Bengals 2025Previas

Previa Ravens – Bengals 2025

Un nuevo artículo, y una nueva crónica de una derrota. Esta vez sólo caímos por una anotación (Bengals 20 – Patriots 26), pero el partido del domingo nos dejó varias reflexiones. ¿Lo hubiéramos podido ganar de no haber hecho Chase el imbécil la jornada anterior? ¿Habría sido diferente el resultado si Taylor se hubiera decidido a alinear a Burrow (aunque hubiese puesto a Flacco ante Ravens, a cuyo brazo tampoco le hubiera venido mal un descanso)? Si Flacco no estaba al 100% (y claramente no lo estaba), y no querían arriesgar a Burrow, ¿hubiera sido razonable alinear a Browning? ¿Por qué la defensa no ha jugado así el resto de la temporada?

Preguntas sin respuesta, propias de un ejercicio de «football-ficcion«. Lo cierto es que, con esta derrota, perdimos cualquier posibilidad de aprovechar que los Steelers también cayeron ante Chicago. Y lo cierto es que lo tuvimos en la mano. En el último ataque patriota, nuestra defensa minimizó daños encajando un field-goal que nos ponía a distancia de touchdown para remontar. Se podría discutir si debieron haber sido más agresivos antes que de que llegasen a field-goal range. Tal como pedíamos en la previa, «tener el último balón del partido, para que sea el ataque quien se juegue la victoria o la derrota«, pero esta vez hay que cargar la responsabilidad de la derrota sobre los hombros de la ofensiva. Sólo pudimos avanzar de forma medianamente consistente cuando la defensa patriota se protegió atrás con defensa prevent en los finales de cada parte. Si eliminamos del marcador los 7 puntos conseguidos por la defensa, nos queda un pobre bagaje de 13 puntos, a todas luces insuficiente para ganar en la NFL. Mucho más si sumamos que 7 de los puntos encajados se originan con un absurdo turnover de Flacco. Otro ¿y si…? que sumar a la historia de «football-ficcion«.

El caso es que cuando no es una cosa es la otra, pero la única realidad es que este equipo está inmerso en una dinámica negativa (8 derrotas en los últimos 9 partidos), que no solo parece imposible de revertir este año, sino que, de no tomar medidas drásticas, se trasladaría a 2026. Esto no se arregla con el mágico regreso de Burrow (a cuya cuestionable salud no podemos confiar toda una temporada). Lo cierto es que el director deportivo Tobin ha sido incapaz de conformar un equipo solvente, ni con los jugadores ni con los técnicos. En una franquicia normal, debería pagar con su cabeza su pésima gestión. Pero claro, éste no es un equipo normal. Si los Brown consideran que el hombre hace lo que puede con los medios que le dan, es posible que sobreviva a este tercer fracaso consecutivo. Lo que no tiene remedio es la continuidad del plantel técnico, aunque el hecho de tener todavía contrato para el año que viene puede pesar más en las oficinas que el pobre papel desarrollado sobre el césped. Todo esto lo digo para que os vayáis haciendo a la idea de que igual el año que viene renuevan a Hendrickson, nos lo venden como la gran hazaña directiva que supondrá un punto de inflexión, y tenemos a los mismos muertos de regreso un año más.

Lo que regresa, como el fantasma de las navidades pasadas, es la visita a Baltimore en prime-time. El año pasado nos escamotearon la victoria al mirar los árbitros hacia otro lado en una flagrante falta personal contra Burrow y un holding a Gesicki en la conversión de dos que nos hubiera dado el triunfo. Hace dos, todos lo recordamos, se produjo allí la lesión de Burrow en la muñeca. ¿Qué nos deparará este año? Pues volver a hacer el pavo, como corresponde a la festividad de Thanksgivings. Este partido será el que cerrará tan señalada fecha en el calendario estadounidense, por lo que aquí en España comenzará ya en la madrugada del viernes a las 02:20, mientras que en México serán las 6:20 de la tarde del jueves, y en Argentina las 9:20 de la noche.

Los Ravens son viejos conocidos, pero este año no llega el primer enfrentamiento hasta la jornada 13 (y nos volveremos a ver las caras pronto en Cincinnati, en la jornada 15). Nos hemos enfrentado ya 58 veces, con 32 triunfos para ellos y 26 para nosotros, con un balance de 20-9 favorable a Baltimore como local. Llevan una racha de 4 victorias consecutivas, ya que nos han «barrido» en los últimos 2 años. Todos deseamos ver de nuevo a Burrow, pero el hecho de contemplar a Flacco enfrentarse a sus ex de toda la vida hubiese tenido su morbo. También Orlando Brown y Stone tienen pasado córvido, mientras que su CB Awuzie y el DT Bryan vistieron la elástica atigrada, y algunos todavía añoran a «Chido«. Para el partido, vestiremos de camiseta y pantalón blancos, con calcetas negras; mientras que nuestro rival lo hará enteramente de púrpura, casco incluido (también le han pedido a su público que vayan todos de este color). Es posible que el morado sea un preludio de la que nos va a caer. Lo que seguro va a caer es un frío del carajo. Se espera que la temperatura ronde los 0º, aunque el cielo estará despejado y no habrá precipitaciones. El viento, que siempre lo complica todo, tendrá una velocidad de 15 km/h, con rachas de casi el doble.

El árbitro designado para el encuentro es Craig Wrolstad. Este director atlético del instituto Christian School de Seattle, de 60 años, casado y con dos hijos, es árbitro principal en la NFL desde 2014. Nos ha pitado en 10 ocasiones, con un balance favorable de 6 victorias por 4 derrotas. Se sitúa justo en la mitad de la tabla de pañueleros, con unas 12 penalizaciones de media por partido, barriendo ligeramente a favor de casa. El año pasado en Tennessee nos anuló un claro fumble de Njongmeta retornado para touchdown. Sus faltas favoritas son los holdings ofensivos y las salidas falsas, así que mucho cuidado nuestra línea ofensiva (a la que no sé cómo le sentará que seamos «glass-eaters» llamándose su esposa Chrystal). Nosotros somos el tercer equipo que menos penalizaciones comete, pero los Ravens son los siguientes en esa lista, por lo que no deberíamos ver un partido de demasiados pañuelos, para bueno o para malo.

Como en aquella Nochevieja de 2017, con el inolvidable touchdown de Boyd en 4ª y 12 desde la 49 de Ravens, una vez que ya estamos sin opciones de playoffs, lo único que podemos hacer es fastidiar las aspiraciones córvidas (foto: Patrick Smith/Getty Images)

En ataque

Para un día que la defensa se presenta a jugar, el ataque planta un huevo. Aunque, para ser más concretos, deberíamos decir el juego de pase. Ante la mejor defensa de la NFL contra la carrera, Chase Brown sobrepasó las 100 yardas (107), con un promedio de 5,6 por intento. Ya sabíamos que, sin Perine, le iba a tocar echarse la responsabilidad sobre sus espaldas, pero cumplió con creces en este sentido, y eso que Brooks fue de poca ayuda (2 carreras para 5 yardas) y además acabó lesionado. Brightwell quedó inédito, aparte de un retorno de 20 yardas. Con tan poco margen de recuperación, Brooks no llegará a tiempo de jugar en Baltimore. Por suerte, Perine ya está recuperado, y será uno de los chicos del equipo de prácticas, Milton o Brightwell, quienes les acompañen. Personalmente, no lo veo mal. Brooks ha sido una decepción, y su perfil como jugador no aporta nada diferente.

Otro factor en la mejoría de Brown en esta segunda parte de la temporada es sin duda una línea ofensiva cuyas prestaciones están rayando a gran nivel. De nuevo, ante una buena defensa como la de Patriots, solamente encajaron un sack (pero uno bastante costoso, porque nos sacó de field-goal range). Risner entró por Rivers (con molestias toda la semana) en el right guard, que no es su posición favorita, y estuvo bastante bien. Cierto es que permitieron que golpearan 6 veces a Flacco (en una de ellas se le dislocó un dedo, pero pudo recuperarse, incluso a mejor nivel, probablemente enrabietado), y que en ocasiones lanzó muy presionado (como en el último pase, por una deficiente protección de Orlando, a quien cada vez más se le ven las costuras cuando no hace salida falsa, que no sé cómo no se las pitan). Cuando este jueves vuelva Burrow, podremos comprobar si realmente la mejoría es real, o fruto de que Flacco no se complica la vida tanto como nuestro #9.

Hablando de Flacco, el del domingo fue claramente su peor partido desde que está con nosotros. A nivel estadístico, se quedó en 183 yardas (79 en la primera mitad), pero las sensaciones fueron peores que los números. Es evidente que la lesión en el hombro le está molestando mucho (un triste 51% de pases completados). Pero también sería cegarnos ante la evidencia de sus errores. Encajó el citado sack en el primer cuarto cuando debió haber mandado el balón fuera. La intercepción de Jones estuvo cantadísima. Todo el público, hasta en el estadio, gritaba «¡Nooo!» cuando vimos sus intenciones de hacer ese pase. Además, tiró varios balones a matar topos. Algunos directamente para que fueran incompletos, y otros, tan bajos que a los receptores les resultaba muy difícil atraparlos. Sólo movió el balón con cierta fluidez cuando la defensa patriota se fue muy atrás para protegerse del touchdown. Además, se le escaparon varias situaciones de receptores solos para el touchdown.

No quisiera que mis últimas palabras hacia el quarterback que nos devolvió cierta ilusión de conseguir algo fueran negativas. Ha demostrado una profesionalidad ejemplar. Consciente en todo momento de su situación provisional, sus declaraciones han sido siempre de exquisita educación y agradecimiento. No ha querido justificarse en la evidente lesión que padece, y ha dado la cara en todo momento, tras una línea ofensiva que muchos tachaban de criminal. Honor para el viejo Joe. No has conseguido el objetivo de ganar 3 partidos hasta el regreso de Burrow, pero nadie podrá decir que fuera por tu culpa.

Más culpable me parece, por ejemplo, Ja’Marr Chase, quien se borró del partido del domingo por un calentón inaceptable para alguien de su estatus en el equipo. En su ausencia, los Patriots pudieron defender mucho mejor a nuestros receptores. Doblaron la cobertura de Gonzalez sobre Higgins, y le limitaron a 31 miserables yardas. No es la primera vez que cuando falta uno del dúo dinámico, se resiente la producción del otro. De la atención que demandaba deberían haberse aprovechado los Iosivas, Jones y Gesicki, pero dio la impresión de que les costaba horrores conseguir cierta separación, y todos los balones que les llegaban eran muy disputados. Aquí también deberíamos hacer mención a lo que, a mi modo de ver, fue un fantástico partido de la secundaria patriota.

Para Baltimore volverá Chase, pero perdemos a Higgins, quien sufrió un severo golpe en la cabeza. La lesión fue muy fea y la inclusión en el protocolo de conmociones, obligada. Esperemos que se recupere pronto, y en el plano deportivo, que solamente sea una jornada de descanso (pero me temo que será más). Llama la atención que, por las lesiones, Higgins solo haya jugado 2 partidos en Baltimore en toda su carrera. La nota positiva vino de la mano (de las manos, más bien) de Tinsley. El undrafted demostró que su buena pretemporada no fue casualidad y, aparte de anotar un meritorio touchdown (quemó a Gonzalez, que parecía imbatible), logró una recepción en 4ª y 8 en el drive final que nos permitió seguir soñando. Se ha hecho merecedor de más oportunidades, especialmente en la zona roja.

Sobre todo porque, y ésta es otra nota negativa que nos dejó el encuentro del domingo, Burton parece no contar en absoluto para los entrenadores. Ni siquiera con la ausencia de Chase fue capaz de hacerse un hueco entre los convocados. Una absoluta decepción este jugador en el que invertimos una 3ª ronda. Si ya apuntábamos que olía a corte al finalizar 2024 por su compartimiento extradeportivo, no creo que sobreviva en el equipo después de este año.

El tercer receptor fue, como imaginábamos, Gesicki. Una vez recuperado de la lesión, y viendo que no se puede confiar en Fant, logró 4 recepciones para 35 yardas. Por su parte, Hudson, Sample y Fant tuvieron una recepción cada uno (9 yardas para Fant, otras tantas para Hudson, y 0 para Sample). En un encuentro donde los Patriots defendían con doble safety atrás para protegerse de los big-plays, quizá hubiera sido productivo probar más a los tight-ends en zonas intermedias, o escorados a la flat, para estirar su defensa.

No obstante, sí que pudimos ver algunas acciones interesantes, como formaciones con dos runningbacks a la vez, o una carrera de Iosivas. Sin embargo, sabiendo que no jugaría Chase, creo que se debería haber preparado un plan mejor que simplemente confiar en que los suplentes lo harían igual. En mi opinión, toda la incertidumbre sobre si al final jugaría Burrow o no, perjudicó la preparación del partido. En este sentido, para el jueves las cosas ya están claras: Burrow estará, pero Higgins no. Espero que, aunque el tiempo de preparación sea mínimo, se disponga un plan acorde a estas circunstancias.

Tras su 5º partido consecutivo con más de 100 yardas totales (entre carrera y recepción), Chase Brown mantiene la racha más larga de la NFL en esta categoría. De resultar irrelevante, está pasando a ser uno de los pilares de la ofensiva (foto: ESPN)

En defensa

Cuando las 3 primeras posesiones de Patriots acabaron en punt, 3 y fuera, e intercepción para touchdown, nos frotábamos los ojos preguntándonos si éste sería el día. Desgraciadamente, no lo fue tampoco, pero esta vez porque el ataque no estuvo a la altura. Se cometieron errores, que ahora desmenuzaremos, pero en líneas generales, esta vez la defensa dejó el partido en unos números razonables para que nos lo hubiésemos podido llevar. No diré que sea un punto de inflexión, pero al menos empiezan a verse cosas.

Si empezamos por lo malo, hay que decir que, aunque en menor medida que en partidos anteriores, porque aquello era escandaloso, seguimos fallando más placajes de la cuenta. Hay que seguir trabajando este tema. Pero lo más sangrante fue la inutilidad para cubrir a los tight-ends. Ya sé que éste es un mal endémico desde hace lustros, pero el domingo pasado permitimos a los tight-ends de Patriots 10 recepciones para 154 yardas y un touchdown. Precisamente, un touchdown donde Henry estaba totalmente solo, después de que Stone y Knight se fuesen ambos a la flat a marcar al hombre invisible. Si no somos capaces de detener esta sangría, el próximo jueves, Andrews va a tener nuevamente contra nosotros números estratosféricos.

Maye nos hizo 22 yardas corriendo. Carter debía ser su «espía», pero una vez más le vimos bastante desubicado. Tras su buen partido en Pittsburgh, esperábamos un poco más de Murphy, titular tras la baja de Hendrickson. Sin embargo, estuvo bastante discreto, siendo lo más destacado un fumble que le provocó a Maye y que no pudo recuperar.

Ante la baja de Taylor-Britt, como nos temíamos, fue Hill quien ocupó su posición en el cornerback exterior y, como imaginábamos, fue un completo despropósito. Hasta 3 penalizaciones por interferencia defensiva, dos ellas tan claras que hubiesen sido touchdown de no hacerlas. Quizá la lesión de Marco Wilson casi al comienzo del partido obligó a rehacer los planes sobre la marcha, pero como he dicho en otras oportunidades, pasando a Hill a jugar por fuera, no ganamos un cornerback exterior, y en cambio perdemos un cornerback interior.

Quien ocupó entonces la posición de CB-slot no fue Newton, sino Jalen Davis, ascendido desde el equipo de prácticas. La verdad es que apenas se notó su inactividad, y suyo fue el único sack que conseguimos. Para Baltimore tampoco estará Wilson, por lo que la receta va a volver ser la misma. Esperemos que esta vez con mejores resultados. Y quizá con mayor participación de Ivey, el unico defensive-back con cierto cuerpo como para emparejarse con tight-ends.

No obstante, lo mejor de la tarde dominical fueron los numerosos goal-line stands que superó nuestra defensa. Hasta 11 oportunidades tuvieron los Patriots dentro de nuestra yarda 5, y 7 de ellas en la yarda 1. El saldo fue de un turnover on downs y un field-goal. Espero que estas acciones sirvan para revalorizar de cara a los entrenadores a Jackson, parte muy importante en las mismas. Aunque también brillaron, trabajando por parejas, Carter y Knight, Murphy y Ossai, y Battle y Stone.

Por cierto, Stone se anotó el hito de ser el primer jugador que retorna para touchdown una intercepción de Maye. Fue el segundo pick#6 en la carrera de Stone. Como el año pasado, parece que el final de temporada le sienta mejor que el principio. Que no nos engañe otra vez.

Y si bien hay que valorar los aciertos defensivos por parte de Golden, también hay que señalar su falta de ambición en el último drive de New England. En 3ª y 11 desde la 50, fuimos muy timoratos en una presión con sólo 4 hombres, y Maye encontró fácilmente a Diggs (muy desaparecido todo el partido gracias a otra fantástica actuación de Turner). En 3ª y 7 desde la 33 sí que mandó full bllitz, provocando el incompleto, pero ya habían llegado a field-goal range, por lo que no nos valía con un field-goal en nuestro siguiente drive y teníamos que ir sí o sí a por el touchdown.

Ante Ravens, la táctica deberá ser diferente. Ellos van a correr mucho con Henry, por lo que deberíamos plantear bloques pesados en la parte alta, con vigilancia extra para Jackson quien, aunque no se está prodigando mucho, siempre es peligroso. Además, me dan más miedo los tight-ends que los widereceivers, por lo que preferiría retornar a Hill al slot y jugármela con Newton en el exterior. Nos va a volver a faltar Hendrickson, por lo que no me volvería loco buscando un sack que no va a llegar, sino en hacer el contain para que Jackson no siga sacando petróleo de jugadas rotas.

Con el pick#6 de Geno Stone cobrábamos una ventaja de 10-0, que al final no sirvió para nada más que para que se empezara a reconciliar con los aficionados (foto: Carolyn Kaster / AP Photo)

El rival

Los cuervos están remontado el vuelo (valga el símil ornitológico). Tras empezar 1-5, lastrados por la lesión de Lamar Jackson y un calendario complicado, encadenan 5 victorias consecutivas y, con 6-5, lideran actualmente la AFC Norte. Empatados eso sí con los Steelers, pero al jugar ellos contra los Bills, seguro que en Baltimore todos esperan este partido para cobrar ventaja sobre los acereros.

Nos conocemos demasiado como para esperar sorpresas. Su base ofensiva serán las carreras, con formaciones de doble tight-end o encabezadas por un fullback. Y cuando la defensa sobrecargue el box, lanzar latigazos hacia sus receptores profundos. Y si no funciona, pase corto a los tight-ends para masticar los drives mientras agota a la defensa. Y si esto tampoco funciona, carreras de Jackson para mantener con vida los ataques. Es decir, son un equipo con muchas alternativas, que todos esperaban que se iba a llevar la división de calle, aunque ahora igual esto no está tan claro. Las últimas tres victorias ante Browns, Vikings y Jets, que deberían ser sencillas, les han costado más de la cuenta.

Lamar Jackson no está bien. El MVP de 2024 y que se quedó a las puertas de repetir título en 2025 se ha perdido 3 partidos y es una presencia constante en la lista de lesionados. Sus números han sufrido un claro retroceso, probablemente derivado de sus problemas físicos: corva, rodilla, tobillo y el último, el dedito gordo del pie. Otra consecuencia de su falta de movilidad es el aumento de los sacks que ha encajado (el 11% de los dropbacks, el mayor porcentaje de toda su carrera).

El siguiente escollo que nos encontraremos es Derrick Henry. El poderoso runningback estuvo contenido ante Jets (solo un promedio de 3 yardas por carrera), pero anotó 2 touchdowns. En mi opinión, a nuestra defensa le vienen mejor los corredores de ese estilo (sufrimos más con los móviles), pero como encuentre campo abierto, va a ser un risa ver a Carter, Knight, Battle o Stone intentar placarle.

Otro motivo para la hilaridad será sin duda la cobertura a los tight-ends. Si hacemos probowler a cualquier mindundi, enfrentarnos a uno de categoría como Andrews supone un desequilibrio difícil de igualar. No sé si la idea es dejar a Hill por el medio para que se empareje con él, o incluso alinear a Ivey en jugadas puntuales de pase. Pero la vigilancia no debe ser exclusiva hacia él, porque Likely también nos puede hacer daño.

Su wide-receiver más peligroso es Flowers. Es de largo el receptor favorito de Jackson (lleva casi el doble de recepciones y más del doble de yardas que el siguiente, que es precisamente Andrews). Supongo que Turner se pegará a él, lo que dejaría un emparejamiento favorable a Bateman con el otro (quien sea) cornerback exterior. DeAndre Hopkins, a sus 33 años, todavía destila detalles de su calidad, Pero cuidado también con Williams, el cuarto WR, que el año pasado nos hizo un touchdown de 84 yardas. Es un partido para que Stone saque todo el carácter contra sus ex, porque va a estar muy exigido.

Su línea ofensiva (de izquierda a derecha formada por Stanley, Vorhees, Linderbaum, Faalele y Rosengarten) está diseñada para ser muy física y castigar a las líneas contrarias hasta derrumbar el muro por agotamiento. Con nosotros no necesitarán tanto esfuerzo. Seguimos siendo la peor defensa contra la carrera de la liga y ellos son el 6º mejora ataque terrestre. Sin embargo, en protección de pase, podrían ser vulnerables.

Su clásica defensa 3-4-4 tiene una muralla en el medio con Jenkins, Jones y Urban. Tras ellos, los linebackers interiores Roquan Smith y Buchanan pueden ser muy incisivos, mientras que por fuera, Van Noy y el novato Mike Green (muy querido por nosotros en el draft) son los estiletes que utilizan para llegar al quarterback (2 y 2,5 sacks respectivamente).

La secundaria es una mezcla de veteranía y juventud. En los cornerbacks, la sobriedad y seguridad de Humphrey se combina con la juventud y habilidad para las intercepciones del cornerback de segundo año Wiggins (ya lleva 3). En el strong-safety tenemos a Hamilton, aunque como dice mi amigo Marco Alverez en este fantástico artículo, su nueva ubicación de CB-slot ha sido clave para que los Ravens encajen más de veinte puntos menos de media desde el cambio. Quien se queda a proteger la retaguardia como safety más retrasado es el novato Starks, mientras que si Zach Orr, el coordinador defensivo, plantea una defensa con Hamilton cerca de la caja y doble safety profundo (que me temo será lo que hagan), sería Gilman quien acompañe al rookie.

Este año, la defensa córvida no es tan temible como en temporadas anteriores. Ocupan el 20º puesto contra la carrera y el 24º contra el pase. ¿Consecuencia de un calendario muy fuerte al comienzo y más relajado en las últimas jornadas? Podría ser. Pero ante un QB que llega en frío como Burrow, podrían hacerle pagar su temeridad por empeñarse en jugar ya sin nada en juego.

Este año no sufriremos al kicker Tucker, pero su sustituto, el novato Loop, está resultando bastante certero (22 de 24). Si nos sentimos orgullosos de que nuestro Rehkow sea el punter con más yardas de promedio de la NFL, el suyo, Stout, es el tercero. Su retornador de punts, Wester, es el 7º de la liga con mejor promedio, mientras que el de kickoffs, Mitchell, lleva un año más discreto. En definitiva, sus equipos especiales no son ninguna debilidad. Tampoco.

Como decía, conocemos lo suficiente a los Ravens como para saber que son un rival rocoso y competitivo. Puede que no estén en su mejor momento, pero atesoran tanto talento en sus filas que vencerles siempre es complicado, especialmente a domicilio. Es el sello que les ha imprimido Harbaugh durante todos estos años.

Este año nos vamos a enfrentar a la versión más mermada de Lamar Jackson de los últimos tiempos. Es una pena que nuestra defensa esté bajo mínimos, porque sería una buena oportunidad para tratar de controlar el partido desde aquí (foto: ClutchPoints)

La clave

Este encuentro presenta varias incógnitas. La primera, sobre todo, conocer si realmente nuestra defensa ha experimentado alguna mejoría, o su mejor rendimiento ante Patriots fue circunstancial por las características del rival. Enfrentarse a Baltimore supone estar dispuestos a sufrir un duro castigo en el front seven ante las acometidas terrestres (que no juegue Justice Hill, el hermano de nuestro Daxton, será un alivio porque el RB2, Mitchell, no es tan contundente y Henry tendrá menos descanso). Por tanto, el primer compromiso, fundamental, es el de cerrarles la carrera, al precio que sea (es decir, reduciendo si es preciso personal de la secundaria).

El siguiente reto es el de proteger la zona intermedia contra las recepciones de sus tight-ends. Ésta es una asignatura pendiente y no de ahora. De poco sirve apretar los dientes para provocarles terceros y largos, y luego que un pase sencillo de 10 yardas eche por tierra todo el trabajo anterior. Necesitamos que Hill trabaje por dentro (aunque la baja de Marco Wilson nos deja muy escasos de cornerbacks), pero también que Battle eche una mano en labores de cobertura, que no son precisamente su fuerte.

El siguiente objetivo sería evitar situaciones cómodas a sus receptores profundos. Tanto Flowers como, en menor medida, Bateman, tienen una gran capacidad para desmarcarse y ser muy peligrosos lanzados en profundo. Confío en que Turner pueda eclipsar al primero, pero de pensar en que al segundo le cubra Hill me entran escalofríos. Necesitamos que Stone haga un gran partido (y demuestre que le han servido las clases particulares de placaje impartidas por Golden en persona).

Por último, pero no menos importante, debemos contener a Jackson. Todo lo anterior está encaminado a que Baltimore tenga que depender más del pase que de la carrera, y de que a su quarterback no le sea fácil encontrar objetivos. Pero ya sabemos lo escurridizo que es, así que no cometamos el error de lanzarnos a por él como locos (aunque su movilidad esté reducida), sino presionarle con celeridad para que no pueda lanzar desde una plataforma cómoda, pero con cabeza para que no eluda el rush con sus carreras.

Pero contenerles sólo es la mitad del trabajo. También tendremos que anotar. Nos cuesta mucho avanzar cuando no tenemos a la vez a Higgins y Chase, y el jueves nos volverá a faltar uno de ellos. Por suerte, el que jugará será Chase, quien tiene un documentado historial de éxitos frente a los córvidos, pero el resto del plantel receptoril tiene que dar un paso adelante. Desde Iosivas y Tinsley (Burton nuevamente se queda fuera, ahora con una inesperada lesión como excusa), hasta Gesicki, Fant y Hudson (Sample no está para estas labores, sino para llevárselo muerto tareas de protección).

Ya sabemos que jugará Burrow (no le han activado de la lista de lesionados para que sea suplente), y es inevitable que muestre falta de rodaje (en especial, en un momento de la competición donde las defensas ya van a toda máquina). Habrá que tener paciencia con sus posibles fallos, y esperar que conforme avance el partido mejore sus prestaciones. En este sentido, creo que sería un error dejar de lado a Chase Brown ahora que está en el momento más dulce de la temporada. Poder construir un juego de carrera sólido sería la mejor base para la adaptación de Burrow al ritmo requerido. Por suerte, el estado de forma de nuestra línea ofensiva es de los mejores (sino el mejor) que se ha encontrado Burrow en su carrera (aunque si se sigue haciendo el héroe, sin haber aprendido de sus lesiones ni del juego de Flacco, de poco habrá servido).

Buena parte del resultado se va a decidir en las zonas rojas. En ambas áreas. A ellos les cuesta convertir en touchdown sus llegadas, y nosotros estamos defendiendo bien estas situaciones. Más pareja estará la situación al contrario, cuando nos toque atacar, porque no estamos muy finos, y ellos también son bastante impenetrables. Lo bueno es que la movilidad de Burrow nos aporta una alternativa de la que carecíamos con Flacco.

Como es normal en un enfrentamiento entre un equipo de 6-5 contra otro que va 3-8, los Baltimore Ravens son claros favoritos para llevarse el encuentro. Según las casas de apuestas, 7 puntos sería la diferencia. Este margen ciertamente nos daría opciones de llevarnos el partido. Otra cosa que se puede cuestionar es si tenemos posibilidades realistas de ganar la división (entrar vía wildcard está descartado) estando 3 partidos por debajo con solo 6 por disputar, o si es preferible pensar ya en 2026, y de paso, poner obstáculos a un posible título para los Steelers. Vosotros ya sabéis lo que pienso yo. Quiero ganar siempre, y el año que viene, que pase lo que tenga que pasar.

¡Who dey, hermanos!!!!

Desde el mismísimo escudo del equipo en el centro del campo, McPherson colocó un patadón de 63 yardas que supuso el record al field-goal más lejano de la franquicia, y uno de los más largos al aire libre en la historia de la NFL. Ante el descalabro defensivo de todo el año, y la inconsistencia ofensiva, los equipos especiales se han convertido en el último reducto de confianza (foto: sportskeeda.com / Imagn)

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