No sé qué decir, en realidad. La derrota ante los Jets me dejó tan noqueado como a todos vosotros. Ese 39-38 por el que perdimos me recordó dramáticamente al año pasado, esas derrotas por la mínima en partidos donde superábamos los 30 y pico puntos. Pero con un matiz: los Jets eran (o son) el peor equipo de la competición. ¿Dónde nos deja esto a nosotros? ¿Cómo pretendemos siquiera plantearnos ser mínimamente competitivos ante conjuntos de mayor enjundia? Esta vez no vale la manida excusa de la lesión de Burrow. Flacco hizo un partido magnífico (223 yardas, 2 touchdowns sin intercepciones). Difícilmente hubiera podido mejorarlo Burrow. Lo que no se puede pedir (ni a Flacco, ni a la ofensiva en su conjunto) es que tenga que anotar en cada drive.
Decía en el artículo anterior que nuestra defensa no estaba diseñada para ganar partidos, sino para intentar no perderlos. El domingo pasado, no lo consiguió. Llevamos varios partidos diciendo que, si el rival nos tiene que anotar, nos anotará. Somos incapaces de mantener la más mínima firmeza en los instantes donde se deciden los partidos. Si no todo el partido, por lo menos ahí. Nos hacen un touchdown en 4º down, nos anotan dos conversiones de dos puntos, un RB no sólo nos hace 133 yardas corriendo, sino que nos mete un TD de pase. La sensación de impotencia, de ver que hacían con nosotros lo que querían y cuando querían, debería ser inaceptable en un club serio. El rendimiento de este equipo no corresponde al talento que se supone tiene la plantilla, y se deben reclamar responsabilidades. Pero no maquillar la situación para volver a hacer lo mismo con otras caras, sino que es necesario un cambio radical en la gestión de la franquicia. Estamos en el torneo profesional más competitivo del mundo, con una estructura provinciana. Si ya es difícil ganar en la NFL, mucho más cuando intentas pelear con una mano que tú mismo te has atado a la espalda.
Ya tendremos tiempo de analizar todo lo que se ha hecho mal (no es de ahora, sino que son vicios arrastrados desde tiempo atrás), pero volvamos al juego. La defensa bengalí es la peor (32 de 32) en las principales estadísticas defensivas: puntos encajados, yardas permitidas, defensa contra la carrera, presiones exitosas…. Ante un equipo cuya ofensiva era de las más flojas del campeonato concedimos una media de 7 yardas por carrera, encajando más de 500 yardas totales porque también fuimos incapaces de generar ni un miserable sack (y un único QB-hit) contra una de los líneas ofensivas más porosas de la liga. Los placajes fallados son epidemia; los errores de marcaje, groseros; los ángulos que se toman para atacar al contrario, horribles. La desesperación de Golden llegó al extremo de variar continuamente la composición de la línea defensiva (sin ningún éxito, como suele pasar cuando se improvisa), y poner a Daxton Hill a defender por el exterior, donde peor se desenvuelve, porque Taylor-Britt daba auténtica pena. Eso sí, Battle y Stone su 100% de participación habitual, con Anderson y Jules inéditos en defensa. El cambio de Wilson (20% de snaps) por Carter (100%) no ha resuelto absolutamente nada, más allá de degradar a nuestro capitán cuando precisamente más se necesitan liderazgos.
Está claro que si hay que identificar a un culpable, éste no puede ser otro que el ridículo rendimiento defensivo. Paro tampoco el ataque debe quedar al margen de su responsabilidad. Es cierto que poco más se puede pedir a una ofensiva que anota 38 puntos, pero en los dos últimos drives, donde necesitábamos por lo menos llegar a field-goal range, fuimos incapaces de lograrlo. Para un partido que estábamos corriendo bien, no se nos ocurre mejor idea que ordenar 3 pases seguidos y no gastar ni un minuto de tiempo en el 3 y fuera. En el último drive, cuando solo necesitábamos 17 yardas para alcanzar FG-range, al gurú ofensivo de Taylor no se le ocurre mejor idea que ordenar una carrera central (¿para qué ir a la banda a parar el reloj?), con el resultado de 1 yarda ganada y un tiempo muerto perdido. Con Chase y Higgins sufriendo doble marcaje, nos olvidamos de los tight–ends para confiar en Iosivas, cuya fiabilidad de manos es, cuanto menos, discutible.
En definitiva, una cadena de despropósitos que empañó lo que debía haber sido una fiesta en el homenaje a Parrish y Lapham, los nuevos miembros del anillo de honor. Con un balance de 3-5 mediada la temporada, el wildcard está prácticamente descartado, pero quizá todavía podríamos competir la división. Otra cosa será determinar hasta cuándo nos interesaría pelear por este año, o empezar a pensar ya en el siguiente.
De momento, lo siguiente es la visita de los Chicago Bears, el próximo domingo, ya con el horario normalizado, a las 7 de la tarde en España, 11 del mediodía en México y 2 de la tarde en Argentina. Una tarde que, como el futuro del equipo, se presenta nublada en Cincinnati, con unos 13º de temperatura, pero poca probabilidad de lluvia (10%). La fuerza del viento no debería ser problema, a menos que nos pille una mala racha (de nuevo, paralelismo con el equipo). La equipación que vestiremos para la cita será completamente negra (como nuestro ánimo): camiseta y pantalones negros, con calcetas naranjas. Le tocará la papeleta de intentar levantar a una decaída afición como «ruler of the jungle» al cantante country y veterano del ejército Scotty Hasting.
A pesar de que geográficamente, Chicago no queda muy lejos de Cincinnati, el hecho de estar en diferentes conferencias ha provocado que nos hayamos enfrentado muy pocas veces. Tan solo 12, con 6 victorias para cada bando, aunque los últimos 3 enfrentamientos han caído de su lado. En cuanto a las conexiones entre ambas franquicias, a nivel de jugadores estaba Pennel con pasado en los osos, pero como somos tan buenos que le cortamos para que pudiera volver a su Kansas City querida, pues ya nada. Quedaría Patrick, que estuvo 2 años en Chicago. Por su parte, nos veremos contra Billings, un ilusionante NT que elegimos en 4ª ronda en 2016 pero con nosotros no llegó a cuajar y, mira por dónde, ya lleva 9 años en la liga; y un tal McCloud, un CB undrafted que jugó un par de partidos con nosotros en 2021. Pero lo más interesante se encuentra en los banquillos. No solo porque Bienemy, antiguo runningback bengalí, que ha sonado muchas veces como posible head-coach, entrena a sus corredores, sino porque su coordinador de juego de pase es nada menos que Press Taylor, el hermano de Zac.
El ínclito abogado Cletus W. Blakeman será el encargado de dirigir la contienda. De 61 años y natural de Nebraska, donde trabaja en Omaha en la firma de abogados Carson-Blakeman, comparte con Zac Taylor que ambos fueron quarterbacks en la universidad de Nebraska (aunque en diferentes épocas, obviamente). Ésta es su 16ª temporada como árbitro principal, una carrera que tiene como hito principal haber arbitrado la Super Bowl 50. Es además la voz que aparece en las decisiones arbitrales del videojuego Madden. Su balance contra nosotros es de 8-8, incluyendo un 1-1 en playoffs. No tenemos un buen recuerdo suyo, ya que la última vez que nos arbitró fue en Baltimore el año pasado, donde se tragaron el pito ante dos evidentes faltas en la conversión de dos fallida que nos hubiera dado la victoria (y consecuentemente, el paso a playoffs). Curiosamente, el año pasado fue el árbitro que más penalizaciones señalizó. Este año ocupa el 11º puesto, y entre sus penalizaciones «favoritas», aparte obviamente del holding ofensivo y la salida falsa (como todos), cuidado con excederse en la agresividad, porque pita muchas faltas por violencia innecesaria.

En ataque
Quizá la única nota positiva en el entorno del equipo es que el ataque con Flacco funciona. Pero somos los Bengals, y si algo puede salir mal, saldrá mal. Una lesión en el hombro le mantiene en duda para el partido del domingo, por lo que si juega, lo hará mal por estar limitado; pero si no lo hace, jugará Browning, que será todavía peor.
De nuevo, partido impoluto para Joe Cool (223 yardas, 2 touchdowns sin intercepciones), a lo que habría que sumar un touchdown en un QB-sneak, y una meritoria carrera de 13 yardas. Al ataque le podríamos achacar que sus dos últimos drives, cuando solamente necesitábamos llegar a field-goal range, fuesen improductivos, pero realmente, no es culpa de Flacco que Chase se dejase caer un pase fácil hacia la banda, que Iosivas volviese a demostrar sus manos blandas, o que la línea ofensiva flaquease en el peor momento.
Tampoco podríamos criticar al juego de carrera. Esta vez no tuvimos a ningún corredor por encima de las 100 yardas, pero Perine llegó a 94, por 73 de Brown, con un touchdown para cada uno por esta vía. Creo que estos números son consecuencia de una clara mejoría de la línea ofensiva. Nos ha costado, pero parece que por fin hemos dado con la configuración definitiva. De izquierda a derecha: Mims, Risner, Karras, Rivers, Brown. El pasado domingo, una indisposición impidió a Risner continuar con la titularidad, entrando Fairchild en su sustitución. Cuando éste se lesionó, fue Patrick quien entró a reemplazarle. Da la impresión de que, salvo lesión, los 7 citados arriba, más Ford como swing tackle, será los 8 activos para los partidos, siendo Patrick el center suplente tras la lesión de Lee.
En el apartado de los receptores, de nuevo saturación de pases a Chase (19 pases en su dirección, cuando al segundo de la lista sólo le lanzaron 3). Sin embargo, pese a sus 91 yardas, no estuvo tan resolutivo como en jornadas precedentes. Muy vigilado por la defensa de Jets, todavía no entiendo cómo no se diversificaron más los pases. Por ejemplo, a Higgins sólo fueron dos balones, aunque el único que atrapó fue un maravilloso arcoíris de 44 yardas para touchdown. Tampoco buscaron demasiado a los tight-ends. 3 de 3 recepciones para Fant y 1 de 2 para Hudson. Diría que un plan de juego tan volcado sobre un único jugador es más fácil de defender, pero ¡qué sabré yo, con tanto gurú ofensivo en nuestro equipo!
Quien no tiene justificación es Iosivas. Sus 3 drops, sumados a los que lleva de otros partidos, hacen indefendible su participación. Es cierto que ayuda mucho en los bloqueos, pero no estamos para dar oportunidades, sino para competir; y quien, por lo que sea, no dé el 100%, debe dejar paso a quien viene por detrás. En este caso, Tinsley debería ocupar su puesto en los momentos calientes del partido (3ºs downs o red-zone).
Ciertamente, no se le pueden poner muchas pegas a un ataque que sube 38 puntos al marcador, pero la gestión de los últimos ataques dejó bastante que desear. El envite del próximo domingo no será ante un rival tan débil, por lo que tendrá que estar a la altura de tamaña exigencia, dado que no se puede contar con la ayuda de nuestra defensa. La defensa contra el pase de los Bears es la 13ª mejor de la liga. Se protegen bien atrás, por lo que habrá que buscar pases a las zonas intermedias. Con 11 intercepciones, son el equipo que lidera la NFL en esta categoría, por lo que habrá que llevar mucho cuidado con el balón, en especial si es Browning quien finalmente tiene que jugar. Sin embargo, son la 27ª contra la carrera, por lo que por ahí podríamos tener una oportunidad, especialmente con carreras de fuerza (más Perine que Brown).
Las últimas declaraciones de líderes como Chase («yo no juego en defensa, preguntadle a Zac«), o la marcha voluntaria de Pennel, son indicativos de que las cosas no van bien en el vestuario. Llevo tiempo diciendo que quizá Taylor debería centrarse en esta labor de cohesionar al equipo, y delegar las responsabilidades de gestionar el partido en Pitcher. Es el entrenador en jefe, no el entrenador de la ofensiva, por lo que no puede evadir sus responsabilidades en este apartado.

En defensa
No sabría por dónde empezar. Quizá por la parte técnica, donde la cantidad de placajes fallados clama al cielo. El hecho de que los jugadores defensivos se reunieran después del entrenamiento a practicar por su cuenta estas acciones, como si de un equipo de instituto se tratase, demuestra cómo de mal estamos. Somos el equipo que más placajes ha fallado, con nada menos que 81 en lo que llevamos de temporada. Knight y Battle, con 11 cada uno, son terceros en la tabla general de la competición. Ante Jets, fueron 10 los placajes fallados entre toda la defensa. Es un ridículo tal, que la aparición de memes en internet está más que justificada.

Está claro que la labor de los entrenadores es más que deficiente, pero tampoco los jugadores son inocentes. No hay esquema defensivo que sobreviva a unos intérpretes que son incapaces de ejecutarlo. Podríamos discutir sobre la responsabilidad de la directiva en las contrataciones (poca sorpresa puede haber cuando un rusher que no hacía sacks en college, como Stewart, tampoco los haga en los profesionales), o la labor de los técnicos, que parecen empeorar todo lo que tocan, pero resulta evidente que los jugadores tienen que dar un paso al frente. Claro que, defenestrar al capitán (Wilson), tampoco me parece un buen ejemplo de gestión por parte de los entrenadores.
Nuestra defensa ha encajado 27 puntos o más, y al menos 350 yardas en 7 partidos consecutivos, lo que empata la racha más larga en la historia de la NFL. ¿Seguimos hablando de rachas? Hace 14 años que ningún jugador defensivo drafteado por nosotros ha ido a la Pro Bowl mientras estaba aquí (record de la NFL). Ante Jets concedimos 4 carreras de más de 25 yardas, lo que no ocurría en la liga desde 2022. Podría seguir, pero creo que la idea está clara. Ni drafteamos bien, ni fichamos bien, ni entrenamos bien, ni jugamos bien. Tenemos 3 rookies como titulares (Knight, Carter y, circunstancialmente por la lesión de Hendrickson, también Stewart), por lo que está claro que debemos asumir el riesgo que conlleva. Pero en muchas ocasiones, los fallos de estos jugadores no sólo se deben a su inexperiencia, sino a la falta de confianza en sus compañeros, y la incapacidad de saber qué se espera de ellos exactamente a nivel táctico en cada jugada.
La lesión de Burrow parece encaminar este temporada nuevamente al fracaso (y cada año que no llegamos a playoffs con él en nuestras filas es un absoluto fiasco), pero estos problemas hubieran ocurrido también con Burrow a pleno ritmo. Y lo peor es que no son nuevos, sino que han empeorado desde el año pasado. Es probable que, a mitad de temporada, cuando las matemáticas todavía no nos descartan, hacer rodar cabezas pueda ser contraproducente. Pero es evidente que se deben asumir responsabilidades por todos los estamentos del club, y hacer una limpieza que debe llegar desde el césped a las oficinas.
Tras configurar un equipo con la prioridad puesta en contener la carrera (Slaton, Pennel, etc.) somos, mediado el campeonato, el peor equipo en este apartado, con una media de 151,9 yardas encajadas. A la vista está que Wilson no era el problema (o, al menos, no todo). Los defensive-tackle no logran imponerse (para lo que aportaba, podemos prescindir de Pennel y probar a Jackson). Los defensive-ends no cierran sus lados, y los linebackers y safeties llegan tarde y mal. No digo que vaya a ser la solución, pero igual tendríamos que ir a un cambio de esquema. Por ejemplo, una formación 3-3-5, donde la responsabilidad del pass-rush no dependa exclusivamente de la línea defensiva (prácticamente no hacemos blitzes), y los linebackers tengan menos espacio que cubrir.
Igualmente, el fracaso en la función de presionar al QB es absoluto. Fuera de Hendrickson, es imposible encontrar a nadie que suponga una amenaza al pasador rival. Contra la peor línea ofensiva de la liga, la de los Jets, no conseguimos ni un sack, y apenas un QB-hit. Murphy, en su tercer año desde que salió elegido en primera ronda, sólo ha sido titular en un partido, y por lesión de los titulares. Stewart, tras el numerito de la offseason, es invisible en las estadísticas. Hill parece haberse quedado sin gasolina. Jenkins tiene un partido regular por cada cinco donde ni aparece. De Ossai, por alguna razón, alguien ha pensado que puede realizar tareas de cobertura. Todo es demencial. Hendrickson aparte (y este año bien podría ser su último aquí), ningún componente de nuestra línea defensiva sería titular en otro equipo. Y esto es un serio problema, no sólo para ahora, sino para el futuro.
Ante Jets, Carter volvió a disputar el 100% de los snaps. Contra Bears, con un QB móvil como Williams, lo normal es que repita todo el partido en el campo. Lo cual tiene su gracia, porque ni siquiera en Clemson jugaba todo el tiempo. Creo que deberíamos jugar más con 3 linebackers, o si no, repartir más el tiempo de juego entre Wilson y Knight (o probar otras alternativas, ya que, como en el caso de Iosivas en el ataque, no estamos en disposición de seguir permitiendo fallos). También necesitamos que Battle ayude más en este apartado, y si hay que poner de vez en cuando a Anderson que es más rápido, no dudar en hacerlo.
Si contra la carrera estamos mal, contra el pase no estamos mucho mejor. Somos la 30ª defensa de la liga. Normal, cuando de toda la secundaria, el único que se salva es Turner. No esperábamos nada de Stone, y nada está aportando. Taylor-Britt volvió a estar inactivo, pero el problema es que mientras ante Steelers lo estaba en la banda, contra Jets lo estuvo sobre el campo. Es increíble el retroceso experimentado por este chico en solo 2 años. Como Newton no cuenta con la confianza de los técnicos como cornerback exterior, esta función la tuvo que hacer Dax Hill, volviendo a demostrar que se encuentra muy perdido ahí, y además, perdemos presencia en el interior. ¿Podría algún fichaje (o traspaso) mejorar la situación? No lo tengo claro a estas alturas, pero la pasividad de la directiva ante un agujero tan evidente es incomprensible.
Tras el duelo contra Chicago, nos llega la semana de descanso, y después, la decisiva vista a Pittsburgh. Quiero creer que este parón sirva a los entrenadores para hacer borrón y cuenta nueva, y a los directivos (es decir, Tobin y su grupo de becarios) escarbar allí donde sea posible para encontrar piezas que puedan ayudarnos a mejorar. O si no, dar este año por amortizado y buscar compradores para nuestros jugadores antes de que se devalúen más.

El rival
Con Chicago terminamos nuestra «gira» ante equipos de la NFC Norte (con un desastroso balance de 0-3 hasta el momento). Los Bears, que se encuentran 4-3, van terceros en su división, pero sólo a un partido de los wildcards en su conferencia. Tras empezar flojos con dos derrotas divisionales ante Vikings y Lions, encauzaron la temporada con 4 victorias consecutivas, racha que se frustró en Baltimore la semana pasada. Este año es el primero como entrenador principal de Ben Johnson, quien destacó como mente ofensiva en los Lions. Para dirigir su defensa trajo a Dennis Allen, experimentado entrenador con experiencia de head-coach en Nueva Orleans.
Si empezamos por el ataque, hay que decir que les gusta jugar con formaciones pesadas, de doble tight-end, lo que indica que su estrategia es primero correr. No les va mal así. Son el 10º equipo de la liga en yardas terrestres, con Swift como principal corredor, y el novato Monangai dándole algún relevo. Es por esta razón por la que digo que deberíamos sobrecargar el box defensivo, con Carter vigilando las excursiones Williams, un quarterback muy móvil que tanto te puede ganar yardas con sus piernas, como salir en rollout y quedarse absolutamente desmarcado para pasar a su antojo.
Si nuestro pass-rush, al que seguramente le falte Hendrickson, quiere resurgir, éste sería el partido indicado. Williams no es el QB diferencial que apuntaba al salir de USC con el pick#1 del draft de 2024, pero es bastante solvente, y capaz de hacernos un roto si no siente la presión (son 10º en yardas de pase). Sus mejores receptores son Odunze y Moore, dos wide-receivers con mucha movilidad y buenas manos. Tras ellos, en el slot, estaría Zaccheaus, y como tercera opción exterior, el novato Burden. El problema para ellos es que están los 4 lesionados y, al menos el miércoles, no entrenó ninguno. Pero vamos, esto no significa nada, porque la semana pasada los Jets tampoco tenían receptores, y nos hicieron un hijo.
Por tanto, es bastante probable que su juego de pase descanse sobre los tight-ends Kmet y Loveland (1ª ronda del draft de 2025). Así que debemos extremar la vigilancia sobre ellos cuando dejen de bloquear y salgan a recibir. Swift es un RB con buenas manos, así que no debemos olvidarnos de él cuando abandone el backfield. Será fundamental apretar bien los dientes en los primeros downs, porque su porcentaje de conversión de terceros es del 41% (10º en la liga). Una pequeña ventaja que nos podríamos encontrar es que les cuesta convertir en la red-zone. Son 26º en porcentaje de anotación de touchdowns. El problema es que nosotros somos el 30º que más encaja.
Si nos vamos al lado defensivo, me preocupa su diferencial de turnovers. Con +10, lideran la NFL en este apartado, lo que significa que recuperan muchos más balones de los que pierden. Tienen a dos jugadores, el SF Byard y el LB Edmunds en el top-5 de la clasificación de interceptadores, con 4 y 3 respectivamente. Ambos lideran también la lista de placadores de su equipo, lo que implica que correr contra ellos no es nada sencillo.
Su defensa 4-2-5 es muy agresiva, y son frecuentes los paquetes de carga donde entran muchos jugadores a presionar. A nivel individual, principal vigilancia al defensive-end Sweat, pero el NT Dexter es su líder en sacks con 3,5. De la protección de su retaguardia se encargan los safeties Byard y Brisker, y su pareja de cornerbacks son Stevenson y Wright, con Gordon en el slot. Complicado hacerles daño en profundidad, por lo que habrá que realizar tareas de cirujano para encontrar los huecos entre líneas.
Su kicker es el veterano Cairo Santos, que este año lleva un discreto porcentaje de 9 de 11 field-goals convertidos. Se perdió un par de partidos, siendo sustituido por Moody. Su punter, Tory Taylor, está en la zona media de la clasificación. En principio, su retornador, Duverney, no es de los más peligrosos, salvo que lo comparemos con los nuestros…
En definitiva, estamos ante un equipo joven que está intentando reinventarse poco a poco. La calidad de su división no ayuda a crecer en cuanto a resultados, pero esto no implica que no sean peligrosos. Su staff técnico está recién renovado, por lo que tampoco tienen urgencias. Me parecen un equipo equilibrado en todas sus líneas. Correoso, como siempre han sido, pero con la intención de evolucionar hacia un equipo más vistoso. Desde luego, no nos lo van a poner nada fácil (los Ravens no sentenciaron su partido del pasado domingo hasta bien cerca del final).

La clave
Tras el penoso espectáculo mostrado el pasado domingo, creo que los jugadores defensivos deberían encontrarse muy heridos en su orgullo, y espero de ellos, si no una resurrección, al menos, un cambio de actitud. Acciones como Murphy siendo superado en un bloqueo por un wide-receiver, o Stewart arrancando hacia el lado contrario de donde se desarrolla la acción no pueden volver a repetirse. Esta es para mí la clave: si no somos capaces de taponar la sangría defensiva, dará igual qué hagamos en ataque.
Un ataque además que puede verse muy lastrado por la baja de Flacco. Mi sospecha es que jugará salvo que no pueda ni mover el brazo, pero es evidente que no le podemos volver a forzar a lanzar 40 pases. Así que, ser capaces de correr se volverá fundamental. Y repito, buscando más la zona intermedia para que nuestros receptores hagan las yardas tras la recepción, y masticando los drives para que nuestra defensa esté el menor tiempo posible en el campo. Este domingo, el ataque debe ser nuestra mejor defensa.
En mi opinión, necesitamos un arranque fuerte. Sospecho que la grada estará plagada de camisetas azules de los Bears por el abandono de nuestros aficionados. Es difícil juzgar a quienes vendan sus abonos porque les sobran los motivos, pero quienes asistan, lo harán con la bolsa de papel preparada para la cabeza, y bien ensayado el concierto de silbidos. Por tanto, es necesario involucrarlos pronto en la convicción de la victoria, y que esos pitos se conviertan en gritos de aliento.
Tampoco estaría mal que nuestros retornadores hicieran algo. Cuando un equipo está tan atascado como el nuestro, cualquier ayuda es bienvenida. No sé si las recurrentes molestias de Jones le están lastrando pero, en tal caso, dado que no participa en el ataque, quizá podríamos probar a Burton. Por lo demás, habrá que ver cómo evolucionan el resto de lesionados. Si no llega Risner, Fairchild retomará la titularidad; y si se confirma la lesión de Logan Wilson, se evitarán la controversia. En todo caso, las lesiones nunca vienen bien (es muy complicado que llegue Hendrickson, y esta baja sí es muy importante), e incluso necesitaríamos la participación de Marco Wilson en nuestra mediocre secundaria.
Después de la debacle ante los Jets, es normal que las casas de apuestas sitúen a los Bears como favoritos para ganar el partido por 2,5 puntos. No espero un partido bonito (lo cual no implica que el final no pueda ser feliz). Ellos tienen una media anotadora de 24 puntos, mientras que nuestra defensa encaja 31,6 de promedio (últimos de la liga). Pero ellos encajan de media 26, así que, si subimos un poco nuestras prestaciones, podemos estar cerca. Quienes ya peinamos canas como seguidores bengalíes (y también los que no), ya nos olíamos lo que podía pasar contra los Jets. Pero también sabemos que nuestro equipo es capaz de lo peor y lo no tan malo, así que, ¿por qué no imaginar que el domingo sacamos la rabia contenida y hacemos un último esfuerzo para irnos al bye sintiéndonos todavía un equipo de football profesional?
Who Dey, hermanos!!!!


Redactor en Bengals.es
Redactor en Spanish Bowl
Ex-Redactor de la AFC Norte de la NFL en el Diario AS
Colaborador de «La Perrera Brown».
Integrante del foro de los Cincinnati Bengals en NFLHispano.com
