Bengals 2025Previas

Previa Steelers – Bengals 2025

Empiezo este artículo con un temor y una convicción. El temor es que nada de lo que vayáis a leer a continuación sirva para nada, y que nuestra defensa siga dando asco, y nuestro ataque pena de ver su impotencia para ganar los partidos. La convicción es la de que, aparte de perder el tiempo, no sea capaz de convenceros de que el próximo domingo vaya a ser distinta la cosa.

La derrota ante Bears nos heló el corazón por múltiples motivos, pero el principal de todos es el que, aún apelando a los milagros, y produciéndose estos, nuestro fatal destino está marcado por la providencia. Cuando tras años siguiendo a este equipo crees que ya has visto todas las posibles maneras de perder, te sorprenden con otra a cuál más novedosa y cruel. Para todas aquellas almas inocentes que desconozcan el desenlace del Cincinnati Bengals 42 – Chicago Bears 47, simplemente amargarles con el recuerdo de que, a falta de 2:15 para el final perdíamos 27-41; y que tras una inverosímil remontada nos poníamos 42-41 a falta de 50 segundos, para caer dramáticamente a falta de 17 por el referido marcador final.

Difícilmente se puede acusar de nada a una ofensiva que anota 42 puntos, salvo el hecho de dejar tiempo al adversario para volver a anotar. Pero por desgracia, uno no anota cuando quiere, sino cuando puede. Aunque quizá hubiera sido deseable dejar el partido en manos de nuestro ataque y no de la defensa, consumiendo el máximo de tiempo (y los tiempos muertos del rival), a dejarles con tiempo suficiente para llegar a field-goal range (que, al final, ni eso fue necesario). Como venimos diciendo en los anteriores artículos, hemos llegado a la conclusión de que si el rival tiene que anotar, anotará, lo que se comprobó con frustrante precisión.

Por el camino, hubo muchos acontecimientos que quizá hubieran podido derivar en otro final. Una inútil falta de Knight en tercer down, un imperdonable drop de Brown que nos obligó a conformarnos con 3 puntos, una salida falsa de Ivey en un field-goal fallado por Chicago que les permitió anotar un touchdown en la continuación del drive, una infantil falta personal de Orlando Brown que nos retrasó 15 yardas para complicar un TD que acabó en FG, un fallo de McPherson en un field-goal convertible por usar un balón de quarterback y no uno de pateo, un despiste de Iosivas al no establecerse en el campo a tiempo que anuló un TD tras el cual interceptaron a Flacco,… Errores, errores y más errores que, puestos uno sobre otro, los hacen incompatibles con la victoria.

Pero creo que ninguno tan grave como la pandemia que sufrimos en cuanto a los fallos de placaje. Resulta desolador ver cómo cualquier mindundi (era la primera titularidad del runningback novato de 7ª ronda Monangai) nos recorre el campo como quiere. El tight-end novato Loveland hizo más yardas contra nosotros (118) que en sus 8 partidos anteriores juntos (aparte de anotarnos los únicos touchdowns de su carrera profesional). De los 11 drives de Chicago, llegaron a situación de anotar en todos salvo dos. La ¿defensa? de los Bengals es ahora mismo nuestro principal enemigo, que amenaza no sólo con arruinar la temporada (esta vez la lesión de Burrow no servirá como excusa), sino con hacer estallar un vestuario dividido y descontrolado.

Ya ha pasado más de una semana de aquella fatídica fecha, y nada ha cambiado, más allá de la marcha de Wilson, tan inútil (apenas una 7ª ronda hemos obtenido a cambio) como esperada. Triste despedida para nuestro capitán defensivo, que nos ha dado no pocos momentos de gloria. Sobre la conciencia de los entrenadores pesará su defenestración, sobre todo en una defensa carente de talento, calidad, y liderazgo. Tampoco ha habido despidos, lo que, a mi entender, implica que no de no enderezarse la situación (y no tienen camino de hacerlo) serán muchos, y de alto rango, quienes abandones la disciplina bengalí para 2026.

Pero no adelantemos acontecimientos y vayamos a lo que nos ocupa, que es el partido del próximo domingo en el Acrisure Stadium de Pittsburgh contra los Steelers. En efecto, difuminada por el triste devenir de nuestro equipo, esta «Steelers Week» ha quedado bastante eclipsada. Pero conforme se acerque la cita, seguro que irán subiendo nuestras pulsaciones. Así que todos preparados para estar bien pertrechados de desfibriladores desde las 7 de la tarde en España, las 11 de la mañana en México, y las 3 de la sobremesa en Argentina. El día se presenta encapotado en Pittsburgh, con una probabilidad de lluvia del 30% y una temperatura que rondará los 12º. Cuidado con los vientos de 20 km/h, que siempre dificultan los pateos, sobre todo en el gol sur, en la confluencia de los tres ríos.

Con 112 duelos entre ambas franquicias, los Steelers son el equipo contra quienes más partidos hemos jugado, pero el balance es desoladoramente favorable a ellos: 71 a 41. Sin embargo, les derrotamos en el último enfrentamiento disputado justo cuando se cumpla un mes, el 16 de octubre, y a esto tenemos que agarrarnos. De las conexiones, no hay ninguna nueva ni más interesante de las comentadas de Austin, su coordinador defensivo, y los primos Heyward en cada bando. Para este encuentro, vestiremos con camiseta blanca, pantalón naranja y calcetas blancas. Será la 5ª equipación diferente para Flacco en 5 partidos, y eso que todavía no ha vestido la tradicional de camiseta negra y pantalón blanco.

La NFL ha elegido para dirigir la contienda al prestigioso colegiado Bill Vinovich. Este veterano asesor financiero de 64 años, hijo y nieto de árbitros, es de total confianza para la NFL, como demuestran las 3 Super Bowl que lleva arbitradas. Árbitro principal desde 2004, estuvo fuera de la liga entre 2007 y 2011 por un problema cardíaco. Compagina su actividad de árbitro de football con la de baloncesto. Este año está pitando de forma un poco más casera (60 faltas contra los locales, 70 a los visitantes), pero lo que más me preocupa es que nació en Beaver County, un condado de Pensilvania, y ya sabemos el estado al que pertenece nuestro rival del domingo. Este año todavía no nos había pitado, pero a los Steelers les arbitró en su victoria en Nueva York ante los Jets. Su balance cuando nos dirige es de 8 victorias por 10 derrotas, siendo el último partido la derrota en casa contra Baltimore del año pasado. Se sitúa en la parte alta de los pañueleros, con una media de más de 14 penalizaciones por partido. Su falta favorita es la salida falsa, así que Orlando Brown debe llevar mucho cuidado.

El primer duelo entre quarterbacks cuarentones de ambas franquicias cayó de nuestro lado. Esperemos que en el de este domingo, donde obviamente ambos QBS tendrán ya más edad, vuelva a repetirse la historia (foto: Michael Hickey/Getty Images)

En ataque

Poco se puede criticar a una ofensiva que es capaz de anotar 42 puntos, por mucho que sea contra la defensa de los Bears. Si en el partido de Jets, Karras se quejaba de que no habían sido capaces de lograr 40 puntos, el partido ante Chicago nos demostró que da igual la puntuación que logremos, que el rival será capaz de superarla. El problema no es que anotemos poco, sino que encajamos demasiado.

Por esta razón, el ataque no deberíamos enfocarlo tanto a conseguir una puntuación alta (que también), sino a que evite por todos los medios que nuestra patética defensa pise el campo. Por desgracia, la nueva normativa de la NFL sobre los onsidekicks sólo permite ejecutarlos en los últimos 5 minutos, y únicamente si se va perdiendo, así que tendremos que idear otra manera. Por tanto, habrá que encontrar la manera de prolongar los drives todo cuanto nos sea posible. El problema es que cuando vas por detrás en el marcador, la prioridad es otra, y no se puede anotar cuando se quiere, sino cuando se puede. En nuestro último drive, podríamos haber estirado las jugadas para agotar el reloj y jugárnosla a todo o nada en el último down, pero de haber fallado, también hubiesen llovido las críticas.

Para que este plan funcione, es primordial que la carrera sea efectiva. Ante Bears, las carreras supusieron menos de la cuarta parte del total de jugadas ofensivas. Brown se quedó en un promedio de 3,4 yardas por intento, Perine se lesionó en equipos especiales y no pudo ayudar, y Brooks, elegido 40 picks antes que Monangai en el pasado draft, hizo una miserable yarda en su única carrera. No sé si para el domingo, Perine estará ya lo suficientemente recuperado para volver a ser de la partida, pero dejadme que insista sobre la inutilidad de Brooks. Creo que ya va siendo hora de subir al roster principal a Milton, o incluso a Brightwell que puede hacer la labor de retornador secundario encomendada a Perine.

Esta debería ser una clave para no vernos obligados a ir de milagro en milagro, o cerrar los partidos que estemos dominando. Sobre todo ahora que nos hemos vuelto a olvidar de los tight-ends. Ante Bears, el más productivo a nivel de yardas fue Hudson, con 42 en solo 2 recepciones, una muy meritoria de 33, mientras que Fant, aunque anotó un touchdown, antes de esto sólo llevaba 5 yardas en dos pases hacia él. El líder en recepciones fue Brown, con 14 pases hacia él y 8 recepciones (con algún drop). Tuvo más pases que carreras. Creo que es un error sobrexplotarle y, por otro lado, no intentar buscar más a los tight-ends en pases rápidos, como sin duda tendremos que hacer ante la presionante defensa de Steelers.

Pero claro, tras las exhibiciones de Chase y de Higgins, cuesta trabajo pedir que se diversifiquen los pases. Son dos jugadores de una clase tan descomunal, que cada pase que no vaya a sus manos son oportunidades de big-play desperdiciadas. 111 yardas el primero y 121 más 2 touchdowns el segundo. Pero esto también lo saben las defensas, que van a enfocarse mucho sobre ellos. Tinsley tuvo una formidable recepción que casi acaba en touchdown. Creo que habría que utilizarle más como amenaza profunda, para estirar las defensas. Sobre todo, viendo que no hay día que Iosivas no salga en alguna foto. Es demasiado irregular como para tenerle mucha confianza. Eso sí, me gustó que le dieran una jetsweep que, aunque quedó en solo 4 yardas, fue una interesante novedad para aprovechar su capacidad atlética corriendo tras la línea de scrimmage.

También estoy convencido de que la mejoría ofensiva pasa por estar ante el momento más dulce de la línea ofensiva. 3 sacks encajados es una cantidad asumible cuando hay 50 intentos de pase. Con Risner inactivo por enfermedad, Fairchild fue titular un día más y no desentonó. No quiero decirlo muy alto para no gafarlo, pero puede que con él y Rivers hayamos encontrado dos decentes guards titulares en un solo año. Así, sólo nos faltaría encontrar una pareja para el lado opuesto de Mims, viendo que se acerca, si no está ya encima, la decadencia de Orlando Brown, y saber si Lee o McLaughlin pueden llegar a ser relevos aceptables para Karras en en centro (algo que podríamos empezar a mirar ya si perdiéramos en Pittsburgh y nos quedásemos sin opciones realistas de hacer nada otra vez esta campaña).

No obstante, que todos estos dilemas no empañen lo que ha sido la gran noticia de esta semana: la vuelta de Joe Burrow a los entrenamientos. Acortando mágicamente los plazos, ya tenemos de nuevo en el campo de entrenamiento a nuestro capitán, dispuesto a ayudar en todo lo que pueda al equipo. De momento, hemos abierto el plazo de 3 semanas donde puede entrenar sin necesidad de salir de la lista de lesionados. Pero no nos volvamos locos. Aunque se haya marcado como objetivo volver para el partido en Baltimore de la noche de Acción de Gracias, es muy complicado que llegue, siendo más realista su retorno para la jornada siguiente en Buffalo.

Es encomiable el empeño de Burrow en acortar los plazos de recuperación. También puede ser que vea amenazada su titularidad (al menos, este año). Lo último que vamos a hacer aquí es dudar del talento y capacidad de nuestro capitán, pero la realidad es que la ofensiva está funcionando con Flacco de forma difícilmente mejorable. La movilidad y habilidad para prolongar las jugadas que perdemos sin Burrow, lo ganamos en experiencia y capacidad para jugar bajo center y facilitar las carreras de Flacco. Será una decisión que habrá que tomar en su momento valorando muchos factores, pero ya nos ocuparemos de ella cuando llegue.

De momento, lo que tenemos es a un Joe Flacco jugando probablemente el mejor football de su dilatada carrera profesional. Sus 470 yardas contra Bears fueron record personal, y la mayor cantidad de yardas lanzadas en la NFL por un quarterback de más de 40 años. Y todo esto, recordemos, con un hombro lesionado. Además, adornan esta estadística 4 touchdowns, y solamente la empañan dos intercepciones: una de ellas en un triste hail-Mary final cuando el pobre ya no tenía fuerzas para llegar a la end-zone (no sé si para esa acción hubiera sido mejor otro QB con más potencia de brazo), y otra cerca del final en la red-zone (que milagrosamente no fue pick#6 por un toque de Chase Brown que la hizo down-by-contact) en una jugada muy parecida a otra que anularon poco antes por una falta previa. Aunque no se le pueden poner peros, hay que vigilar estas acciones.

En la victoria del partido en Cincinnati, la verdad es que Taylor estuvo más acertado que Tomlin. Seguro que el técnico de Pittsburgh habrá tomado buena nota para no que se vuelva a repetir. Nuestro técnico ha tenido una semana entera para preparar el partido. Espero que se note, porque en este encuentro va nuestra temporada. Si nuestras esperanzas ya son mínimas, caer 3 partidos por detrás de Steelers sería irrecuperable. En el partido contra Chicago vivimos una acción de las más ridículas que recuerdo (y mira que llevo años siguiendo a este equipo). En una jugada donde los árbitros habían marcado que el corredor de Bears quedaba corto del touchdown, pedimos que se revisara esperando que nos dieran fumble, y lo que pasó es que comprobaron que había traspasado la goal-line y fue touchdown para el rival gracias a nuestro challenge. Cosas como ésta no ayudan a la causa pro-Taylor, así que, quizá él más que nadie, necesita una buena victoria para reivindicarse.

Para intentar tener una mínima posibilidad de victoria, el ataque no sólo tiene que jugar bien, sino que pasar por encima de los Steelers para poner una distancia en el marcador que le permita, cruzando muy fuerte los dedos, conservar a nuestra defensa (foto: Getty Images)

En defensa

Estamos viviendo momentos históricos. Jamás en nuestra larga vida habíamos contemplado una defensa tan espantosa. No sólo es la peor de la competición (32ª contra la carrera, 31ª contra el pase, 32ª en yardas permitidas por partido, 32ª en puntos encajados…), sino que es probablemente la más horrorosa desde que existe la NFL. No hay gráfica negativa que no deba ser ampliada por el fondo para mostrar dónde estamos. Ni siquiera haciéndolo a propósito es posible encontrar una defensa que se desmorone así en todos y cada uno de sus frentes. La realidad evidente es que poner 11 conos en el campo no lo podrían hacer peor.

Ante un descalabro así, es imposible cualquier tipo de análisis. Si pensábamos que habíamos tocado fondo ante Jets, el partido contra Bears nos enseñó que todavía se puede caer más bajo. No fueron solo los 47 puntos encajados (que ya estaría bien por sí solos), sino la sensación de que si hubieran necesitado más, los hubieran conseguido sin problema. Tras la heroica remontada del ataque y los equipos especiales, sólo necesitábamos hacer una buena jugada en defensa, y no se produjo. Todo lo contrario. Ni siquiera fuimos capaces de forzarles a chutar un field-goal (su kicker estaba fallón), sino que les regalamos el touchdown de la victoria. Las clases particulares de aprender a placar no surtieron efecto. O hubo muchos jugadores que hicieron pellas. Que los 3 jugadores con más cantidad de placajes fallidos de la competición (Knight, Battle y Stone) pertenezcan a nuestro equipo es una vergonzosa calamidad.

Realmente, no sé qué más hace falta para que se depuren responsabilidades. Podemos culpar a Tobin de conformar una defensa infame (aunque también es el mismo responsable de reunir un ataque descomunal), pero su despido, ni creo que se produzca, ni solucionaría nada ahora mismo. No ocurre igual con los componentes del staff defensivo. Está claro que no han dado con la fórmula para remontar el deficiente rendimiento de 2024, y cada partido que pasa se les ve más perdidos. Improvisando, sin respuestas, y con una muy cuestionable gestión del personal. La semana pasada vivimos la defenestración total de Logan Wilson, un linebacker que, sin ser élite de la liga, no sólo se merecía una mejor despedida por los servicios prestados a lo largo de los años, sino que era además el capitán y mejor jugador de la unidad. Obtener solamente por él una miserable 7ª ronda porque la alternativa era cortarle, es un bochorno incalificable en todos los aspectos.

Podríamos hablar de las 283 yardas de carrera encajadas (176 por Monangai, un novato de 7ª ronda). De las 53 del QB Caleb Williams, campando a sus anchas sin un vigilante específico. De un pass-rush inexistente, donde de nuevo Stewart quedó inédito pese a salir como titular (el novato de 1ª ronda apenas lleva 6 placajes, solo 1 más que… ¡Ja’Marr Chase!!!). De una cobertura donde Turner el es único que mantiene el tipo. De unos safeties siempre fuera de sitio y absurdamente ineficaces placando. Y en definitiva, de unos entrenadores superados, que ya no saben qué hacer (alinearon al DT Jefferson cuya aportación más notoria fue un holding defensivo).

Pero lo peor de todo fueron las declaraciones indolentes de los jugadores al salir de vestuarios. Todavía se mostraban chulitos cuando tendrían que salir agachando la cabeza. Una muestra más de la incapacidad de los entrenadores para imponer respeto. Y esta vez Taylor no queda inmune. Está demostrando naufragar cuando las cosas vienen mal dadas sin más razón que su incapacidad. Ha atado su futuro a la continuidad de Golden, así que luego no se sorprenda cuando se vayan a la calle de la mano. Esta semana hemos visto el despido de Daboll en los Giants, un equipo asolado por las lesiones, así que no puede haber excusas para un nuevo fracaso consecutivo.

Para el domingo, todo apunta a que nos volverá a faltar Hendrickson (¡cuánto le echamos de menos en el drive final de Chicago!), por lo que no os echéis las manos a la cabeza si Rodgers vuelve a gozar de todo el tiempo del mundo para pasar. Ossai parece el único que conoce el camino hacia el QB, pero no tiene ayuda desde el lado opuesto, donde nuestros edges son bloqueados por cualquiera que tenga dos manos, y Stewart está más en el suelo que en su posición. Tampoco desde el medio podemos esperar nada, en ningún sentido, por más rotaciones que haga Montgomery (a quien ya solo le falta poner a Jackson). Slaton cada vez juega menos, para dar más minutos a Hill y Jenkins, que es exactamente lo que hicimos el año pasado, con el triste resultado por todos conocido.

En la unidad de linebackers, una vez decapitado Wilson, estamos en los brazos (débiles brazos) de Knight y Carter (sólo por curiosidad, esto decíamos de Carter antes del draft). Burks, participando menos de la mitad que Knight, aporta casi lo mismo que él (que no o emocionéis, tampoco es mucho) y Giles-Harris está limitado a los equipos especiales. Volvemos a tener 2 linebackers titulares que apenas rotan, lo que nuevamente nos retrotrae a 2024. No solo no hemos aprendido nada, sino que vamos a peor.

Otro que parece no aprender es Kovacs, el entrenador de safeties. De pasado como entrenador de linebackers, éste es solo su segundo año entrenando safeties. Y se nota. No sabe por dónde le viene el aire. Volvemos a tener la peor pareja de safeties de la liga, y que jueguen todos los snaps me hace pensar que ni Anderson ni Jules mejorarían lo que hay (ni Anthony, que sigue lesionado sin forzar su reincorporación). Este mercado está más activo, y todavía no entiendo por qué no han buscado refuerzos en todo el año. En cuanto a los cornerbacks, parece que los técnicos están volviendo a confiar en TaylorBritt. A ver si realmente conseguimos recuperarle para la causa, porque su presencia es fundamental para no tener que sacar a Daxton Hill del slot, sobre todo en un partido donde se prevén muchos pases interiores a los RBs y TEs.

Así las cosas, en vista del desconcierto del cuerpo técnico, a lo único que podemos apelar es al orgullo de los jugadores (si lo tienen, que lo empiezo a dudar). Es necesario mover el avispero, a ver si sintiendo los titulares que su puesto está en peligro, empiezan a espabilar. Para empezar, dado que Hendrickson probablemente vuelva a ser baja, y se espera que Stewart se pierda de nuevo varios partidos por problemas de rodilla (lo de este chico va de mal en peor), creo que se debería dar la oportunidad a Cedric Johnson en el lado opuesto a Ossai por delante de Murphy o Sample. Igualmente, viendo que somos un coladero por el medio, probar a Jackson como NT para ver si mejora lo que hay o definitivamente hay que cortarle, y dar una oportunidad a Jefferson en el DT, dado que ni Jenkins ni Hill están aportando presión interior.

En la unidad de linebackers hemos subido del equipo de prácticas a Asamoah, lo que debería liberar de trabajo en equipos especiales a Burks y Giles-Harris para que roten más en defensa. Knight y Carter ocupan los puestos más bajos entre los linebackers de la liga, no debería suponer un bajón de calidad reducir su presencia en el campo, y sí un toque de atención. En cuanto a la secundaria, Marco Wilson parece recuperado, y probablemente podría ayudar a Turner en el exterior, incluso liberando a Taylor-Britt por si alguien tuviera a bien encomendarle tareas de safety.

En definitiva, una vez perdida mi fe en los técnicos, solo queda esperar que los jugadores sientan vergüenza del ridículo realizado e intenten corregir sus deficiencias. La mejoría, si viene, tendrá que ser por el rendimiento individual. El colectivo, o estratégico, es a estas alturas prácticamente irrelevante, aunque sería una grata sorpresa encontrar novedades aquí: más blitzes, rotaciones, alternativas de esquemas de marcaje y presión, etc.

De esperpento en esperpento hasta la debacle final. La defensa de los Bengals no es que sea mala, es que es históricamente la peor que hemos tenido jamás. Así es imposible aspirar a nada, con Burrow o sin él. Muchas cosas tendrán que cambiar para próxima offseason, pero lo que no se puede hacer es tirar la toalla, sin intentar mejorar el ridículo de este año (foto: Albert Cesare / The Enquirer)

El rival

A trancas y barrancas, y tras perder 3 de sus últimos 4 encuentros, los Pittsburgh Steelers continúan al frente de la AFC Norte con un balance de 5-4. En el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Entrar en playoffs vía wildcard apunta a ser misión imposible, así que me temo que el único representante en postemporada de nuestra división será su campeón. Por esta razón, los duelos divisionales cobran todavía más trascendencia.

Con los Ravens empezando a despertar y soplándoles en el cogote (ya son segundos con 4-5 y han pasado lo peor de su calendario), los Steelers no pueden permitirse un nuevo tropiezo. Mucho menos, después de haber caído contra pronóstico ante nosotros en el partido disputado en Cincinnati. Si sumamos la ventaja que les da la localía, los duros y fiables que son, y la tradicional rivalidad, se antoja un partido muy complicado para los nuestros.

Tomlin sigue cuestionado, da igual cuándo leas esto. Pero ahí tiene a los suyos, siempre con balance positivo. Nosotros estamos mal (muy mal, diría), pero esta vez, ellos tampoco están mucho mejor. Nosotros somos la última defensa de la liga, pero ellos son la 28ª, y los únicos peores que nosotros defendiendo el pase. Contra la carrera son los 30º, y en ataque tampoco andan tan finos: son la 29ª ofensiva en yardas (nosotros, la 22ª). ¿Qué les hace mantener su posición de privilegio? Pues entre otras cosas, su capacidad para recuperar balones y no perderlos (son 5ºs de la liga con +6, mientras nosotros los 26º con -5).

En ataque están variando su ofensiva a una donde tenga más peso el pase. No es de extrañar, viendo que son los 30ºs en yardas terrestres (aun así, con 8 yardas más de media por partido que nosotros). Este aumento en la proporción de lanzamientos está empezando a exponer las limitaciones de Rodgers. Aun así, aunque la continuidad y el físico pueda decaer, la calidad no desaparece. Habrá que extremar la vigilancia a Metcalf (aquí debería estar Turner, o Taylor-Britt, que es más físico) y Austin que, tras perderse un par de partidos (entre ellos el disputado en Cincinnati) vuelve como su principal pareja de baile. Sin embargo, como en el día del Paycor, sus objetivos prioritarios serán los tight-ends (Freiermuth 111 yardas y 2 TDs, y J.Smith y Washington con 1 TD cada uno anotaron los 4 TDs de los acereros aquella noche). Por tanto, especial cuidado con ellos (quizá Dax Hill por sí solo no sea suficiente y haya que doblar los marcajes en las jugadas con doble tight-end, que serán mayoría).

Los otros jugadores peligrosos como receptores son los runningbacks Warren y Gainwell. Con el primero consolidado como corredor principal, su volumen de recepciones está menguando, mientras que Gainwell prácticamente si aparece por el campo es para recibir el pase. No vamos a encontrarnos con equipos cuyo juego de carrera sea tan deficiente, así que, aunque la defensa contra la carrera sea nuestra mayor debilidad, debemos intentar hacernos fuertes. Sobre todo, cortando las aventuras exteriores y, si corren, que deban hacerlo por el tráfico interior donde podemos limitarlo mejor.

La línea ofensiva está empezando a ser vulnerable. Además, su LT Jones y su LG Seumalo llegan al duelo con molestias. Por desgracia, esto, a nuestra patética línea defensiva le da igual. Rodgers ya no es el QB atlético de sus tiempos mozos, así que, si bien no conseguir el sack (es pedir un imposible a nuestro equipo), al menos, estorbarle lo suficiente como para que no pueda lanzar con precisión (en Cincinnati lanzó dos intercepciones). Siendo perro viejo, no creo que los blitzes le asusten demasiado, así que pondría máxima presión en cobertura, y que nuestra línea defensiva despierte de una puñetera vez.

Su defensa, pese a que los números puedan decir otra cosa, siempre es agresiva y eficaz. Presionan con denuedo, así que, para desactivarlos, Flacco tendrá que soltar el balón muy rápido. Esto implica pases a nuestros tight-ends, o a Chase en el slot, en posición de ganar yardas tras la recepción. Jornada dura para nuestros OT, que deberán evitar penalizaciones. Contra la carrera, su fortaleza es la solidez central, así que, en vez de estrellarnos en estériles carreras por el medio (además, es muy difícil que Perine llegue al partido), mucho mejor correr por fuera (lo que de paso limitará sus ansias de pass-rush).

Otro de los puntos fuertes de nuestro rival son los equipos especiales. Boswell ha convertido 17 de los 20 field-goals que ha intentado, incluyendo uno de 60 yardas. Su punter Waltman no es de los más potentes, pero no permite mucha ganancia al rival. Sus retornos son normalitos, pero muy eficientes en la cobertura.

En definitiva, como siempre, son un equipo muy rocoso, con el agravante de que nos tiene muchas ganas. No vamos a ganarles siendo más duros, sino siendo más inteligentes. Y sobre todo, jugando mejor en los momentos clave del partido, donde sus técnicos demuestran toda la experiencia acumulada.

Pasado ya el ecuador de la competición, da la impresión de que a Rodgers se le empieza a encender el piloto de la batería. Quizá sólo fue una mala noche en Los Angeles, pero debemos aprovechar este estado de incertidumbre de nuestros rivales (foto: AP)

La clave

Todo pasa por nuestra defensa. Si seguimos siendo el coladero de jornadas precedentes, da igual lo buenos que seamos en ataque, o incluso en equipos especiales, donde en el partido contra Chicago, Jones logró su tradicional touchdown anual de retorno, Ossai bloqueó un field-goal y Burks logró la hazaña de recuperar un onside-kick. Si no somos capaces de frenar de manera continuada y consistente al ataque acerero, volveremos a sufrir el doloroso bochorno al que nos están acostumbrando.

Por eso digo que desde el ataque se debe intentar prolongar las posesiones todo lo que se pueda. No para mantener en el banquillo al ataque rival, sino para que nuestra defensa no pise el campo. Así de triste es la situación. Por tanto, mi receta sería pase corto y mucha carrera exterior, con alguna bomba puntual a Higgins o Tinsley si su defensa se nos viene demasiado encima. Y por supuesto, cero riesgos por parte de Flacco. Si la OL se cae, balón al río, nada de heroicidades, aunque Burrow esté a punto de volver (además, Flacco sigue arrastrando molestias en el hombro).

A la defensa no le podemos pedir que pare ni un taxi, pero sí le podemos exhortar a que sea oportunista. Tratar de incomodar a Rodgers y anticiparse a los receptores. Reforzar las alas para que sólo puedan correr por el medio donde, con la ayuda de varios jugadores, espero que no se fallen tantos placajes. Y por descontado, nada de tonterías en forma de taunting o estúpidas faltas personales.

Los Steelers, como es natural, son favoritos para ganar el partido. En este caso, por una diferencia de 5,5 puntos. La misma que le daban para ganarnos en Cincinnati y ya recordáis cómo acabó aquello. Por tanto, yo no le daría demasiada importancia. Es un derbi divisional y nunca hay nada escrito por adelantado. Ya sabemos que estos Steelers-Bengals siempre son especiales. Por tanto, bajo el ojo supervisor de nuestro líder Burrow ya lanzando pases en los entrenamientos y anunciando que si ganamos este domingo la división estaría a nuestro alcance, ¿por qué no ser optimistas y pensar en una doble alegría? Esto es: ganar el partido, y que pierdan los Steelers.

Who Dey hermanos!!!

La única opción de que la defensa pare a los Steelers (o a cualquier equipo, en general), es conseguir robar la posesión. Por esta razón, considero que nuestros defensores deben ser agresivos al atacar el pase para lograr la intercepción, o forzar fumbles a los runningbacks (lo de llegar a Rodgers, eso ya tal)

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