Jungla ficción

Despedida por Halloween

Era el día de Halloween en Cincinnati, Otto Kosar salió de casa muy contento al ver llegar a sus amigos. Todos eran seguidores de los Bengals desde niños menos él que se había mudado a los 7 años desde Cleveland y era de los Browns.

Kosar era de clara tendencia republicana y tan fan de Donald Trump que aún creía que le habían robado las elecciones. Por eso, él fue una de las personas que entró en su día en el capitolio. A día de hoy, todavía tiene causas pendientes porque la fiscalía no se cree que entró para ir al baño.

Pero en ese Halloween iba a celebrar su despedida de soltero. Como le decían últimamente sus amigos, a la sexta va la vencida. Sus matrimonios duraban menos que la carrera de la mayoría de jugadores de la NFL.

Al entrar en el coche se dio cuenta que efectivamente era Halloween. Sus amigos iban vestidos de los 4 fantásticos. Ese era el apodo que les puso una profesora del colegio de forma irónica, harta de que le hicieran la vida imposible y no callasen ni debajo del agua. Los 4 formaban la secundaria del equipo de fútbol flag de la escuela. La profesora les dijo que les cambiaría el mote por el de S.W.A.T., que era como eran conocidos los jugadores de la secundaria de los Bengals de finales de los 80. Sin embargo nunca consiguieron que les llamase con ese mote. Por otro lado Kosar siempre quiso que le llamaran Silbersurfer, pero nadie le llamó nunca así.

Volvamos al presente. Para empezar el día, fueron a un scape room que se había abierto hacía poco en las afueras de la ciudad. Les dijeron que el año pasado ese lugar había sido el hogar de un jugador de los Bengals.

Empezaron encerrados en una habitación con las paredes recubiertas de acero de Pennsylvania. En la habitación había una caja fuerte enorme, llena de polvo y telarañas. Pasaron la mano por encima y vieron un rótulo que decía “propiedad de Mike Brown.”

Los 5 estaban de acuerdo en que saber la combinación era clave para salir de allí. Probaron el 1 de Chase, el 5 de Higgins, el 30 de Bates, el 98 de Reader, ninguno daba con la clave. Al ver que ninguna combinación funcionaba, Geno Stonehenge se quedó más quieto que una piedra y la mirada más perdida que un seguidor de los Bengals cuando le resbala el balón al holder.

En la parte superior de la sala, Traylor-Brown encontró una ventana. Por eso alargó su brazo para abrirla pero fue un error. De repente entraron un montón de cuervos que empezaron a atacarles. Por eso Vance Bellingham que iba vestido de Sue Storm se hizo invisible y se amagó detrás de unas cajas que ponían dinamita.

Algo que no leyó Davante Hilliard, que iba vestido de antorcha humana, despúes de encontrar una toallas amarillas. Pensó que el fuego asustaría a los cuervos y encendió una toalla con el lanzallamas que llevaba con el disfraz. La toalla se incendió pero la llama fue demasiado extensa y llegó hasta detrás de la caja fuerte donde ponía… “reactor número 4.”

Los demás le empezaron a reprochar lo que estaba haciendo, que aquello era muy peligroso. Parecía imposible que esos chicos de Ohio sacaran algo positivo de esa división. Apenas les quedaba aire, era obvio que no se podía jugar con fuego.

Entonces la habitación estalló y salieron a la superficie. Se había producido un agujero enorme en el jardín. Sonaron las alarmas y llegaron los equipos de rescate. Solo quedaban las letras del buzón que ponía el nombre del anterior propietario, Nick Scott.

Pero sorprendentemente, o no, también quedaba aquella dichosa caja fuerte que seguía sin abrirse. Eso sí, había quedado del revés y se veía una inscripción que decía “Con Brown nadie va a tocar tú dinero. ¡Garantizado!”.

Los de la ambulancia les dijeron que tenían un elevado índice de contaminación en su cuerpo. Que después de eso podían tener efectos secundarios. Les habían bajado las defensas de forma alarmante. Que a lo mejor no podrían cumplir sus sueños a pesar de estar en la flor de la vida. No lo entendieron hasta que los enfermeros dijeron el símil futbolístico.

-Hasta ahora estabais en ventana ganadora pero ya no.

Después de recibir 45 puntos de sutura por los ataques de los cuervos, de repente la ambulancia arrancó con 3 de los fantásticos y Kosar que no daba crédito a lo vivido. Pero aún flipó más cuando sus amigos abrieron la ventanilla que comunicaba con el conductor y vio que era Bellingham quien iba al volante de la ambulancia. Por eso, empezó a sospechar que a lo mejor no estaban infectados y todo formaba parte del scape room.

Bellingham dijo.- Ahora vamos con lo que teníamos previsto por la noche. ¡Agarraos! ¡Será una noche inolvidable!

Aunque Davante Hilliard no se mostró muy entusiasmado con la idea y dijo.

– ¿Seguro que no preferís ir hacia Miami? Allí hay mucha más fiesta…Sus amigos no entendían su insistencia las últimas semanas con ir a Miami. Para conocer el motivo real debemos remontarnos un par de temporadas.

Era un jueves por la noche en el Paul Brown Stadium. Hilliard estaba con sus amigos viendo a los Bengals cuando Josh Tupou realizó el primer sack de su carrera. Pero con tan mala fortuna que el QB de Miami, Tua Tagovailoa se golpeó contra el suelo con la cabeza. Nada más verlo Hilliard dejó su localidad y subió las escaleras, esas acciones le daban mucha grima. Entonces vio venir de cara a una rubia preciosa con la camiseta de Tua y dos cervezas en la mano. Hilliard la miró y le dijo…

– No vayas hacia el campo, no es un momento agradable.

Le acabó de contar lo sucedido y como le afectaban esas acciones. La chica se conmovió y le ofreció una de sus cervezas. Estuvieron charlando hasta que vieron que la gente salía del estadio y se dirigieron hasta el hospital para rezar por Tua. Hicieron unas pancartas y encendieron unas velas en la entrada del hospital. Con la salsa del sol no se dieron ni cuenta que Tua ya no estaba y volvia con el equipo, de prometo ella le dio un beso en la mejilla. Pero después la chica recibió la llamada de su marido. Tenía un montón de mensajes y llamadas, algunos pidiendo donde estaba su cerveza.

Hilliard y la chica se escribieron durante algunas semanas pero poco a poco fueron perdiendo el contacto. Hasta que esta temporada se produjo otra conmoción de Tua.

Entonces, Hilliard le escribió de nuevo para saber como estaba, pensando en lo de Tua. Pero ella le explicó que se había divorciado y que le gustaría volver a verle algún día. Así que Hilliard intentó cambiar toda la despedida de Kosar para ir a Miami pero le fue imposible convencer a sus amigos.

En el presente, ya se había hecho de noche cuando a Kosar le subieron las pulsaciones de golpe cuando leyó el rótulo de la siguiente salida que acababan de tomar… Springfield, Ohio.

Sus amigos lo ataron a una farola y le dijeron que estaba en un barrio de haitianos. A Kosar le entraron sudores fríos al pensar que era seguidor de los Browns y que según Trump allí se comían a los perros. Por eso sus teóricos amigos se situaron en una esquina y daban caramelos a los niños para que fueran a decirle cosas a Kosar para que se cagase de miedo.

Algunos le decían…

– Soy hijo de haitianos y aún no he cenado…

– Me comería lo que fuera… – Decían otros.

Mientras Kosar no las tenia todas, los 4 fantásticos se fijaron en la mansión que había al final de la calle. Era enorme y terrorífica, pensaron que si la habían ambientado solo por Halloween se lo habían currado mucho. En el jardín había un jet privado que se acababan de comprar. Se acercaron hasta la reja y vieron a una familia con el rostro muy pálido. No tenían buen aspecto. Delante estaba un señor calvo que había perdido el trabajo hacia relativamente poco y que les dijo.

– Están así de pálidos porque hace poco que vuelven a tomar ayahuasca. A mi me sentó fatal y lo perdí todo.

La familia salió con su coche y leyeron que la matrícula ponía “Adams family”.

Después de pasar un poco de miedo, los 4 fantásticos volvieron hasta donde estaba Kosar. Pero no se le veía muy tranquilo porque acababan de llegar unos niños armados hasta los dientes.

Kosar se volvió más pálido que los Adams cuando lo apuntaron y empezaron a disparar a toda discreción. Kosar empezó a gritar como un loco.

– ¡¡¡Aaaaah!!! ¡Me han dado! ¡me han dado en la oreja!

Rápidamente llegaron los 4 fantásticos vestidos con traje, gafas de sol y una careta de Anarumo. Algo había fallado en la defensa. Consiguieron levantar a Kosar e intentaron llevarlo de nuevo hasta la ambulancia. Pero mientras se lo llevaban, Kosar aún tuvo tiempo para levantar el puño ante la mirada atónita de los vecinos, que veían como todavía le salía agua de la oreja. Le habían dado… pero bien.

Una vez ya en la ambulancia le sacudieron la cabeza para quitarle el agua de la oreja.Kosar se quejó de lo mal vistos que estaban los seguidores de los Browns.

– Desde que fichamos a Watson no puedes ni ir tranquilo por la calle… vosotros me hacéis reír cuando os quejáis por una penalización. Ojalá esa fuera mi preocupación.

– Y encima Mayfield es bueno. -dijo Bellingham.

– No toques este tema que…- contestó Kosar un poco mosca.

– Exacto Bellingham, que desde que nació, los Browns no han tenido un QB franquicia como quien dice. -contestó Stonehenge sin darse cuenta que esto todavía lo ponía de peor humor…

– ¿Queréis parar de meteros con los Browns? -contestó malhumorado Kosar.

– Si no nos metemos con los Browns, únicamente con lo gafe que eres. Hahaha. -se partía la caja Hilliard.

– Es verdad, cada año te compras la camiseta del nuevo QB de los Browns y este año que decides comprarte otra, va y compras la de Amari Cooper. ¡Hahaha! – se reía sin parar Traylor-Brown junto a sus amigos bengalíes.

– Tú no te rías tanto que desde niño que te compras la del primera ronda de los Bengals. Hahaha. ¿Donde tienes la de Billy Price y John Ross? ¿O Dax Hill? El colmo fue el año que te anticipaste al draft, te compraste la de los Bengals con el nombre de Sewell y va…y eligen a…¡CHASE! ¡Pedazo de tonto! Hahaha.

– Bueno calmaos un poco por favor. – dijo Stonehenge.

– Tú calla que con lo de comprarte las camisetas de la gente de Ohio también te llevas la palma. Aún me acuerdo aquel primer verano que ibas a pescar con la camiseta de Carman con aquella canción que pusiste en el coche al menos unas 100 veces. “Mari Carmen, Mari Carmen, tú hijo está en el after hours. Tú no lo sabes, tú no sabes…” y lo que no sabías era… era que…ha ha… que era un paquete de dos pares de cojones! ¡Hahaha! Volvió a descojonarse Kosar y el resto de sus amigos.

Poco más de una hora después por fin llegaron de nuevo a Cincinnati. Cerraron el día con una cena en el restaurante Jeff Ruby’s Steakhouse. Un lugar que van en contadas ocasiones porque no es barato. Sobretodo, hacen una reserva anual en la tercera y cuarta noche tras la apertura de la agencia libre. Porque los Bengals nunca fichan los primeros. La reserva la hacen con tal de ver a algún posible jugador de los Bengals que se llevan a cenar para que firme.

Este año encontraron a Meckhi Becton. Pero bebieron demasiado vino y desde su mesa empezaron a lanzarle las servilletas a la calva de Frank Pollack, entrenador de la OL de los Bengals. No sabemos si esto estropeó la reunión, pero Becton acabaría fichando por los Eagles.

Volviendo al día de Halloween, salieron de la cena y vieron un coche de policía delante de la ambulancia que habían robado. Buscaban a los que se la habían llevado esa mañana. Por suerte, Bellingham reaccionó a tiempo e hizo un backpedal, que no se ve ni en la combine, hasta una alcantarilla donde tiró las llaves del vehículo.

Por evitar problemas se fueron a pie hasta sus casas. Pero de repente un coche se detuvo ante ellos. De dentro salió la chica de Miami y un niño.

Mientras se acercaba hacia ellos, Hilliard les explicó un poco la historia. Y de repente preguntó.

– ¿Ese niño podría ser mi hijo no?

– A ver… la chica es blanca y rubia y tú eres pelirrojo como Dalton y el niño… es mulato y ya tiene 5 o 6 años… – contestó Traylor-Brown aguantándose la risa.

– Uf, que susto me había llevado… con mi sueldo siempre me ha dado miedo ser como Phillip Rivers. – contestó Hilliard.

La chica les contó que había dejado a su marido, un agente de policía. Que la gota que hizo colmar el vaso fue cuando junto a su compañero detuvo a Tyreek Hill antes de un partido. Y les dijo.

– Hay cosas que no se pueden perdonar, seguro que me entendéis… y es que con los colores de una… no se juega.

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