales con personal pesado, y Scourton, además de su fortaleza, aporta un plus de peligrosidad como rusher. Tal vez no sea el más espectacular de la clase como cazador de QBs, pero puede que sí el que más les guste a nuestros entrenadores.
Como decía, tiene que mejorar bastante su técnica. Su estilo es como un elefante en una cacharrería, arrasando con todo, y esto no le va a valer siempre en la NFL. Hay veces que se enzarza tanto en ganar su combate que pierde de vista al portador del balón, al que podría llegar simplemente moviéndose hacia dentro. Hemos dicho que se mueve bien en espacios reducidos, pero no tanto en abiertos. Su movilidad lateral es mejorable. Ahora mismo, sería mejor defensor de la carrera que del pase. Mi temor es que se quede, como Murphy, en un proyecto con enorme potencial, pero al que no le terminamos de sacar punta.
Lo bueno: Sólo tiene 20 años, y por su experiencia vital no podríamos calificarle de inmaduro. Tiene todo el tiempo del mundo para corregir cualquier defecto técnico de su juego, siempre que tengamos con él la paciencia suficiente.
Lo malo: Posibles problemas para controlar su peso. De joven pesaba demasiado para jugar al football, con el covid perdió muchos kilos, … Aún debe encontrar su peso ideal y equilibrar la dieta para mantenerlo.
Proyección: Comenzó bastante arriba, pero conforme pasa el tiempo va cayendo su cotización. Debería estar disponible en el pick#17. No creo que baje tanto como para llegar a segunda ronda.
Jack Sawyer #33 (Ohio State)

Otro chico construido como un armario, con una complexión densa ideal para sellar con fuerza su lado. Su primer paso es destructivo y, además, consistente, ya que sabe mantener esa ventaja inicial durante todo el tiempo que dure el combate contra su par. Con su capacidad para convertir su energía en potencia, es capaz de llevarse en patines al liniero ofensivo y colapsar el pocket con su bull-rush. Su tenacidad incansable le lleva a terminar la jugada con segundos esfuerzos y todos los que hagan falta.
Aunque lo que más destaque en él sea la fuerza, brilla con su inteligencia. Tiene un alto football-IQ que le permite identificar los movimientos en pull de guards y tight-ends para encontrar el hueco oportuno para penetrar. Tiene un radar en la cabeza para detectar la presencia del portador del balón y desengancharse para detener ahí la jugada. Es consciente del juego y sabe que lo primero es cerrar su hueco, y después lanzarse hacia dentro, no al revés. Sus pies nunca dejan de moverse. Es raro que le pillen en “fuera de juego” en los play-actions. Es disciplinado y paciente.
Tiene buena técnica de manos, pero a pesar de su altura, sus brazos no son muy largos, lo que limita su capacidad como pass-rusher. Ahora mismo, es más un defensor contra la carrera, capaz de “entretener” a los guardaespaldas del quarterback, mientras otro compañero, más rápido, llegue desde el exterior a por él. No es muy rápido en los cambios de dirección ni excesivamente ágil, por lo que debe aprender a que las batallas las ganará más por el interior, mejorando su técnica corporal, jugando más bajo y evitando que le pongan las zarpas encima.
Lleva 3 años jugando con regularidad, y los dos últimos como titular y capitán del equipo. Líder en el campo en los momentos delicados, su producción no es espectacular, pero es difícil encontrar un jugador que llegue al draft con menos defectos que pulir. Tiene una versatilidad que le permite alinearle en distintas posiciones, y la inteligencia para no tardar mucho en aprender lo que se requiere de él. Su capacidad física contra el juego terrestre le permitirá, en sus inicios, participar en los downs de carrera, mientras adquiere mayor formación para los de pase. Su suelo es ser titular (que no es poco), y su techo todavía está por descubrirse.
Lo bueno: Versátil y con gran visión de juego. Jugó en el instituto como quarterback, liderando a su equipo a un campeonato regional, y como baloncestista. Además, su padre jugó a football en college, y su madre al basket. La competición la lleva en la sangre desde shiquitito.
Lo malo: Su abuelo jugó al beisbol para los Pittsburgh Pirates.
Proyección: De momento, se calcula que saldrá en segunda ronda, y que podría llegarnos al pick #49. Habrá que ver cómo evoluciona durante el proceso pre-draft. Quizá sus limitaciones como rusher no le hagan muy atractivo a determinados equipos, pero su estilo de juego podría encajar muy bien en lo que busca Montgomery para la posición.
Bradyn Swinson #4 (LSU)

La temporada 2024 de Swinson terminó en todo lo alto, liderando a LSU en placajes y brillando en la Shrine Bowl. Desde que comenzara su etapa universitaria en Oregon, no ha dejado de crecer. De estar limitado a acciones de pass-rush en downs de pase en los Ducks, a jugar todos los downs en la línea defensiva de los Tigers. Acabó la temporada pasada con 8,5 sacks. No os dejéis embaucar por arteros escritores que, como yo, os intenten despistar con sombras y humos: necesitamos sacks, vengan de la línea, de la zona exterior de los linebackers, en blitz, o de donde sea.
Como veis, estamos, esta vez sí, ante un auténtico especialista en la presión al quarterback. Feroz, explosivo, atlético, y con una constitución en perfecto equilibrio entre la corpulencia y la velocidad. Sus movimientos de pass-rush no son herramientas, sino armas para destruir al rival. Su primer paso le permite ganar la ventaja al tackle contrario con un poderoso juego de manos, y su agilidad combinada con la flexión de su tronco y metiendo el hombro le permite ganar el interior, donde se convierte en letal. Sabe utilizar los brazos para crear separación, y su variedad de movimientos es muy extensa, saliendo victorioso en la mayoría de ellos por su capacidad para los cambios de dirección. Pero también es capaz de convertir su velocidad en potencia para colapsar el pocket a base de puro músculo en acciones de bull-rush.
Contra la carrera es menos efectivo, pero también, porque se le ha empleado menos en esta función. Suelen alinearle por fuera del tackle para ganarle la partida por velocidad. Quizá la falte algo de fuerza para ser más eficaz, pero su constitución física le debería permitir ganar más peso sin perder sus capacidades atléticas. No obstante, tiene la suficiente visión de juego como para saber sellar su lado, y la velocidad para placar al portador del balón a campo abierto.
No obstante, ésta es su principal área de mejora. Debe aprender a tener paciencia para mantener su punto de ataque. En ocasiones, su exceso de fogosidad le lleva a pasarse de largo. Asimismo, tiene que mejorar bastante su técnica de placaje. Hasta que no gane más fuerza, puede verse superado por tackles más grandes y, obviamente, por dobles bloqueos contra él. Es un jugador muy tenaz, que no deja de apretar hasta que termina la jugada, pero esto termina pasándole factura al final del partido. Como pass-rusher, tiene una gran variedad de movimientos, pero debe aprender a utilizarlos, y refinar su técnica le ayudará a salir victorioso en los enfrentamientos contra jugadores de la NFL.
Como rookie, probablemente su mejor utilidad sería como linebacker exterior en downs de pase. Me lo puedo imaginar de OLB en una posible formación 3-3-5 implementada por Golden, el nuevo coordinador defensivo, mientras evolucione a DE a tiempo completo. En sus 5 años universitarios ha mejorado temporada a temporada, por lo que es jugador todavía en progresión y con capacidad de aprendizaje.
Lo bueno: Se cambió el número #13 al #4 en homenaje a un compañero de Oregon fallecido que llevaba ese número. También lleva un tatuaje en su honor, toda una muestra de compañerismo. En su cuenta de Twitch “IsoSw1ntt” puedes verle jugar en streaming a sus juegos favoritos: Black Myth: Wukong y College Football 25. Mejor que se entretenga con videojuegos a que haga el gamba por ahí.
Lo malo: Al haberle utilizado casi exclusivamente como pass-rusher situacional, apenas tiene experiencia en otras funciones: run-stopper, tareas de cobertura, etc. Esta falta de versatilidad puede impactar sus opciones en el draft, y a la larga, si no muestra una mejoría en ellas, quedar relegado en la NFL a ser un jugador de relevo.
Proyección: No tengo claro que nos llegue al pick #81, pero si nos plantásemos en tercera ronda con la imprudencia de no haber seleccionado aún ningún defensive-end, sería obligatorio plantearse entregar un pick de tercer día para subir y conseguir, si no a éste, a otro similar.
Otros nombres de interés

Mike Green #15 (Marshall)
Uno de los jugadores favoritos de “La Jungla” y que podría caer a nuestro pick de 1ª ronda es Green, el líder en sacks de toda la competición universitaria, con 17 en 2024. En el instituto hacía lucha libre y jugó como wide–receiver, tight–end y linebacker antes de enrolarse en Virginia, paso previo a su explosión en Marshall. No jugó en 2022 al cambiar de universidad, pero no ha sufrido ninguna lesión relevante en su carrera. Es un jugador explosivo, con un primer paso violento y buen emplazamiento de manos. Buena parte de sus sacks llegaron por su tenacidad al no dar por concluida la jugada. Si gana más peso para aumentar su potencia puede ser imparable. Su falta de experiencia y versatilidad (limitado al pass-rush) puede hacer que le lleve un tiempo destacar en la NFL.
James Pearce Jr. #27 (Tenneesee)
No suelo poner en este apartado a jugadores que compartan proyección en la misma ronda, pero este año, me parece tan importante reforzar el edge-rusher que no le vería sentido a tirar un pick en esta posición el tercer día (ya hemos tenido bastante con otras mediocridades de pasados drafts), así que me lo ahorraré. James Cecil Pearce Jr. comenzó el año como el defensive-end mejor valorado, pero su stock está bajando por supuestos problemas de carácter. No termino de creer que llegue al #17, pero todo podría pasar. Aquí sí estamos hablando de un pass-rusher de efecto inmediato. Es un espécimen atlético con un sentido de urgencia tal, que le llevó a cambiar de posición desde la de tight-end porque “no podía esperar a que le llegara el balón”. Velocidad y agresividad excepcionales, tamaño y fuerza mejorables.
Princely Umanmielen #1 (Ole Miss)
No podemos perder de vista que en esta parte del artículo nos fijamos en los nombres interesantes, y el de este chico destaca, obviamente. Aunque no tanto si os digo que sus hermanos se llaman Prince, Princewill y Princeton. Lo que si es típico (prototípico, más bien) es su tamaño. Un edge-rusher acostumbrado a salir desde la posición de wide-9, cuya superioridad se basa más en su técnica que en su fuerza. Muy atlético, su velocidad es difícil de contener cuando ataca el pocket por el exterior. Por dentro, tiene problemas a la hora de moverse en espacios reducidos, por lo que no destaca contra la carrera. Ganó títulos en el instituto jugando al tenis y al basket. Estuvo 4 años en Florida con una progresión tan estancada que se proyectaba como segunda ronda baja. En vez de presentarse al draft se cambió a Ole Miss, donde mejoró ostensiblemente, y ahora se le proyecta para… segunda ronda baja.
Josaiah Stewart #0 (Michigan)
Como he ido exponiendo a lo largo del artículo, la defensa bengalí de 2025 es una incógnita tras la llegada de nuevos entrenadores al front-seven (o six). Con su pasado como entrenador de linebackers, no descartaría que Golden favorezca esta posición y prefiera la presión desde el exterior que desde la línea. Así que igual, el pass-rush tenga que venir de los Outside LineBackers como sería el caso de Stewart, uno de los edges más productivos de este draft, con 32 sacks en sus 4 años de carrera. Explosivo, veloz y con un cuerpo muy compacto, el nativo del Bronx es decidido, tenaz y, al contrario que otros compañeros de promoción, bueno en cobertura. Debe añadir a su repertorio más movimientos de pass-rush, e intentar aumentar masa muscular para no ser superado en jugadas de carrera. Le falta paciencia para finalizar las jugadas. Quizá sólo quede como un jugador de rotación en downs de pase. Se proyecta para tercera ronda.
Ashton Guillotte #9 (Louisville)
Decía que nuestro departamento de scouting se podría fijar en universidades cercanas. Louisville está a poco más de hora y media de Cincinnati. También que, personalmente, descartaría esta posición para el tercer día, pero ¿y si resulta tan complicado reforzarnos aquí en la agencia libre (el kilo de edge-rusher va muy caro en el mercado) que nos interesa más doblar posición en el draft? En este caso, un jugador interesante para cuarta ronda podría ser Gillotte. Nacido en Ohio, se mudó a Florida a los 3 años tras el divorcio de sus padres. Allí, aparte de desarrollar una contagiosa sonrisa, destacó en halterofilia y CrossFit, llegando a estar en el top-25 de su región. Por tanto, aparte de destacar por su tamaño, lo hace por su fuerza y explosividad, aunque su mejor arma como pass-rusher sea la inteligencia para reconocer las jugadas. No tiene una agilidad ni aceleración elite. Tampoco buena movilidad lateral. Debe añadir movimientos de pass-rush para maximizar sus cualidades atléticas. Estaría listo para jugar desde el primer día sellando su lado a la carrera mientras desarrolla sus habilidades para la presión.
(foto de portada: Kelii Horvath/The Battalion)

Redactor en Bengals.es
Redactor en Spanish Bowl
Ex-Redactor de la AFC Norte de la NFL en el Diario AS
Colaborador de «La Perrera Brown».
Integrante del foro de los Cincinnati Bengals en NFLHispano.com
